Archive for the ‘Manejo Integrado Costero’ Category

La basura puede ser hasta casi el 40% de la captura pesquera en áreas cercanas a ciudades

20/07/2019

Un trabajo-Waste Management dirigido por el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC revela la densidad y tipo de basura en aguas a poca profundidad del mar Mediterráneo, comparando dos zonas, una urbana y otra rural. En los resultados del estudio, que se publica en la revista Waste Management, desde un 5% hasta casi un 40% de la captura total en la red es basura.
El pesquero es uno de los principales sectores económicos afectados por la basura en el mar. No es sólo la cantidad de basura que queda atrapada en las redes, sino que puede dañar barcos y aparejos. Un estudio del Instituto de Ciencias del Mar (ICM) del CSIC, ha evaluado la cantidad y el tipo de basura que hay en aguas a poca profundidad de dos áreas de pesca, el Delta del Ebro (Tarragona) y Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Ambas áreas forman parte de la red Natura 2000.
El estudio, codirigido por Eve Galimany, científica del ICM-CSIC, y Elena Marco-Herrero, científica del ICM-CSIC entonces y ahora en el IEO de Baleares, se ha realizado con la colaboración de pescadores artesanales de ambas localidades.
Los resultados revelan que en el área de Vilanova i la Geltrú, cercana a áreas muy pobladas y a rutas de navegación muy transitadas, la basura puede llegar a ser de hasta el 38% de la captura en la red. La densidad de basura en esos caladeros va desde 198 hasta 393 kg por km cuadrado. El tipo de basura hallada es variada: desde escoria (residuo de carbón quemado de los barcos de vapor), hasta textiles, plásticos y madera procesada (restos de muebles y similares).
Por su parte, el área rural, la del Delta del Ebro, presenta mucha menos basura (entre 34 y 56 kg por km cuadrado), lo que supone “sólo” un 5% en el total de las capturas de las redes.
Las investigadoras destacan que es difícil decir cómo se traducen esos porcentajes en kilogramos en cada tipo de pesquería, porque depende del arte, la época del año, profundidad, estado del mar, entre otros. No obstante, añaden, “en nuestros muestreos en ambas áreas, comparando superficies de tamaño similar, en la zona del norte llegamos a extraer un total 33 kg de captura comercial y 61 de basura, mientras que en la zona del sur, extrajimos 74 kg de fracción comercial y 5 de basura. La modalidad de pesca estudiada fue el marisqueo a poca profundidad.”
Los resultados hacen patente la alta densidad de desechos marinos acumulados en áreas urbanas pobladas y su posible efecto negativo en la pesca, explica Eve Galimany. Por ejemplo, dice, “los plásticos y las telas pueden causar enredos y daños en los engranajes de los barcos, mientras que la madera puede romper las redes o dañar las embarcaciones por el impacto”.
“Proponemos establecer mecanismos para que los profesionales de la pesca ayuden a eliminar la basura reduciendo los costos de pesca y los peligros potenciales para los ecosistemas marinos”, añaden Eve Galimany y Elena Marco-Herrero.
“La basura marina puede causar un gran impacto en los ecosistemas, ya que su degradación natural precisa de largo tiempo. De ahí la importancia de una mejora en la gestión de residuos, que incluya un programa de recompensa a los pescadores por devolver a tierra la basura marina, como antiguamente se nos recompensaba por devolver los envases de cristal”, dice Elena Marco-Herrero.
Miquel Illa Sagarra, pescador de la cofradía de Vilanova i la Geltrú, y participante en el estudio, explica que han visto un gran incremento de la basura en los últimos años. “La gente no es consciente de todo lo que se tira al mar, tarda una infinidad de años para disolverse y no hay ningún plan de limpieza del medio”.
Por su parte, Casimiro Cabré Forné, pescador de la Cofradía Verge del Carme de St. Carles de la Ràpita, y participante del estudio, comenta que “aunque en la pesquería que hacemos no lo hemos notado tanto, sí vemos que en playas y costa, sobretodo cuando hay temporal, cada vez llegan más plásticos, botellas, basura…”.
“Los pescadores somos los primeros interesados en tener el mar limpio”, añade Cabré. “Yo diría que la mayoría de nosotros aquí en St. Carles de la Ràpita, si no todos, metemos en un rincón del barco todo el plástico y basura que sale en cada jornada de pesca, y al llegar a tierra lo tiramos en los contenedores”.
Aunque ya se sabía que áreas cercanas a zonas muy pobladas acumulan más basura, este es el primer trabajo que cuantifica la basura marina en las capturas pesqueras.

