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Se aprobó normativa que define el desarrollo sostenible y regula las actividades en la faja costera.

05/07/2019

El proyecto de Directriz Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible del Espacio Costero del Océano Atlántico y del Río de la Plata, fue aprobado este miércoles 3 de julio en el Parlamento. La normativa definirá los permisos de construcción de viviendas e infraestructura pública y habilitará emprendimientos turísticos de manera más realista y en función de las características de cada zona, explicaron las autoridades.
Un nuevo instrumento de política pública para el cuidado y la gestión planificada de las costas uruguayas fue aprobado por el Parlamento, lo cual supone un salto cualitativo en la protección de las costas que estimula la coordinación y cooperación público-privada.
Se trata de la Directriz Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible del Espacio Costero del Océano Atlántico y del Río de la Plata, aprobado este miércoles 3 de julio, según informó el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.
El proyecto determina la accesibilidad y el uso público de las playas y costas, al legislar sobre esta área tan valiosa. “Esta es la primera norma nacional que sienta de manera explícita el carácter y acceso público a todas las playas del país”, señaló el director nacional de Ordenamiento Territorial, José Freitas.
Con la normativa se da respuesta a un problema de aplicación de la protección costera, ya que establece que se podrá extender la faja de defensa, definida por el Artículo 153 del Código de Aguas, hasta el límite de los componentes vulnerables de los ecosistemas identificados en cada uno de los planes y proyectos.
“Ahora la demarcación de la zona de protección costera deja de ser una franja estática y formal y comenzará a ser definida de manera más realista, en función de las características específicas de cada zona, así como a cada uso o proyecto propuesto”, dijo Freitas.
A modo de ejemplo, el jerarca indicó que en los casos en que las dunas o cárcavas se extiendan tierra adentro más allá de los 150 o 250 metros, los permisos de ocupación del suelo costero deberán respetarlas como características naturales del paisaje de ese lugar.
La normativa promueve el desarrollo en consonancia con la protección de la costa, teniendo en cuenta que el espacio costero constituye un recurso natural limitado y un bien común para la sociedad, que se encuentra sometido a abusos y presiones, como el turismo, el sector inmobiliario y la infraestructura, como rutas, ramblas, estacionamientos, puertos, muelles, equipamientos comerciales y deportivos.
Así, ese texto, una vez promulgado, será considerado en la planificación de nuevas urbanizaciones, grandes infraestructuras y equipamientos que se implementen en ese ámbito e introducirá un escenario de reglas bien claras de cómo actuar respecto de la costa.
Especialmente, de sus componentes vulnerables, como playas, dunas, lagunas, barras, cuencas, desembocaduras, deltas, humedales, barrancas, costas, puntas rocosas y sitios arqueológicos, entre otros, para lograr un mayor grado de protección.
Asimismo, se busca evitar el continuo urbanizado a lo largo de la costa, se propone alternar los centros urbanos densos con áreas de baja intensidad de uso y con espacios naturales que permiten esa dinámica de los ecosistemas costeros, por ser un contexto de alta vulnerabilidad ante el cambio climático.
Esa ley será complementaria del conjunto de normas vigentes que intervienen sobre la costa, en especial, la Ley N° 18.308, de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible, y la N° 16.466, de Evaluación de Impacto Ambiental, así como el Código de Aguas.
Fuente: Maldonado Noticias

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Resuelven el misterio de los agujeros en el hielo antártico

29/06/2019

Antarctic offshore polynyas linked to Southern Hemisphere climate anomalies
Campbell E.C., Wilson E.A, Moore G.W.K., Riser S.C., Brayton C.E., Mazloff M.R. & Talley L.D. Nature 570, 319–325 (2019)

