Archive for the ‘Biodiversidad’ Category

El puerto pesquero chino y su apertura en Montevideo.

23/05/2019

El puerto de Montevideo ha sido desde los tiempos del siglo XIX el puerto de refugio y abastecimiento de los balleneros, posteriormente de los rusos y polacos y contemporáneamente de los coreanos y españoles. China es una superpotencia pesquera y cuenta con la principal flota pelágica del mundo (2571 barcos de altura) de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En la actualidad, ha logrado penetrar en los caladeros más significativos y ha podido ampliar geométricamente la capacidad comercial con la adquisición de importantes holdings pesqueros. Hasta hace dos décadas, la pesca china en el Pacífico y la acuicultura bastaban para abastecer tanto el autoconsumo como la industria de elaborados. Hoy eso ha cambiado. China captura más de un tercio de la producción pesquera del planeta y necesitará duplicar ese resultado para satisfacer las demandas internas de la próxima década. Ese dato, entre otros, proyectan un escenario de gran agresividad. También de complejidad tanto política, comercial como en lo que hace a la sobreexplotación de las poblaciones de peces. La expansión pesquera china se complementa con el establecimiento en distintas regiones geográficas de bases logísticas de mantenimiento de la flota china con la intención de potenciar las extracciones como la producción industrial en zonas francas. La costa atlántica de África muestra un número de proyectos portuarios pesqueros de gran calado con inversiones superiores a los tres mil millones de dólares. Los proyectos de infraestructura pesquera incluyen a Mauritania, Santo Tomé y Príncipe, Guinea-Bissau, Sierra Leona, Namibia, Gabón, Camerún y Angola. Como todos sabemos y según proyectos, próximamente Uruguay se sumaría a ese listado. Esas bases logísticas permiten evitar que los barcos chinos tengan que recorrer 11 mil millas náuticas hasta los puertos de origen para hacer reparaciones, abastecimiento o reemplazo de tripulaciones. No es desconocido que los puertos logísticos juegan un papel estratégico central y son financiados por el Export Import Bank de China (EXIM). También todos los proyectos en ejecución están vinculados a las empresas pesqueras que operan en cada zona. El puerto en Mauritania, por ejemplo, concentrará las actividades que gerencia Poly Hondone Pelagic Fishery, mientras que el puerto de Montevideo, en otro ejemplo, estaría a cargo de la empresa Shandong Baoma Fishery Group, que pesca mayoritariamente en la milla 201 y que en el pasado adquirió licencias de pesca de Malvinas. Esos enclaves pesqueros chinos representan quizás una de las mayores amenazas que enfrentará la pesca a nivel global. Este comentario lo hemos tomado de Infobae de fecha de abril 20 de 2019. El proyectado puerto pesquero chino en Montevideo ha estado siendo negociado y han trascendido más rumores que hechos, pero hasta donde se sabe ya adquirieron en el llamado paraje de Punta de Sayago un predio de unas 30 hectáreas con un frente de tres kilómetros de costa donde piensan instalar una terminal para atender con servicios su flota pesquera operando en áreas cercanas. Por supuesto, esta terminal incluye la instalación de un varadero y taller de reparaciones y posiblemente plantas de frío y depósitos de combustible, por qué no. Dudamos que aquí trabajen uruguayos por razones de costos y rendimiento sino que además por otras razones lo harán los propios chinos. Pensamos que una tripulación o varias de pesqueros chinos en reparación en el varadero no irán a hoteles a fungir de turistas mientras tanto, sino que trabajarán en la terminal. Hasta donde hemos sabido, en la proyectada terminal no habrá zona franca sino puerto libre y no se manejarán pesqueros o cargueros frigoríficos de 50 mil toneladas sino como máximo serán de 15 mil toneladas para el caso que se hagan los trasbordos de pesqueros a los buques oceánicos.

Detalles.