Artículo de referencia:
E. Galimany, E. Marco-Herrero, ,S. Soto, L. Recasens, A. Lombarte, J. Lleonart, P. Abello & M. Ramón. (2019). Benthic marine litter in shallow fishing grounds in the NW Mediterranean Sea. Waste Management. 95. 620-627. 10.1016/j.wasman.2019.07.004.

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Océanos en Uruguay!

20/07/2019
  • “El océano sólo llega al público con noticias sobre derrame de petróleo o por conflictos derivados de la pesca”.
  • “Necesitamos una ciudadanía informada, algo que no ocurre en la actualidad ante la ausencia de información que sobre los océanos hay en la escuela y en la universidad”.
  • Los océanos juegan un papel esencial en los aspectos de regulación del clima ya que capturan el exceso de calor y de los gases de efecto invernadero y los trasladan a las capas más internas de la Tierra.

No obstante, los millones de toneladas de dióxido carbono que todos los años absorben los océanos están alterándolos de manera que sus aguas cada vez son “más ácidas” lo que provoca, por ejemplo, que el calcio se diluya y sea cada vez más difícil la formación de los arrecifes de coral.

Los gobiernos no pueden esperar a que ocurran los primeros efectos catastróficos de los cambios climáticos para reaccionar porque entonces será demasiado tarde, ya que la inercia térmica de los océanos prolongará los efectos del calentamiento global haciendo irreversibles las consecuencias para varias generaciones de gobernantes.
Dos equipos independientes del NCAR (National Center for Atmospheric Research) han modelizado el efecto de la inercia de los océanos sobre el calentamiento climático. Hace dos años, el NCAR formuló otra predicción modelizada de la evolución del clima, señalando que la temperatura global subiría hasta 10 grados este siglo si no se reducen las emisiones contaminantes.

Respecto a la nueva investigación, se basa en que el agua necesita mucho más tiempo que el aire para calentarse, lo que también es válido para la atmósfera y los océanos. Debido a las pautas de tiempo invertidas en estos procesos, incluso aunque las emisiones de gases de efecto invernadero se hubieran estabilizado en el año 2000, la temperatura media del planeta continuaría subiendo medio grado Celsius a lo largo del siglo XXI, según el modelo realizado al respecto por Gerald Meelh y Tom Wigley.
Por la misma razón el nivel del mar continuaría subiendo por efecto de la expansión térmica, ya que los océanos se dilatan al aumentar su temperatura. Aún sin contar con la fundición de los hielos terrestres, continentales y del mar, el nivel de los océanos subirá inevitablemente al menos 10 centímetros este siglo.

El nivel del mar se ha incrementado ya 9 centímetros en el último siglo y podría aumentar entre 9 y 88 centímetros en el presente. Si el hielo de Groenlandia se derrite completamente, se sumarían 7 metros al nivel global del mar y si se suma la capa del Antártico, se aumentaría otros 5 metros.

Dr. Marcos Sommer

Referencias.

Sommer M. (2010). Océanos Agonia Sin Retorno. Agencia Brasileira de Gerenciamento Costeiro 19 pp.

Sommer M. (2009). Océanos, la sombra del hombre. Worldwide Ciruclation Magazine.  Vol 102 N. 09-10. 17 pp.

Sommer M. (2009).  Fertilización INSOSTENIBLE  de los océanos. Worldwide Ciruclation Magazine.  Vol 99.  N. 02-03. 14 pp.

Adaptación al Cambio Climático y Gobernanza Costera en Uruguay. ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO Y GOBERNANZA

Uruguay: El cambio climático aquí y ahora.

Uruguay acciona proyecto sobre Cambio Climático Territorial con cooperación internacional.

La Zona Costera: Patrimonio Natural y Recurso Estratégico del Uruguay Sostenible.
La gestión de la zona costera está enmarcada en un conjunto de principios fundamentales dirigidos a asegurar la formulación, concertación y adopción de políticas orientadas al ordenamiento ambiental del territorio costero y del recurso acuático adyacente. Estos son temas de inaplazable consideración en los procesos de toma de decisiones tanto en el ámbito público como privado. Descargue:  Plan Estratégico 2010-2015

Se aprobó normativa que define el desarrollo sostenible y regula las actividades en la faja costera.

