El puerto de Montevideo y el Atlántico sur chino!!!!

Ahora, el presidente Tabaré Vázquez y sus ministros dictaron el 11 de febrero de 2019 el Decreto 54/19, por el que se amplió el Puerto de Montevideo a «las superficies de aguas y álveos entre la Punta Yeguas con la Punta Pedregal y ésta con la Punta Canario y las costas correspondientes entre ambas líneas», que de concretarse la instalación de un nuevo puerto se estaría violando el Art. 85º inciso 9º (habilitar los puertos) que la Constitución Nacional reserva al Congreso Nacional.
La fama de China en la actividad pesquera es ciertamente mala y se le atribuyen la pesca ilegal en las Z.E.E. de los países ribereños. Una docena de países han protestado contra los buques pesqueros chinos por depredación. Creíamos que ya habíamos visto la peor política de nuestras relaciones internacionales con la entonces Banda Oriental que derivó en la independencia de la República del Uruguay. Pero no, muchos años después vino la discusión limítrofe que se resolvió pacíficamente, aunque en forma imperfecta con el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo; llegó también la instalación de la pastera UPM (Ex Botnia), que hay quienes dijeron que no se instaló en Argentina por razones “non sanctas”. Ahora Tabaré Vázquez anuncia otra pastera que estaría en actividad en el 2020 y desemboca en el Río Uruguay y, sobre la que nuestro presidente habría dado el visto bueno. Recordamos todavía, la Disposición 1108/13 de la Subsecretaría de Vías Navegables de Argentina que prohibió los transbordos de las exportaciones argentinas en puertos uruguayos, demostrando, más nuestra incapacidad de actuar en forma sinérgica e integradora, por ejemplo, buscando acuerdos y fuentes de financiación para emplazar un puerto binacional de aguas profundas. Hace tiempo que expresamos nuestra preocupación respecto a la posible instalación de un puerto chino en Uruguay. Ahora, el presidente Tabaré Vázquez y sus ministros dictaron el 11 de febrero de 2019 el Decreto 54/19, por el que se amplió el Puerto de Montevideo a «las superficies de aguas y álveos entre la Punta Yeguas con la Punta Pedregal y ésta con la Punta Canario y las costas correspondientes entre ambas líneas», que de concretarse la instalación de un nuevo puerto se estaría violando el Art. 85º inciso 9º (habilitar los puertos) que la Constitución Nacional reserva al Congreso Nacional. Ello ha dio lugar (o viceversa) a que el Consorcio Chino Shandong Baoma Fishery Group presentara una propuesta para realizar un Megapuerto, en un predio de 28 hectáreas al oeste de Punta Yeguas a 20 km de Montevideo que habría de disponer una zona franca, para facilitar, aún más, las operaciones, de quienes están exentos de todo. Por una rara coincidencia, el lugar a instalarse lleva un nombre muy similar al de Puerto Yegua (Mare Harbour), que usan los buques de la Marina Real Británica en Malvinas y, por supuesto, no es un buen presagio. El presidente del Consorcio Jian Hongjun manifestó en Uruguay que la empresa se llamará Zhogjin Puerto S.A. y la inversión será de unos 250 millones de dólares, pudiendo operar desde este puerto chino, unos 500 buques pesqueros, es decir un número similar al de toda la flota pesquera argentina que opera en el Atlántico Sur. Por cierto, nunca sabremos si serán más, los chinos son expertos en buques mellizos y sus tres mil pesqueros pescan en el mundo en forma ilegal (INDNR). La empresa china (suponemos del Estado), además de ser una experta en gestión portuaria, lo es también en pesca oceánica. Podríamos decir que, para los chinos, es una inversión ideal, en un lugar estratégico, un Estado dentro de un Estado, que les dará cobijo y logística a cientos de buques mercantes y pesqueros, que hacen tráfico con Malvinas o capturan en forma clandestina nuestros recursos en el atlántico sur. Ya sucede ello, en forma alarmante en Montevideo, imaginemos lo que habrá de ocurrir en este puerto privado bajo el monopolio chino y con controles inexistentes de Uruguay y Argentina en el Río de la Plata, la Zona Común de Pesca y el Atlántico Sur. Pero, de las propias declaraciones de Jiang Hongjun, este puerto se dedicará a la “reparación, mantenimiento y suministro de recursos materiales para flotas pesqueras del Atlántico Sur”, es decir le dará apoyo a la flota ilegal que captura en la ZEE Argentina o sobre sus especies migratorias.

Son solo las agrupaciones medioambientales uruguayas las que se oponen al proyecto, y presionan sobre la Junta Departamental, quien debe recategorizar la zona que está tipificada como rural. ¿Y los empresarios portuarios y pesqueros uruguayos y argentinos?