Por nuestra parte, agregamos para enriquecer esta nota de contenido general, algunos datos que para nosotros son fuertemente sorprendentes. China captura dentro y fuera de su país unas 20 millones de toneladas de pescado y el consumo per cápita anual de pescado es de 26 kilos anuales. Tiene una flota pesquera de 25 mil barcos pesqueros de más de 100 toneladas cada uno, y su flota pesquera, suponemos de barcos más pequeños son 220 mil unidades, en la acuicultura producen en lagunas, ríos y tanques casi 3 millones de toneladas anualmente. Todo ello le permite luego de atender su consumo exportar 6.600 millones de dólares de productos pesqueros. La pesca interior son 2.6 millones de toneladas. Y así podríamos seguir asombrando a nuestros lectores con más datos. Por último, China tiene un quinto de la población mundial, captura un tercio de la pesca mundial y dos tercios de la acuacultura mundial. El puerto de Montevideo ha sido desde los tiempos del siglo XIX el puerto de refugio y abastecimiento de los balleneros, posteriormente de los rusos y polacos y contemporáneamente de los coreanos y españoles. Un comentario más: el proyectado puerto chino en Puntas de Sayago, luego de concretado tendrá que pasar por el Parlamento uruguayo para su aprobación. https://negocios.elpais.com.uy

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“Naciones Unidas” radiografía la salud de la Tierra.

14/04/2019

La crisis medioambiental a la que el modelo insostenible de desarrollo del ser humano ha llevado a la Tierra tiene preocupantes caras. El amenazador y transversal cambio climático, la dramática pérdida de biodiversidad, la reducción drástica del agua dulce disponible, la mortífera contaminación del aire, la inundación de plásticos de los mares y océanos, la sobrepesca… El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha radiografiado los principales problemas ambientales del planeta partiendo del conocimiento científico disponible. Las conclusiones del extenso informe −740 páginas− Perspectivas del medio ambiente mundial (GEO, sus siglas en inglés) presentado en abril 2019, son inquietantes.  Lo son por lo que ya le está ocurriendo al planeta (con 7.500 millones de habitantes sobre la Tierra) y por lo que puede ocurrir en un futuro próximo (para 2050 la ONU prevé que sean 10.000 millones de personas y, para 2100, 11.000).

La humanidad no está en la senda para cumplir las metas fijadas para 2030 y 2050 en los distintos acuerdos internacionales sobre cambio climático, desarrollo sostenible y protección medioambiental. “Se requieren medidas urgentes ahora”, sostiene la ONU. El informe –el sexto que se realiza, el primero data de 1997– sostiene que, aunque en algunos puntos concretos hay alguna mejora, desde que se publicó la edición primera hace más de 20 años “el estado general del medio ambiente ha seguido deteriorándose en todo el mundo”. Según el análisis, los esfuerzos de algunos países y regiones se ven entorpecidos por modelos de “producción y de consumo insostenibles” y por el cambio climático.

“Es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”, concluye el informe. La parte positiva es que se conocen las medidas que hay que tomar y que incluso están recogidas en tratados internacionales como el Acuerdo de París o los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Se debe frenar la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, mejorar la gestión del agua y de los recursos, mitigar el cambio climático y adaptase a él, usar los recursos con eficiencia…

Pero lo más negativo es que los diferentes estudios científicos analizados apuntan a que los países no están caminando en esa dirección. La sexta edición del GEO advierte de que las proyecciones indican “que los avances son demasiado lentos para alcanzar las metas, o que incluso progresan en sentido equivocado”.

Por lo tanto, si no se producen los cambios drásticos que se señalan, se incumplirán los objetivos establecidos en el Acuerdo de París contra el cambio climático y los ODS. “La incapacidad constante para adoptar medidas urgentes está teniendo repercusiones negativas sostenidas y potencialmente irreversibles sobre los recursos ambientales esenciales y la salud humana”, señala el informe, elaborado por 250 científicos y expertos de 70 países.

El estudio se ha presentado este miércoles, coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que se celebra en Nairobi (Kenia), de donde se espera que pueda salir algún acuerdo concreto, por ejemplo, para la reducción del consumo de plásticos. Los representantes de los Estados que se sientan a negociar tendrán sobre la mesa esta radiografía de la crisis medioambiental del planeta.