05/07/2019

El proyecto de Directriz Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible del Espacio Costero del Océano Atlántico y del Río de la Plata, fue aprobado este miércoles 3 de julio en el Parlamento. La normativa definirá los permisos de construcción de viviendas e infraestructura pública y habilitará emprendimientos turísticos de manera más realista y en función de las características de cada zona, explicaron las autoridades.
Un nuevo instrumento de política pública para el cuidado y la gestión planificada de las costas uruguayas fue aprobado por el Parlamento, lo cual supone un salto cualitativo en la protección de las costas que estimula la coordinación y cooperación público-privada.
Se trata de la Directriz Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible del Espacio Costero del Océano Atlántico y del Río de la Plata, aprobado este miércoles 3 de julio, según informó el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.
El proyecto determina la accesibilidad y el uso público de las playas y costas, al legislar sobre esta área tan valiosa. “Esta es la primera norma nacional que sienta de manera explícita el carácter y acceso público a todas las playas del país”, señaló el director nacional de Ordenamiento Territorial, José Freitas.
Con la normativa se da respuesta a un problema de aplicación de la protección costera, ya que establece que se podrá extender la faja de defensa, definida por el Artículo 153 del Código de Aguas, hasta el límite de los componentes vulnerables de los ecosistemas identificados en cada uno de los planes y proyectos.
“Ahora la demarcación de la zona de protección costera deja de ser una franja estática y formal y comenzará a ser definida de manera más realista, en función de las características específicas de cada zona, así como a cada uso o proyecto propuesto”, dijo Freitas.
A modo de ejemplo, el jerarca indicó que en los casos en que las dunas o cárcavas se extiendan tierra adentro más allá de los 150 o 250 metros, los permisos de ocupación del suelo costero deberán respetarlas como características naturales del paisaje de ese lugar.
La normativa promueve el desarrollo en consonancia con la protección de la costa, teniendo en cuenta que el espacio costero constituye un recurso natural limitado y un bien común para la sociedad, que se encuentra sometido a abusos y presiones, como el turismo, el sector inmobiliario y la infraestructura, como rutas, ramblas, estacionamientos, puertos, muelles, equipamientos comerciales y deportivos.
Así, ese texto, una vez promulgado, será considerado en la planificación de nuevas urbanizaciones, grandes infraestructuras y equipamientos que se implementen en ese ámbito e introducirá un escenario de reglas bien claras de cómo actuar respecto de la costa.
Especialmente, de sus componentes vulnerables, como playas, dunas, lagunas, barras, cuencas, desembocaduras, deltas, humedales, barrancas, costas, puntas rocosas y sitios arqueológicos, entre otros, para lograr un mayor grado de protección.
Asimismo, se busca evitar el continuo urbanizado a lo largo de la costa, se propone alternar los centros urbanos densos con áreas de baja intensidad de uso y con espacios naturales que permiten esa dinámica de los ecosistemas costeros, por ser un contexto de alta vulnerabilidad ante el cambio climático.
Esa ley será complementaria del conjunto de normas vigentes que intervienen sobre la costa, en especial, la Ley N° 18.308, de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible, y la N° 16.466, de Evaluación de Impacto Ambiental, así como el Código de Aguas.
Fuente: Maldonado Noticias

¿Cuánto plástico comiste hoy? Informe del Fondo Mundial para la Naturaleza hace estimación sobre la ingesta semanal de plástico de los humanos en alimentos y bebidas.

05/07/2019

El informe Evaluación de la ingestión humana de plásticos http://awsassets.panda.org/downloads/analsis_de_estudio_de_ingestion.pdf presentes en la naturaleza, publicado en español la semana pasada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), comienza con un golpe en la mandíbula: “Un nuevo estudio de la Universidad de Newcastle, Australia, indica que en promedio una persona ingiere semanalmente unos cinco gramos de plástico presentes en el agua, en el aire y en los alimentos”. Como tal vez no todos nos hagamos una idea de qué implican esos cinco gramos que van a parar a nuestro estómago cada semana, los redactores del informe lo grafican para que no quepan dudas: “Esa cantidad equivale a los microplásticos que contiene una tarjeta de crédito”. El ejemplo, además de claro, apunta –uno calcula que intencionadamente– al mundo del consumista en el que vivimos: si no cambiamos nuestros hábitos de consumo y productivos pronto, no sólo viviremos rodeados de nuestros desperdicios, sino que, además, comenzarán a acumularse también, cada vez más, dentro de nosotros.