Las temperaturas en el océano antártico se mantienen en torno a los -30ºC durante el invierno. Sumergida en seis meses de oscuridad, esta región que rodea la Antártida se convierten en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, con vientos huracanados que soplan durante las 24 horas. Y a pesar de este frío extremo, de vez en cuando aparece una enorme zona del océano que permanece sin congelar, a veces durante varios años. Entre 1974 y 1976, por ejemplo, los satélites detectaron un enorme agujero al sur de Nueva Zelanda que estuvo abierto durante tres inviernos. En agosto de 2016, la NASA detectó un agujero de 33.000 kilómetros cuadrados que estuvo abierto durante tres semanas. Y un agujero aún mayor, de 50.000 kilómetros cuadrados, estuvo abierto entre septiembre y octubre de 2017, inquietando a la comunidad científica sobre sus posibles causas.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha conseguido analizar por primera vez el conjunto de factores que desencadenan la formación de estos agujeros en el hielo conocidos como polinias (por el término en ruso polynya). En un trabajo publicado este lunes en la revista Nature, el equipo de Ethan Campbell utiliza los datos recogidos desde hace décadas desde el satélite junto con las mediciones hechas en el terreno por boyas robóticas e incluso elefantes marinos equipados con sistemas de registro para explicar el fenómeno que se produce en el mar de Weddell.

“Pensábamos que estos enormes agujeros en el mar helado eran algo raro, quizá un proceso que había dejado de suceder”, asegura Campbell. “Las observaciones demuestran que las polinias recientes se abrieron por una combinación de factores – una de ellas las condiciones oceánicas inusuales y la otra una serie de tormentas muy intensas que soplaron sobre el mar de Weddell con fuerzas casi como las de un huracán”. Estos agujeros en el hielo se suelen producir cerca de la costa antártica si el viento separa el hielo de la parte continental. Durante el tiempo que permanecen abierto se convierten, además, en una especie de oasis para la vida, donde pingüinos, focas y ballenas pueden emerger para respirar.

Los movimientos del agua provocan un círculo vicioso que impide la formación de hielo

Aunque se habían publicado estudios anteriores que hablaban de la influencia de los ciclones en la formación de estos agujeros, en este trabajo se ofrece un análisis más completo en el que se tiene en cuenta el papel que juegan otras circunstancias. Los autores han observado, por ejemplo, que la existencia de una elevación submarinaconocida como Maud Rise provoca que el agua más densa se concentre alrededor y que se produzca un vórtice ascendente. Dos de los instrumentos de medición utilizados permanecieron atrapados en este vórtice y recogiendo información durante años. El análisis indica que cuando la superficie del océano está especialmente salada, como sucedió en 2016, los fuertes vientos pueden inducir un ciclo de circulación del agua. El agua más templada y salada de las profundidades es elevada hacia la superficie donde se enfría, se vuelve menos densa y vuelve a bajar, lo que provoca un círculo vicioso que impide la formación de hielo.

Esta es la primera vez que se observa que incluso agujeros relativamente pequeños, como el de 2016, mueven el agua de la superficie hasta los fondos del océano. “Esencialmente es como si el océano entero se diera la vuelta, más que una inyección de agua de la superficie en un solo viaje hasta las profundidades”, indica Earle Wilson, coautor del estudio. “Este trabajo muestra que la “polynya” tiene su origen en una multitud de factores que se tienen que dar a la vez para que suceda”, añade Stephen Riser, otro de los oceanógrafos que han participado en el análisis. “En un año cualquiera puedes tener muchos de estas cosas sucediendo, pero a menos que se cumplen todas no tendrás una polynya”. Uno de los asuntos más interesantes es conocer qué influencia tienen estos cambios en la circulación oceánica global y el papel que juega el cambio climático. Por un lado, el aumento del deshielo aporta una fuente de agua dulce menos densa que significaría la presencia de menos agujeros en el futuro, pero este trabajo indica lo contrario, que a medida que los vientos antárticos se hagan más intensos se formarán más agujeros y no menos. Por otro lado, al jugar los mares antárticos un papel clave en el ciclo del carbono del planeta, se teme por el efecto que pueden tener estos agujeros temporales en las aguas profundas y de ahí a las corrientes globales y la atmósfera. “Esta reserva profunda de carbono lleva cientos de años encerrada y mediante las polinias podría fintarse hacia la superficie”, concluye Campbelll. “Una gran emisión de carbono podría impactar realmente en el sistema climático si sucediera durante muchos años seguidos”.