Cambio climático. En riesgo de incumplir el Acuerdo de París.

El problema del cambio climático –para muchos expertos, el gran reto de la humanidad para este siglo− recorre de forma transversal todo el informe de la ONU. “El cambio climático altera los patrones meteorológicos, lo que a su vez produce un efecto amplio y profundo sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad, que pone en peligro los medios de subsistencia, la salud, el agua, la seguridad alimentaria y energética de las poblaciones”, explica Naciones Unidas. Y esto, a su vez, “agudiza la pobreza, la migración, el desplazamiento forzado y el conflicto”, añade.

“Las pruebas del cambio climático actual son inequívocas”, zanjan los expertos. “Desde 1880 la temperatura media de la superficie mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados Celsius aproximadamente. En el último decenio se han producido ocho de los 10 años más cálidos de los que se tiene constancia”, resumen el informe. Los expertos del PNUMA, en línea con lo que ya señaló el IPCC, advierte: “de persistir las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura media mundial seguirá aumentando al ritmo actual y superará entre 2030 y 2052 la meta del Acuerdo de París”, es decir, se superará el 1,5 grados de incremento medio.

Para cumplir París, recuerda el informe, se necesita que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan entre un 40% y un 70% entre 2010 y 2050. Para 2070, simplemente, deberán ser cero. Pero, según resaltan los expertos, cumplir con el Acuerdo de París será más rentable para la economía mundial que no hacerlo. Alcanzar la meta de los dos grados tendrá un coste de 22 billones de dólares (19,5 billones de euros), pero se calcula que los ahorros de salud mundial –por la reducción de las muertes y enfermedades relacionadas por la contaminación de los combustibles fósiles– si se cumple ese objetivo “ascenderían a unos 54 billones de dólares (47,8 billones de euros)”.

Contaminación del aire. Entre seis y siete millones de muertes prematuras.

“La contaminación del aire es el principal factor ambiental que contribuye a la carga mundial de morbilidad”, señala la sexta edición del GEO. “Ocasiona entre seis y siete millones de muertes prematuras” al año, además de “pérdidas anuales en materia de bienestar estimadas en 5 billones de dólares” (4,4 billones de euros). El informe incide en que, en 2016, el 95% de la población del planeta residía en zonas con unos niveles de exposición a las partículas finas (las de menos de 2,5 micras de diámetro y las más peligrosas) por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y advierte también la ONU de que “los impactos económicos por la pérdida de vidas, el incremento de la asistencia sanitaria y la pérdida de productividad de los trabajadores por la contaminación del aire es considerable”. El informe recuerda que el Banco Mundial cifró en 5,1 billones de dólares (4,5 billones de euros) las pérdidas ocasionadas por las muertes prematuras relacionadas con la polución. “El equivalente al PIB de Japón en 2013”, añade el estudio.

El informe de la ONU relaciona directamente la contaminación del aire con el cambio climático. Las soluciones para ambos problemas están en el mismo lugar, en la eliminación de los combustibles fósiles responsables de los gases de efecto invernadero y de los principales contaminantes atmosféricos.

Biodiversidad. Sobreexplotación y pérdida de hábitats.

La biodiversidad –variedad de seres vivos, de especies y ecosistemas- también está en crisis. Se enfrenta a una lucha desigual en la que domina la transformación del suelo, la pérdida y degradación de hábitats, prácticas agrícolas insostenibles, propagación de especies invasoras, contaminación y sobreexplotación. En este listado la ONU incluye la tala ilegal y el comercio ilícito de especies silvestres, un lucrativo negocio que mueve al año entre 90.000 y 270.000 millones de dólares (entre 80.000 y 240.000 millones de euros). Los gobernantes y sus políticas no han estado a la altura para atajar un deterioro que continúa, porque, aunque se aprecia un avance, “se requieren mayores esfuerzos para alcanzar los objetivos internacionales”.