Plásticos por todas partes
La información aportada en el contexto del informe es tan alarmante como tristemente obvia: “Desde 2000, el mundo ha manufacturado tanto plástico como el que se produjo en la suma de todos los años anteriores” señala el trabajo, que advierte que de todo ese plástico generado “una tercera parte se vierte en la naturaleza”. El informe también pone una cifra a lo que cualquiera puede constatar al caminar cerca de un contenedor desbordado o al mirar la reseca en la playa: la mayoría de los plásticos se utilizan en materiales desechables, por lo que “más de 75% de todo ese material producido hoy se convierte en desechos”.
¿Qué hacemos ante esta realidad? Poco, y no de la mejor manera. En palabras del informe, “buena parte de estos residuos plásticos se maneja mal”, “resultado directo de una infraestructura subdesarrollada para el tratamiento de residuos” que tiene como consecuencia que haya plásticos “no recolectados, vertidos a cielo abierto, acumulados en basureros o en rellenos sanitarios no controlados”. De todos esos plásticos mal gestionados se informa que 87% se vierte en la naturaleza, y para dar una magnitud del problema sostienen que, de seguir como hasta ahora, para 2025 “los océanos tendrán una tonelada métrica de plástico por cada tres toneladas métricas de peces”. Parte de ese plástico que va a parar a la naturaleza es visible; es el caso de las tapitas de los envases –a esta altura, residentes permanentes de gran parte de nuestras playas– o las bolsas, pero hay otros que pasan inadvertidos y que se conocen como “microplásticos”. Miden menos de cinco milímetros y son plásticos que se liberan tanto “directamente en el ambiente, como pequeñas partículas”, como por ejemplo microesferas en los geles de ducha, abrasión de las llantas o los que se desprenden de nuestra ropa cuando la lavamos, como por la “degradación de plásticos más grandes”, como sucede con las bolsas plásticas degradadas y otros materiales. El asunto, señala el informe, es que “los microplásticos están contaminando el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos y el agua que tomamos”. No hace falta pensar en tortugas varadas con sus intestinos obstruidos por plásticos ni en animales que mueren atrapados en los desechos: también estamos complicando nuestra propia existencia (en caso de que amenazar a la de los otros seres vivos no se entendiera ya como una forma de complicarla).

Un problema bebible
Tras presentar todos estos datos de contexto sobre el plástico y el medioambiente, el informe da a conocer los detalles de la investigación realizada por Kala Senathirajah y Thava Palanisami, ambos de la Universidad de Newcastle, Australia, que estimaron “la cantidad promedio de plásticos que ingiere un ser humano a partir de una revisión comprehensiva de estudios existentes”. Para analizar y tratar de cuantificar la ingesta de plásticos, ya sea mediante la respiración o la alimentación, los investigadores basaron sus cálculos en “52 estudios, de los cuales 33 analizaban el consumo de plásticos a través de los alimentos y bebidas”. El propio informe aclara que “el estudio representa una síntesis de los mejores datos disponibles”, pero que tiene limitaciones porque “se apoya en una serie restringida de evidencia”, por lo que reconocen que “el nivel de incertidumbre aumenta con cada suposición y cada extrapolación, y que se requiere mayor investigación y colección de datos para comprobar estos resultados”. Así y todo, queda claro en el trabajo que “la proporción de microplásticos inhalados que entra en el organismo humano es insignificante, pero puede variar bastante dependiendo del ambiente”. Para afirmar esto los autores se basaron en “16 artículos que enfocan el tema de la calidad del aire dentro y fuera de casa”, que permiten ver que en dentro de nuestros hogares tenemos más probabilidades de inhalar microplásticos, en parte por la “elevada presencia de textiles sintéticos y polvo doméstico”. También señalan que queda clara la ubicuidad de los microplásticos en el aire y remarcan que “un estudio reciente encontró microplásticos en la cima de los Pirineos debido a la facilidad con que se transportan en el aire”. El mayor problema para los humanos es consecuencia de la ingesta de bebidas y alimentos. “La mayor fuente de ingestión de plásticos es el agua potable”, señalan, aclarando que por agua portable se entiende tanto a la que sale de grifo como a la embotellada, y comunican que “se ha encontrado plástico en el agua (subterránea, superficial, del grifo y embotellada) de todo el mundo”. Los autores recuerdan que en un trabajo reciente se encontraron microplásticos en el agua embotellada de distintas marcas y partes del planeta. ¿Qué pasará con el agua embotellada en nuestro país, donde, según datos de 2017, se consumieron unos 336,6 millones de litros de agua envasada, lo que nos ubica en el tercer puesto en consumo de agua en botella per cápita de América Latina? El agua de la canilla tomada en cuenta por los estudios mostró microplásticos que variaban de acuerdo con la zona (presencia en 94,4% de las muestras de agua de América del Norte contra 72,2% de la de Europa), pero no hubo países en los que no estuvieran presentes. Basados en esto y en el consumo de algunos alimentos comunes, los autores llegaron a la cantidad de cinco gramos semanales de consumo plástico en alimentos como la sal, los moluscos –dado que, a diferencia de los peces, se comen enteros con sus aparatos digestivos– y el agua potable. “Los resultados confirman la preocupación sobre los volúmenes de ese material que entra a nuestro organismo diariamente sin que nos demos cuenta”, concluyen, en un llamado a la acción: “Se requieren soluciones sistémicas con intervenciones estratégicas y tácticas para frenar la contaminación por plásticos desde el origen, y acciones audaces por parte de un amplio rango de actores en toda la cadena de los plásticos para implementar estas intervenciones”. Crucemos los dedos. https://ciencia.ladiaria.com.uy