Materials provided by University of Washington. Original written by Hannah Hickey. Note: Content may be edited for style and length.

China y Uruguay firmaron acuerdo sobre oceanografía; montar un laboratorio en un barco de la Armada solucionará “cuello de botella”.

22/05/2019

Los trozos de hielo se cortan en grandes bloques del río congelado Songhua para montar enormes esculturas. Las heladas obras de arte atraen cada enero a un millón de personas a la ciudad de Harbin, al norte de China. Con más de cinco millones de habitantes, es un lugar de fuerte influencia rusa y su población creció a partir de que en el siglo XIX ingenieros constructores de uno de las ramales del tren transiberiano se instalaron allí. Hasta el lugar llegaron en abril representantes uruguayos de la misión oficial a China, para tratar temas de educación y ciencia. A Harbin fueron para hablar de temas de economía azul. Azul, no verde. Es la que reconoce la importancia de los océanos y mares como fuentes de recursos que mueven la economía. En intercambios previos, el presidente Tabaré Vázquez y su par chino, Xi Jinping, habían coincidido, desde la asociación estratégica de 2016, en que el desarrollo de la economía azul era de mutuo interés. Ahora, durante la gira por China que culminó a fines de abril, la delegación acordó crear un laboratorio conjunto que tendría sede en el Centro Universitario Regional Este de la Universidad de la República (CURE), en Maldonado.
También quedó sobre la mesa un proyecto para adaptar al barco ROU 04 para que pueda hacer tareas de investigación en el mar. Del viaje participó la ministra de Educación, María Julia Muñoz, el vicerrector de la Universidad de la República (Udelar), Álvaro Mombrú, el secretario de Ciencia y Tecnología, Eduardo Manta, y autoridades de varias instituciones. Uruguay tiene más superficie marina que terrestre (350 millas marinas) desde que en 2016 se le autorizó una extensión de su territorio. Pero tiene una debilidad: el conocimiento que posee sobre esta enorme porción de mar que le corresponde. “Queremos estudiar cómo no depredar las especies. En esto los chinos están teniendo especial cuidado porque estuvieron al borde, y ahora están cuidado mucho la reproducción de los peces. Vázquez tomó la preocupación porque tenemos el triple de superficie marítima que la terrestre y es una fuente de recursos muy importante y no bien estudiada: para saber cómo no depredar, saber qué pescas, en qué época, cómo, con qué, estudiar las algas, el plancton, todo lo que se puede transformar en alimento”, dijo Muñoz a Búsqueda. El viernes 12 de abril, Muñoz le presentó a las autoridades de la Universidad de Ingeniería de Harbin un proyecto de cooperación que busca la transformación del buque nacional ROU04, para funcionar como Laboratorio de Oceanografía. Como resultado de las conversaciones firmaron un memorándum de entendimiento para el área de oceanografía entre la universidad china y la Udelar. Fue una firma “entre dos candidatos a trabajar desde el punto de vista académico en esta transformación”, explicó Mombrú a Búsqueda, y destacó que esa universidad es muy fuerte en la construcción de equipos navales e incluso drones submarinos. Por iniciativa de Vázquez, un grupo de trabajo se reúne desde 2018 para preparar un plan de desarrollo y líneas sobre cómo abordar el desafío de la ampliación del mar territorial. “Para poder desarrollar prácticas de uso racional, de prospección, de pesca, necesitas líneas de base, parámetros físicos, químicos y biológicos de tu jurisdicción. Eso en Uruguay en parte está hecho, pero falta una parte de la foto”, dijo a Búsqueda Juan Cristina, exdecano de la Facultad de Ciencias. “A Uruguay le hace falta tener una plataforma; es un cuello de botella para el desarrollo de la oceanografía. Sin barco, estamos fritos”, afirmó. En 2014, Cristina comenzó a llamar la atención sobre la necesidad de “llenar enormes agujeros” de información en el mar (Búsqueda Nº 1.793). En 2016 surgió la oportunidad de lograr un acuerdo con la Universidad de San Pablo, que tiene sus barcos de investigación, pero no se concretó. “Siempre insisto” con la necesidad de tener laboratorios de oceanografía en un barco, aún más después de reclamar las 350 millas de soberanía, y “ahora se dio con la cooperación china”, celebró Cristina. Durante las conversaciones, los chinos llegaron a plantear a Uruguay la propuesta de crear una universidad específicamente para abordar el tema oceanográfico (una disciplina muy cara), algo que Uruguay descartó y definió que aprovecharía las instituciones que ya tiene y que están vinculadas al tema, como la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos y la Udelar. En este tema también podrá participar la Marina, que tiene una flota de barcos que podrían permitir estudiar el fondo del mar territorial uruguayo. Consultado por Búsqueda, Manta aclaró que el barco continuará cumpliendo sus funciones en la Armada. La idea es aprovechar cuando la embarcación entre a dique con el objetivo de realizar tareas de mantenimiento, para montar allí un laboratorio y aprontar camarotes para que se alojen científicos durante los recorridos, que llegan a lugares tan extremos como la Antártida. “La ampliación del mar territorial requiere articular las capacidades de infraestructura e investigación en oceanografía y costa”, destacó Manta. El martes 7, durante el Consejo Directivo Central de la Udelar, Mombrú repasó los logros del viaje en el área de la oceanografía, y habló del convenio bilateral para transformar parte del buque uruguayo ROU04 como laboratorio móvil de estudio oceanográfico y antártico. En ese momento, la decana de Ciencias Mónica Marín levantó la vista y alzó las cejas, como sorprendida por lo que escuchaba. Consultada por Búsqueda, Marín dijo que desconocía detalles de la propuesta y que se había enterado de primera mano en ese instante. Ello a pesar de que es la Facultad de Ciencias la que tiene un departamento para la investigación en esta área y trayectoria en el país en la formación de oceanógrafos. Sin embargo, en los últimos años la descentralización llevó a que estos temas sean prioridad para el CURE.