ÁREAS PROTEGIDAS EN EL MUNDO

En 2018. Marítimas y costeras (en azul) y terrestres (en verde)

El descontrol reinante ha desencadenado una importante disminución de las poblaciones de especies. En la actualidad, se considera que el 42% de los invertebrados terrestres, el 34% de los de agua dulce y el 25% de los marinos se encuentran en riesgo de extinción. A los vertebrados terrestres no les va mucho mejor, entre 1970 y 2014 la abundancia de sus poblaciones mundiales se redujo en un promedio del 60%. La diversidad genética, imprescindible para mantener tanto la vida salvaje como la variedad de granos y razas de animales, apunta a la baja y abre la puerta a la amenaza para la seguridad alimentaria, dado que este escenario afecta “de manera desproporcionada” a las personas más pobres, las mujeres y los niños. “Los medios de subsistencia del 70% de las personas que viven en situación de pobreza dependen directamente de los recursos naturales”, concreta el informe.

Los ecosistemas arrastran una disminución semejante. De cada 14 hábitats terrestres, 10 han experimentado un descenso en la productividad de la vegetación y la mitad de las ecorregiones se encuentran en situación desfavorable de conservación. Como claros ejemplos, la ONU señala el colapso del mar Aral o los bosques de musgo nudoso en la isla de Lord Howe (Australia) y los bosques de Gonakier (Senegal y Mauritania), en peligro crítico. Las zonas protegidas no llegan al 15% de los hábitats terrestres, incluidas las aguas interiores, y al 16% de las zonas costeras y marinas dentro de las jurisdicciones nacionales.

Océanos y costas. El 75% de la basura marina es plástico.

Los principales enemigos de océanos y costas son el calentamiento global, la acidificación del agua (por la captación de CO2), la contaminación marina con los plásticos en el primer puesto, y su uso creciente para la producción de alimentos, junto con el transporte, los asentamientos y la extracción de recursos. Ecosistemas marinos como los arrecifes de coral están siendo devastados y se enfrentan a una decoloración masiva ocasionada por el calor crónico que ya afecta al 70% de estas superficies en el mundo. La Gran Barrera de Coral australiana es una de las más perjudicadas con más del 50% de su extensión afectada, mientras que los manglares han perdido entre el 20% y el 35% de su área de distribución desde 1980. El valor de los arrecifes de coral se estima en 29.000 millones de dólares anuales (25.700 millones de euros), por su repercusión en la pesca, el turismo, la salud y los hábitats marinos. La situación es tan grave que la ONU sostiene que los Gobiernos deben prepararse para “una drástica disminución cuando no un colapso” de las industrias y los servicios basados en estos ecosistemas.

A todo ello se le añade la basura marina, compuesta en un 75% por plásticos y microplásticos que vagan sin control y a cualquier profundidad por los mares. Cada año, recuerda el informe, ocho millones de toneladas de materiales plásticos acaban en los océanos. Y, a su vez, esos plásticos desprenden sustancias tóxicas que se acumulan en la fauna marina y que pueden llegar al hombre “afectando a la fertilidad masculina y femenina, así como al desarrollo neurológico infantil”.

De no tomarse medidas, avisan los científicos, existe un gran riesgo de que se combinen todos los factores causantes del deterioro de los ecosistemas marinos para producir un “ciclo destructivo” que desemboque en que los océanos dejen de prestar servicios vitales como medios de vida, ingresos o beneficios para la salud.

Agua dulce. Competencia entre el consumo humano y la agricultura.

La reducción de la disponibilidad del agua dulce unida a sus malas condiciones aumenta la competencia por este recurso, señala el informe de la ONU. “La calidad del agua ha empeorado significativamente desde 1990, debido a la contaminación orgánica y química ocasionada por, entre otros, agentes patógenos, fertilizantes, plaguicidas, sedimentos, metales pesados, desechos plásticos y microplásticos”. Además, uno de cada tres habitantes del mundo “no tiene aún acceso a servicios de saneamiento adecuados”.