¿Qué harán los rioplatenses cuando por imperio de los Artículos 73º, 74º y 75º del Tratado del Río de la Plata, los buques chinos comiencen a pescar en la Zona Común de Pesca?
¿Los permisos de pesca uruguayos consolidarán la presencia de los chinos en la milla 201?
¿Quién y con qué se controlarán estas capturas que se desembarquen en un puerto privado chino? y,
¿el tránsito, con bodegas y contenedores llenos de capturas subrepticias en la ZEE o adyacente a ésta, o con licencias ilegales británicas de Malvinas?

El sector empresario pesquero debería reaccionar, para oponerse en forma enérgica a la ocupación del Atlántico Sur por parte de estos buques depredadores, entre ellos también los españoles, que subsidiados, extraen sin control, un millón de toneladas anuales por un valor de unos dos mil millones de dólares, compitiendo en el mercado internacional con las empresas argentinas y uruguayas y, depredando los recursos de las próximas generaciones. La política de los armadores pesqueros no debiera limitarse solo a las cuestiones extractivas y comerciales, sino también a las portuarias y, muy especialmente, a los Acuerdos que los distintos gobiernos, sin ningún análisis de sustentabilidad biológica, económica y social, firman con los países desarrollados que explotan en condiciones muy ventajosas nuestros recursos en el Atlántico Sur, atentando contra la ocupación territorial, el desarrollo industrial y la generación de empleo.
¿Qué opinan las Comisiones del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, integrada por funcionarios de ambos países? ¿Y el Consejo Federal Pesquero? y ¿la Cancillería Argentina, que anuncia en el G20 un Acuerdo con China, cuyo contenido, los principales actores de la explotación pesquera desconocen? Un Acuerdo que no fue previamente tratado en el Consejo Federal Pesquero, en el que participa como miembro activo un diplomático de Relaciones Exteriores, ni tampoco por el Congreso Nacional. ¿Y el Canciller?, analiza, sí según el protocolo, corresponde un servicio francés o inglés, y cómo distribuir las copas y los cubiertos. La mesa, está a punto de servirse y, los comensales chinos son de buen comer. Cuando pasen unos años, nadie se acordará de quién era este señor, pero el Atlántico Sur estará ocupado, el caladero agotado como tantos otros mares del mundo y, las empresas argentinas quebradas y los trabajadores sin empleo. Este puerto en la boca de entrada del Río de la Plata no solo ocuparía también un lugar estratégico con relación a la hidrovía, sino que sería un gran foco de contaminación, cuyos efectos serían impredecibles para la región. La fama de China en la actividad pesquera es ciertamente mala y se le atribuyen la pesca ilegal en las Z.E.E. de los países ribereños. Una docena de países han protestado contra los buques pesqueros chinos por depredación, entre ellos Ecuador, Chile, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Corea del Sur, Vietnam, Mauritana, Senegal, Guinea, Sierra Leona, etc. Queda claro que las áreas 87 y 41 de la FAO son de su interés después de haber depredado todo el mundo. No es un país al que se puede abrirse el mar por su asimetría con los nuestros en materia de negociación y, porque sus embarcaciones, no respetan las normas internacionales vigentes ni de los Estados ribereños. Calamar que se duerme lo lleva la corriente. Fuente: mundiario.