Laboratorio conjunto

“China está muy interesado en tener un laboratorio para el desarrollo de la economía azul. Hay que enviarles el proyecto pero tienen mucho interés”, dijo Muñoz. “Surgió porque, en una de las comisiones, China planteó cómo estudiábamos nosotros la pesca y la depredación que hacíamos, porque Uruguay tiene el triple de superficie marítima que terrestre, y afirmaron que había que estudiar esos recursos”, explicó. “China tiene un desarrollo en áreas que a Uruguay le importan mucho”, destacó la ministra. La propuesta es, en los próximos dos años, avanzar para lograr un laboratorio conjunto de oceanografía con la Udelar en el que participará el Cure. Eso incluye acuerdos bilaterales, intercambios y becas. El 18 de abril, durante la visita de las autoridades uruguayas a la Universidad de Oceanografía de Qingdao, la Udelar firmó con esa institución un memorándum de entendimiento para la cooperación en oceanografía que permitirá el intercambio de científicos, profesionales y estudiantes. La estación uruguaya en la Antártida es vecina de la de China, un trayecto de unos 25 minutos por un sinuoso terreno los distancia. Que Uruguay tenga capacidad para fortalecer su investigación en oceanografía y poder trabajar en conjunto para sumar conocimiento es de interés para China. “Ellos lo ven desde un punto de vista amplio. En Qingdao nos mostraron que a través de productos marinos habían desarrollado medicamentos y podrían desarrollar nuevos materiales”, planteó Mombrú. El 16 de abril tuvo lugar la tercera comisión mixta entre Uruguay y China, primera en la que participa la Udelar. Esta reunión para Mombrú fue “el punto central de la misión”, en el que se definieron las líneas de trabajo conjuntas de los próximos dos años: serán oceanografía, ciencias agrícolas, bionanofarma y Tics. La reunión de la comisión mixta de ciencia y tecnología se realizó con la participación del ministro de Ciencia y Tecnología de China, Wang Zhigang. Se prevén en un mes visitas de China a Uruguay para seguir avanzando en estos temas. Fuente: https://www.busqueda.com.uy