AGUA UTILIZADA PARA LA AGRICULTURA

Respecto a la cantidad disponible, el análisis apunta a que “la agricultura utiliza en promedio el 70% de los recursos de agua dulce” del mundo. Pero en muchos de los países más pobres, “esa cifra llega al 90%”. La ONU insta a mejorar “la eficiencia de la utilización del agua en la agricultura y, al mismo tiempo, producir más alimentos y utilizar menos insumos”. “Muchos acuíferos se están agotando rápidamente por el exceso de extracción de agua para el riego, el consumo de agua potable y los usos en la industria y la minería”, detalla el GEO.

La situación de los humedales también es preocupante y se advierte de que han desaparecido desde 1970 el 40% de estos ecosistemas, que son clave en la lucha contra el cambio climático. Y culpa al desarrollo de la agricultura, la urbanización, las infraestructuras y la explotación excesiva de los recursos hídricos.

El suelo. La desertificación amenaza a las zonas más deprimidas

La ONU considera que es probable que la degradación de la tierra se agrave mientras no exista un marco de políticas de gestión nacional e internacional, lo que podría acelerar la migración en algunas regiones. Se estima que en 2050 unos 4.000 millones de personas vivirán en tierras desertificadas, sobre todo en regiones deprimidas de África o sur de Asia. La deforestación, que se ha ralentizado algo pero sigue avanzando, se presenta como otro de los principales retos, junto con las aglomeraciones urbanas, que en 2015 representaban un 7% de la superficie terrestre mundial.

La agricultura y la ganadería suponen uno de los principales impactos. La obtención de alimentos utiliza el 50% de la tierra habitable y el 77% de las zonas agrícolas se destinan a la producción de piensos, los pastizales y el pastoreo para la producción de carne. Para alimentar a los 10.000 millones de personas que se prevé poblarán el mundo en 2050 se necesitará un incremento del 50% en la producción de alimentos. En la actualidad, el 33% de la comida se pierde o se desperdicia, sobre todo en los países desarrollados. El informe aconseja adoptar dietas con menor consumo de carne y reducir esos desechos. También existen oportunidades que “podrían generar beneficios para el ecosistema de miles de millones de dólares”, siempre que se modifique la gestión de la tierra y se consiga almacenar el carbono, reducir la contaminación o controlar la erosión.


Fuente: El País

Jabones, champú y pasta de dientes en los oceanos.