Dr. Marcos Sommer’s insight:
La Sostenibiliad es un compromiso ético relacionada con el modo de vida y es un conjunto de pautas fundamentales y de procedimientos sobre la gestión de nuestras actividades en la biósfera. Aún queda mucho camino hasta lograr que la explotación de los recursos pesqueros sea sostenible y respetuosa con el medio ambiente como se propugna en muchos acuerdos internacionales y regionales. Se trata de integrar la ecología, la seguridad económica, el bienestar social, la participación y la responsabilidad. Su contexto histórico es bien conocido y deriva de inquietudes locales, regionales, nacionales e internacionales por asuntos como la deforestación, la desertización de mares y océanos, por la globalización, el racionalismo económico y la distribución de los recursos, y por la salud, el bienestar y el sentido de comunidad.
En concreto, ciertos principios de sostenibilidad han sido ratificados en convenios internacionales como Agenda 21 (Naciones Unidas, 1992) o en estrategias nacionales para el desarrollo sostenible, como las formalizadas en Australia en el Acuerdo intergubernamental sobre el Medioambiente de 1992. Estos principios son:
(1)Integración
(2)Participación Pública
(3)Equidad Intra E Intergeneracional
(4)Precaución
(5)Mejora Constante Y
(6)Mantenimiento De La Diversidad (Tanto Diversidad Cultural Como Biológica o Geológica).
Los principios de sostenibilidad han sido respaldados por un amplio compromiso de décadas con el modelo de desarrollo sostenible de “triple objetivo”. Este modelo es el que analistas, políticos e intereses industriales y comunitarios han adoptado en términos retóricos, pero que han encontrado menos factible para su implementación en términos reales.
La conservación de los recursos marinos puede considerarse según valores intrínsecos e instrumentales. Estos ecosistemas tienen valor por y para si mismos, independientemente de su importancia social, medioambiental o económica para las personas. Pero el valor instrumental de los ecosistemas marinos es lo que suele impulsar la práctica de conservación y los asuntos de gobernabilidad en el caso del Océano Austral. Evidentemente en términos instrumentales, es importante asegurar el mantenimiento a largo plazo de los ecosistemas marinos para disfrutar la inspiración y riqueza.  Sus estructuras y funciones deberían mantenerse lo más cerca posible de su estado imperturbado y no sufrir efectos irreversibles a raíz de un uso continuado ni efectos negativos que eviten la adaptación a presiones naturales.
En términos instrumentales, la sostenibilidad de los ecosistemas marinos implica emitir juicios acerca de la utilización de los recursos marinos y aceptar la noción de límite; sin embargo los valores de utilización no pueden basarse únicamente en conocimientos técnicos o ecológicos y es importante comprender los aspectos de oferta y demanda, producción y consumo, cómo estos sistemas presionan a individuos y grupos para que actúen sin respetar los límites o poniendo en peligro los ecosistemas.
❗Las implicaciones biofísicas, socioeconómicas y culturales de la utilización de los recursos y habitas del Océano Austral son importantes porque juntas definen el clima político en el que deben operar las estrategias de gestión del ecosistema / sistema humano. Por lo tanto, los procesos y los resultados de sostenibilidad dependen de decisiones de gestión y política que son adaptables y responden a la imprevisibilidad de los ecosistemas y las condiciones socioeconómicas. En consecuencia, la sostenibilidad de los ecosistemas marinos trata de consideraciones sociales, culturales y económicas así como de ecología, dinámica de población y conservación.
Los dilemas planteados por la conservación de la merluza negra y de los recursos del Océano Austral influyen en cada uno de los principios de sostenibilidad. Como mínimo, en mantenimiento de la especie y de la diversidad de su hábitat, requiere una integración vertical y horizontal de la política, el ejercicio de precaución y niveles elevados de cultura y conocimientos ecológicos. Este requisito no es abstracto, sino que afecta materialmente a políticos, burócratas y poder judicial, operaciones pesqueras comerciales e industrias relacionadas, ONG, comunidades pesqueras, científicos y consumidores. También exige participación pública en la toma de decisiones y varios niveles de gobierno y control, y a varias escalas espaciales.

De manera significativa, los océanos y los mares abiertos pertenecen al dominio público. Por consiguiente, el objetivo será pasar de la idea de propiedad que tienen las comunidades de interés estrechamente circunscritas por la soberanía o la asociación con el comercio, a la propiedad como responsabilidad, es decir, la idea de preocuparse por regiones que son propiedad común para el beneficio de la humanidad en su totalidad y para el beneficio de la naturaleza y los ecosistemas de los que dependen sus miembros.

La situación actual de las pesquerías mundiales- el 60 por ciento de las principales poblaciones comerciales supervisadas requieren sistemas mejorados o nuevos de ordenación- refleja la necesidad de un mecanismo acertado de gestión. El desafío que se presenta a los gobiernos es como ordenar las pesquerías en una forma que permita el aprovechamiento completo y sostenible de los recursos, junto con la eficiencia económica y una generalización de los beneficios sociales.

Los seres humanos deben reorientar la forma en que ven los ecosistemas, de manera que consideremos su sostenibilidad como esencial para la vida. La adopción de este “enfoque ecosistémico” implica que evaluemos nuestras decisiones sobre el uso de la pesca y los recursos en términos de cómo afecta éste la capacidad de los ecosistemas para mantener la vida, pero no solamente el bienestar humano sino también la salud y el potencial productivo de plantas, animales y sistemas naturales.

Mantener esta capacidad se convierte en nuestra “llave maestra” para el desarrollo nacional y humano, en nuestra esperanza para acabar con la pobreza, en nuestra salvaguardia para la biodiversidad y en nuestro pasaporte hacia un futuro sostenible. Obviamente es difícil saber qué será sostenible en el ambiente físico o político del futuro. Es por ello que el enfoque ecosistémico hace hincapié en la necesidad de contar con buena información científica y con políticas e instituciones sólidas.

La meta de este enfoque es optimizar la variedad de bienes y servicios que producen los ecosistemas marinos, preservando al mismo tiempo su capacidad para generarlos en el futuro. Deberíamos estar plenamente conscientes de que hoy día carecemos tanto del conocimiento científico como de la voluntad política que se necesitan para enfrentar el reto. Si se han de tomar decisiones sólidas relativas al manejo de los ecosistemas marinos en el siglo XXI, es esencial que se produzcan cambios drásticos en la forma en que utilizamos el conocimiento y la experiencia de que disponemos, así como en el tipo de información que tendrá peso en las decisiones que se tomen sobre el manejo de recursos marinos con el fin de satisfacer las necesidades de información detectadas y de impulsar evaluaciones locales y regionales, se requiere una evaluación verdaderamente global e integrada de los ecosistemas marinos mundiales que vaya mucho más allá de nuestro análisis piloto.

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