Contaminación de ríos Santa Lucía y Uruguay

20/03/2019

Primeras evidencias científicas sobre contaminación de ríos Santa Lucía y Uruguay
Investigaciones recientes en ambas cuencas detectaron la presencia de xenoestrógenos y citotoxicidad asociadas con múltiples fuentes de contaminación.


Se denominan xenoestrógenos o disruptores endócrinos a compuestos diseñados y desarrollados por el ser humano que, al imitar o alterar el efecto de las hormonas, pueden enviar mensajes confusos al organismo ocasionando diversas disfunciones. Todos estamos expuestos a sustancias químicas que pueden alterar nuestro sistema hormonal y causar numerosos problemas de salud de efectos irreversibles.
Un disruptor endócrino u hormonal (EDC en inglés, Endocrine Disrupting Chemicals) es una sustancia química ajena al cuerpo humano o a la especie animal, capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos de una especie. Es decir, de generar la interrupción de algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual o normal.
A su vez, citotoxicidad es la cualidad de algunas células para ser tóxicas frente a otras que están alteradas. Es uno de los mecanismos de ciertas células del sistema inmunitario para interaccionar con otras células y destruirlas. Son sustancias tóxicas que pueden estar involucradas en la inmunidad o contenidas en venenos.
Habitualmente, cuando se considera la contaminación y sus fuentes se suele hablar solo del fenómeno a simple vista y sus efectos inmediatos sobre el medio ambiente y la salud humana. Sin embargo, existen otras formas y fuentes de contaminación, que son invisibles y de largo plazo, que pueden ser mucho más peligrosas.
El empleo de sustancias que actúan como disruptores endócrinos en numerosos procesos industriales y productos domésticos ha llevado a su dispersión en el medio ambiente. El medio acuático es uno de los más sensibles a la contaminación y a la alteración de organismos y sistemas por estos compuestos.
Por disruptores endócrinos (EDC) se alude normalmente a sustancias que pueden provocar infertilidad o cambios de sexo en peces e invertebrados. En humanos no tienen un efecto tan radical, pero afectan la fertilidad y pueden provocar pequeñas alteraciones como genitales ambiguos o testículos que no bajan al escroto.
Entre los disruptores endócrinos se encuentran hormonas, pesticidas, compuestos usados en la fabricación de plásticos y artículos de consumo, así como subproductos y residuos industriales contaminantes. Su carácter persistente y facilidad de difusión les hace estar distribuidos por todo el planeta, más allá de divisiones geográficas.
La Unión Europea ha identificado unas 680 sustancias con efectos disruptores, entre las que se encuentran: dioxinas, furanos, bifenilos, policlorinados (PCBs), numerosos plaguicidas, hexaclorobenceno, ftalatos, alquilfenoles, bisfenol-A, entre otros.
La ciencia ha demostrado la vinculación de estas sustancias con infertilidad, obesidad, malformaciones y cáncer de órganos reproductores masculinos y femeninos, mala calidad del esperma y endometriosis, entre otras afecciones. En nuestro país, estudios recientes aportan evidencia sobre ECDs en dos de los ríos mayores. Fufente: Víctor L. Bacchetta (SUdestada).

Plástico contaminación de los Océanos.