04/04/2019

Debemos reflexionar que productos de jabones, champú y pasta de dientes usamos en casá.
La revista Environmental Science and Technology  publicó un artículo firmado por científicos de siete universidad e instituciones de Estados Unidos en el que defendían la prohibición y uso de microesferas de plástico, en productos de uso cotidiano como la pasta de dientes y los exfoliantes, a causa de los graves problemas ambientales que generaban sus residuos. El equipo encabezado por Chelsea Rochman, de la Society for Conservation Biology sostienen también su prohibición alegando que “es la mejor manera de proteger la calidad del agua, la vida silvestre y los recursos naturales”. “Nos enfrentamos a una crisis ambiental a causa de los residuos de plásticos sin ser conscientes de que el problema puede empezar con el simple hecho de cepillarse los dientes”, afirma la coautora del estudio Stephanie Green, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Estatal de Oregón. “Hemos demostrado en diversos estudios que los microplásticos de tamaño y forma similar a las microesferas de algunas pastas dentífricas pueden transferir contaminantes a los animales y causar efectos tóxicos”, indicó Chelsea Rochman.
Otro studio de las aguas del lago Erie, al norte de Estados Unidos, lanzó un preocupante resultado: las muestras tení­an una gran cantidad de partí­culas microscópicas de plástico. Eran microplásticos, trozos de plástico de menos de 1mm hay científicos que consideran todos aquellos menores de 5mm, que se han convertido en un importante problema de contaminación porque no pueden ser eliminados en los procesos de tratamientos de agua utilizados normalmente.
Pero ¿ de dónde salen estos microplásticos? La mayorí­a de nuestros baños, de cientos de productos cosméticos que utilizamos cada dí­a y cuyos restos desechamos a través del desagí¼e. Los más problemáticos son los productos abrasivos como limpiadores faciales, jabones, champú y pasta de dientes, que han cambiado los componentes naturales exfoliantes por plásticos debido a su menor precio. En algunos productos se etiquetan como microperlas, aunque en la lista de ingredientes aparecen generalmente como “polietileno” o “polipropileno”.
Estas partí­culas son especialmente problemáticas en el medio marino, donde pueden ser fácilmente confundidas con comida por ciertas especies. Aún se sabe poco de los efectos que pueden tener estos microplásticos en la cadena alimentaria y si la contaminación puede llegar a etapas elevadas de la cadena, como los peces que consumimos, y afectar, por tanto, de forma directa al ser humano. Se cree sin embargo que estos microplásticos pueden dañar el sistema endocrino de las especies que los ingieren, incluidos los humanos. Así­, por ejemplo, el estudio Invisible plastic particles in seawater damaging to sea animals. (ScienceDaily), elaborado por la Universidad danesa de Wageningen encontró que los mejillones que estaban expuestos a estas partí­culas comen menos y que, por tanto, crecen menos.
La Campaña Mundial contra las Microperlas en Cosmética ha lanzado una aplicación para identificar si los productos que utilizamos utilizan microplásticos. Según la misma campaña, varias empresas han reaccionado ya a las crí­ticas y han anunciado que abandonarán este compuesto.

Contaminación de ríos Santa Lucía y Uruguay

20/03/2019

Primeras evidencias científicas sobre contaminación de ríos Santa Lucía y Uruguay
Investigaciones recientes en ambas cuencas detectaron la presencia de xenoestrógenos y citotoxicidad asociadas con múltiples fuentes de contaminación.


Se denominan xenoestrógenos o disruptores endócrinos a compuestos diseñados y desarrollados por el ser humano que, al imitar o alterar el efecto de las hormonas, pueden enviar mensajes confusos al organismo ocasionando diversas disfunciones. Todos estamos expuestos a sustancias químicas que pueden alterar nuestro sistema hormonal y causar numerosos problemas de salud de efectos irreversibles.
Un disruptor endócrino u hormonal (EDC en inglés, Endocrine Disrupting Chemicals) es una sustancia química ajena al cuerpo humano o a la especie animal, capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos de una especie. Es decir, de generar la interrupción de algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual o normal.
A su vez, citotoxicidad es la cualidad de algunas células para ser tóxicas frente a otras que están alteradas. Es uno de los mecanismos de ciertas células del sistema inmunitario para interaccionar con otras células y destruirlas. Son sustancias tóxicas que pueden estar involucradas en la inmunidad o contenidas en venenos.
Habitualmente, cuando se considera la contaminación y sus fuentes se suele hablar solo del fenómeno a simple vista y sus efectos inmediatos sobre el medio ambiente y la salud humana. Sin embargo, existen otras formas y fuentes de contaminación, que son invisibles y de largo plazo, que pueden ser mucho más peligrosas.
El empleo de sustancias que actúan como disruptores endócrinos en numerosos procesos industriales y productos domésticos ha llevado a su dispersión en el medio ambiente. El medio acuático es uno de los más sensibles a la contaminación y a la alteración de organismos y sistemas por estos compuestos.
Por disruptores endócrinos (EDC) se alude normalmente a sustancias que pueden provocar infertilidad o cambios de sexo en peces e invertebrados. En humanos no tienen un efecto tan radical, pero afectan la fertilidad y pueden provocar pequeñas alteraciones como genitales ambiguos o testículos que no bajan al escroto.
Entre los disruptores endócrinos se encuentran hormonas, pesticidas, compuestos usados en la fabricación de plásticos y artículos de consumo, así como subproductos y residuos industriales contaminantes. Su carácter persistente y facilidad de difusión les hace estar distribuidos por todo el planeta, más allá de divisiones geográficas.
La Unión Europea ha identificado unas 680 sustancias con efectos disruptores, entre las que se encuentran: dioxinas, furanos, bifenilos, policlorinados (PCBs), numerosos plaguicidas, hexaclorobenceno, ftalatos, alquilfenoles, bisfenol-A, entre otros.
La ciencia ha demostrado la vinculación de estas sustancias con infertilidad, obesidad, malformaciones y cáncer de órganos reproductores masculinos y femeninos, mala calidad del esperma y endometriosis, entre otras afecciones. En nuestro país, estudios recientes aportan evidencia sobre ECDs en dos de los ríos mayores. Fufente: Víctor L. Bacchetta (SUdestada).