28/12/2016

Denominada basura marina, constituye uno de los más graves problemas de contaminación de nuestros océanos y lo peor de todo es que es imparable. Más del 60% de la basura que llega son plásticos. Ya en el año 2005 el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), puntualizaba que por kilómetro cuadrado se encontraban unas 13.000 partículas plásticas, bien flotando, bien en el fondo del mar.

La primera víctima de los depósitos plásticos en el mar es la vida animal. Se calcula que 267 especies, principalmente pájaros y mamíferos marinos se comen los residuos plásticos o llevan el alimento a sus crías. Hace seis años, una ballena blanca fue hallada muerta en las costas de Normandía, Francia, con 800 kilos de desechos plásticos en el estómago. En regiones como California es muy común encontrar tortugas, leones marinos y focas muertos por la ingesta de plásticos. El atolón de Midway, cercano a Hawai, es el símbolo máximo de la tragedia que causa el plástico en los mares.

Por capricho de las corrientes marinas, el atolón recibe diariamente todo el plástico proveniente del Japón y de la costa oeste de Estados Unidos. La basura de Midway provoca la muerte de la mitad de los 500 mil albatros que nacen en el atolón y que confunden el plástico con comida.

El plástico del tipo de PVC, empleado en botellas, juguetes y una infinidad de artefactos domésticos puede contener compuestos de estaño, que resulta altamente tóxico para moluscos y peces. Esas sustancias, que llegan al mar por las lluvias que se han originado en rellenos sanitarios, causan alteraciones hormonales que modifican el sistema reproductivo y disminuyen la tasa de fertilidad de los animales.

El plástico hallado en los océanos no es solo aquel que va quedando en las playas, como vasos y recipientes de bebidas. Una de las principales amenazas proviene de piezas casi invisibles, los llamados “pellets”, bolitas con medio centímetro de diámetro utilizados como materia prima en las industrias. El mundo produce actualmente 230 millones de toneladas de productos plásticos por año, contra cinco millones en la década de los 50.
El mundo produce 10.000 millones de toneladas al año de residuos y no se recoge o trata ni la mitad. El resto queda en el mar, los ríos y en el aire.
La basura va a parar a nuestros mares y océanos. Podemos encontrar plástico, goma, metal, madera y vidrio flotando en nuestros océanos o depositados en nuestras playas. La basura en el mar además de ser peligrosa para los barcos, buceadores y bañistas, pone en peligro la fauna marinos, por lo tanto, a la población humana.

Cada hora se vierten al mar unos 675.000 kilos de basura o cerca de 6 millones de toneladas al año, de las cuales, un 50% son plásticos. Estas basuras matan cada año a unos 100.000 mamíferos y tortugas marinas. De hecho, en los océanos llegan a encontrarse concentraciones de hasta ocho millones de fragmentos plásticos por kilómetro cuadrado flotando en los mares, y se considera que estos sólo representan un 10%-15% de los que existen en los fondos y costas.

Los “pellets” llegan a los océanos por medio de los barcos que los utilizan para limpiar sus tanques. Esas bolitas tienen una gran capacidad de absorción de contaminantes. Sólo una de ellas puede concentrar un millón de veces más contaminantes que el agua donde se depositan, envenenando la vida marina.

Recientemente investigadores de Estados Unidos, Inglaterra y Canadá realizaron un mapa del impacto de la acción humana sobre los mares. De acuerdo al estudio, apenas cuatro por ciento de las regiones oceánicas en el mundo –localizado en los polos– ha sido inmune al destrozo de los hombres. Y nada menos que 40 por ciento de las regiones registran interferencia humana de alta o mediana intensidad.

cubo investigacionDiez tips para ayudar al océano desde tu casa

Aunque no vivas cerca del mar, te sorprendería saber cómo la mayoría de las cosas que haces y consumes lo afecta. Te ofrecemos diez tips para ayudar a su conservación y regeneración desde tu casa.
Tristemente, el océano es el mayor receptáculo de casi toda la basura del mundo. Es en gran medida por ello, además del calentamiento global y la pesca desmedida, que sus ciclos vitales están colapsando. Pero todos podemos ayudar, aunque no vivamos cerca del mar. A continuación algunos consejos para ayudar a su conservación y crecimiento.