El timo del sushi que comes: no es el pescado que te dan

20/03/2017


Los estudios revelan que en ocasiones las especies que se anuncian no son realmente las que se sirven, un fraude que afecta también a otros productos del mar.
¿Apetece un poco de sushi? El pescado crudo al estilo japonés se despacha hoy en innumerables restaurantes y tiendas de alimentación. Sus muchos adeptos pueden elegir entre distintos modos de preparación y diversos tipos de materia prima, como varias especies de atún, jureles, salmón, pargo rojo o fletán. Pero ¿podemos estar seguros de que el pez que comemos es realmente el que debería ser?

Posiblemente algunos pensarán que su fino paladar lo detectaría de no ser así. Pero tal vez se equivoquen, dado que este caso es mucho más frecuente de lo que podríamos sospechar. La última prueba de ello acaba de publicarse en la revista Conservation Biology y es fruto del trabajo de un equipo de investigadores de las Universidades de California en Los Ángeles (UCLA), de California en Santa Bárbara y de Loyola Marymount, todas en EEUU.

El estudio es uno de los más completos elaborados hasta la fecha, ya que en lugar de tomar muestras de forma puntual, los autores llevaron a cabo un seguimiento durante cuatro años, de 2012 a 2015, en 26 restaurantes y tres tiendas de alimentación de alta gama del área de Los Ángeles. En total reunieron 364 muestras de sushi de diez variedades de pescado diferentes. Para el proceso de toma de muestras, contaron con la ayuda de casi 300 estudiantes de biología marina de la UCLA.

Los estudiantes debían acudir a los establecimientos elegidos, pedir una ración de sushi, recoger una pequeña muestra con unas pinzas y conservarla en un vial para su examen posterior en el laboratorio. Para analizar las muestras se empleó la técnica llamada DNA Barcoding, o código de barras de ADN, un procedimiento muy utilizado actualmente para la identificación de especies que consiste en leer un gen mitocondrial (los situados fuera del núcleo de la célula y de los que existen múltiples copias), habitualmente el de una molécula llamada subunidad 1 de la citocromo c oxidasa (COI). La secuencia de la COI permite diferenciar las especies entre sí.
Ni rastro de pargo rojo y fletán

Los resultados del estudio son sorprendentes: el 47% de las muestras de los restaurantes y el 42% de las de los comercios contenían un pescado diferente al anunciado. El fraude afecta a todos los establecimientos, pero no a todas las especies por igual: mientras que el salmón y la caballa o el verdel (en inglés mackerel, género Scomber) eran auténticos en una mayoría de casos, pero no en todos, los errores eran más frecuentes en el jurel japonés o hamachi (yellowtail, género Seriola) y el atún de aleta amarilla (yellowfin tuna, Thunnus albacares). Sólo el atún rojo cumplió en el cien por cien de los casos. Curiosamente, en el otro extremo quedaron el pargo rojo (red snapper, Lutjanus campechanus) y el fletán (halibut, género Hippoglossus): ni una sola de estas muestras era realmente pargo rojo o fletán.

Tampoco todos los engaños son igual de graves. De las 48 muestras de atún, todas excepto una contenían atún, pero de una especie diferente a la anunciada. Más alarmante es el caso del pargo rojo y el fletán: las muestras correspondían a varias especies de lenguados, entre ellas el lenguado japonés (Paralichthys olivaceus), que según el estudio ha causado “brotes descontrolados de gastroenteritis en Japón” por la presencia de un parásito.

Los autores destacan también que la sustitución de una especie por otra puede introducir pescados con mayores niveles de sustancias tóxicas como el mercurio. Pero además del fraude al consumidor y de los posibles riesgos para la salud, el estudio subraya una tercera consecuencia, y es la posibilidad de que las preparaciones de sushi incluyan especies sobreexplotadas o amenazadas, burlando las regulaciones que tratan de conservar la buena salud de las pesquerías.

El resumen del director del estudio, Paul Barber, es que “la mitad de lo que compramos no es lo que pensamos”. Y por si alguien piensa que esto sólo afecta a los habitantes de Los Ángeles, que abandone la idea. Aunque el estudio no investiga en qué momento de la cadena de distribución se introduce el error, Barber y sus colaboradores sospechan que al menos en ciertos casos es deliberado; pero que los culpables no están en los restaurantes o tiendas, sino tal vez en origen, antes de la exportación del pescado a muchos países del mundo.

De hecho, los autores han reunido también datos de estudios previos en diversos países que apuntan hacia un problema generalizado, aunque las tasas de fraude detectadas en Europa suelen ser menores que en EEUU. “Podría ser que el número de especies que pueden venderse bajo distintos nombres específicos de mercado sea mayor en la Unión Europea que en EEUU, o que en Europa los controles de importación o de cadena de custodia sean mayores”, apunta Barber a EL ESPAÑOL.

Sin embargo, los datos varían mucho de unos estudios a otros: en Europa, una investigación encontró niveles de fraude con la identificación del pescado en torno al 5% en varios países, pero en Irlanda se han detectado errores hasta del 25%, y en Italia de hasta el 77%. El autor principal del estudio, Demian Willette, señala a EL ESPAÑOL que para poder comparar unos estudios con otros se necesitaría “un esfuerzo coordinado para tomar muestras de los mismos pescados, de la misma manera, a lo largo del mismo período durante varios años”.
Gato por liebre, en versión marina

En España ya existen investigaciones sobre la autenticidad de algunos alimentos marinos. Por ejemplo, un estudio publicado el pasado julio por la Universidad de Oviedo revelaba que el 15,2% de los crustáceos (como los langostinos) y moluscos (como la sepia) analizados eran en realidad otro animal diferente, en algunos casos especies que no deberían consumirse por la escasez de sus poblaciones. Otro estudio detectó un 20% de errores en el etiquetado de 11 especies de merluzas.

Este último caso ilustra uno de los problemas más complicados de resolver: tener la seguridad de que no nos dan gato por liebre cuando el pescado se presenta en filetes u otras preparaciones procesadas que no nos permiten observar directamente el animal de partida. Esto mismo ocurre con el sushi y el sashimi, pero también con otros productos como el surimi, esas barritas de pescado tan populares en ensaladas y guisos.

Los expertos como Barber y Willette concluyen que el nivel de fraude podría reducirse con regulaciones más estrictas y una mayor vigilancia. Pero hay otra posibilidad que tal vez algún día nos ofrezca un mayor control a los consumidores sobre lo que compramos y comemos. Varios investigadores trabajan en el desarrollo de aparatos portátiles de DNA Barcoding que puedan utilizarse para comprobar in situ si lo que se anuncia es lo que se vende. “No tengo ninguna duda de que estos aparatos llegarán”, afirma Barber.

Willette apunta que “a corto plazo, este tipo de tecnología puede llegar primero a las agencias y departamentos encargados de vigilar nuestra comida, y tal vez a los proveedores de alimentos”. Pero añade que después podríamos tenerla en nuestros bolsillos: “quizá como un dispositivo adicional y una app para el teléfono móvil; ésta sería una poderosa herramienta para el consumidor”.
Fuente: http://www.elespanol.com/