1. Compra alimentos del mar sustentables
Asegúrate que los alimentos marinos que consumes sean sustentables. El programa Monterey Bay Aquarium Seafood es un gran recurso para saber qué especies son las mejores en cada temporada.

2. Minimiza tu basura
Desafortunadamente mucha basura termina en los océanos del mundo, donde potencialmente puede tomar millones de años en desintegrarse. En el Océano Pacífico hay unos bancos gigantes de bolsas de basura, y mientras la basura lentamente se desintegra, los animales se la comen y reducen su posibilidad de procrear, o simplemente mueren.

3. Reduce tu uso de electricidad
Investigadores aseguran que la demanda de energía es una de las partes responsables del cambio climático. Considera contactar a un electricista para instalar aparatos de eficiencia energética; deja tu auto en casa si puedes y busca renovaciones ecológicas para tu casa. Al reducir tu demanda de energía ayudaras a bajar tus gastos y ayudar al medioambiente.

4. Cuida de la playa
Si eres tan suertudo como para vivir cerca del mar, ¿por qué no regalarle algunos días del año? Participa en una limpieza grupal o en un programa de conservación de playas. También puedes simplemente recoger toda la basura que encuentres a tu paso y dejarla en un basurero para que no se la lleve el mar.

5. Compra cosméticos, joyas y demás accesorios que sean amigables con el mar
Aléjate del coral, productos hechos con conchas o caracoles u otros materiales que sean parte de la explotación del océano. En lugar de eso puedes explorar el mundo de opciones recicladas que existen. Ten cuidado con el escualeno, un compuesto orgánico comúnmente derivado de los tiburones, aunque también puede derivarse del aceite de olivo. Y ya que esta en eso, evita los empaques de plástico muy aparatosos: busca envolturas naturales o sustentables.

6. Cuidado con el fertilizante
Cuando cuides tu jardín ten cuidado con los fertilizantes. Si aplicas demasiado, no llegará a tus plantas; llegará a una escorrentía que eventualmente entrará al océano, causando un problema conocido como “contaminación de nutrientes”, que lleva a lo que se conoce como “zonas muertas” en el océano que son lugares repletos de brotes de alga que ahogan cualquier otra clase de vida marina.

7. Ya que estás en eso, considera volver orgánico tu jardín
Si estas usando pesticidas, herbicidas y otros químicos en el jardín, considera un cambio. Esos químicos son malos para el jardín, malos para el ambiente, malos para tus mascotas y malos para ti. Y al igual que los fertilizantes, cuando se van en el agua terminan contaminando los acueductos y llegando al océano. Comprométete a hacer el cambio e investiga todos los productos orgánicos que existen para los mismos efectos que los químicos.

8. Vuélvete no-tóxico en casa
Busca productos de limpieza que no tengan ingredientes tóxicos o ahorra dinero usando productos de cocina como el vinagre para limpiar. Estarás haciendo tu parte en evitar que los químicos se vayan al caño y a los sistemas de agua. Asegúrate que tu plomería esté en buenas condiciones también, especialmente si vives en la costa donde se drena directamente al mar.

9. Si vas de vacaciones al mar, demuéstrale un poco de amor
Trata de visitar los lugares respetuosamente. Y si tienes tiempo, trata de limpiar el océano de basura y monitorear el nacimiento de tortugas para que lleguen a salvo al agua.

10. Tira responsablemente toda la basura peligrosa
Quizá tengas un poco de pintura que te sobró de pintar un cuarto, o baterías viejas, o medicamentos caducos. Asegúrate de recolectarlos responsablemente y tirarlos en los lugares específicos para ellos. Recicla también tus teléfonos y computadoras viejas regalándolas a alguien o regresándolas a la tienda de dispositivos eléctrónicos.