How Much Microplastics Are We Ingesting?: Estimation of the Mass of Microplastics Ingested. Kala Senathirajah and Thava Palanisami. The University of Newcastle, Australia. Tuesday, 11 June 2019
https://www.newcastle.edu.au/newsroom/featured-news/plastic-ingestion-by-people-could-be-equating-to-a-credit-card-a-week/how-much-microplastics-are-we-ingesting-estimation-of-the-mass-of-microplastics-ingested

Resuelven el misterio de los agujeros en el hielo antártico

29/06/2019

Antarctic offshore polynyas linked to Southern Hemisphere climate anomalies
Campbell E.C., Wilson E.A, Moore G.W.K., Riser S.C., Brayton C.E., Mazloff M.R. & Talley L.D. Nature 570, 319–325 (2019)

Las temperaturas en el océano antártico se mantienen en torno a los -30ºC durante el invierno. Sumergida en seis meses de oscuridad, esta región que rodea la Antártida se convierten en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, con vientos huracanados que soplan durante las 24 horas. Y a pesar de este frío extremo, de vez en cuando aparece una enorme zona del océano que permanece sin congelar, a veces durante varios años. Entre 1974 y 1976, por ejemplo, los satélites detectaron un enorme agujero al sur de Nueva Zelanda que estuvo abierto durante tres inviernos. En agosto de 2016, la NASA detectó un agujero de 33.000 kilómetros cuadrados que estuvo abierto durante tres semanas. Y un agujero aún mayor, de 50.000 kilómetros cuadrados, estuvo abierto entre septiembre y octubre de 2017, inquietando a la comunidad científica sobre sus posibles causas.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha conseguido analizar por primera vez el conjunto de factores que desencadenan la formación de estos agujeros en el hielo conocidos como polinias (por el término en ruso polynya). En un trabajo publicado este lunes en la revista Nature, el equipo de Ethan Campbell utiliza los datos recogidos desde hace décadas desde el satélite junto con las mediciones hechas en el terreno por boyas robóticas e incluso elefantes marinos equipados con sistemas de registro para explicar el fenómeno que se produce en el mar de Weddell.

“Pensábamos que estos enormes agujeros en el mar helado eran algo raro, quizá un proceso que había dejado de suceder”, asegura Campbell. “Las observaciones demuestran que las polinias recientes se abrieron por una combinación de factores – una de ellas las condiciones oceánicas inusuales y la otra una serie de tormentas muy intensas que soplaron sobre el mar de Weddell con fuerzas casi como las de un huracán”. Estos agujeros en el hielo se suelen producir cerca de la costa antártica si el viento separa el hielo de la parte continental. Durante el tiempo que permanecen abierto se convierten, además, en una especie de oasis para la vida, donde pingüinos, focas y ballenas pueden emerger para respirar.

Los movimientos del agua provocan un círculo vicioso que impide la formación de hielo

Aunque se habían publicado estudios anteriores que hablaban de la influencia de los ciclones en la formación de estos agujeros, en este trabajo se ofrece un análisis más completo en el que se tiene en cuenta el papel que juegan otras circunstancias. Los autores han observado, por ejemplo, que la existencia de una elevación submarinaconocida como Maud Rise provoca que el agua más densa se concentre alrededor y que se produzca un vórtice ascendente. Dos de los instrumentos de medición utilizados permanecieron atrapados en este vórtice y recogiendo información durante años. El análisis indica que cuando la superficie del océano está especialmente salada, como sucedió en 2016, los fuertes vientos pueden inducir un ciclo de circulación del agua. El agua más templada y salada de las profundidades es elevada hacia la superficie donde se enfría, se vuelve menos densa y vuelve a bajar, lo que provoca un círculo vicioso que impide la formación de hielo.

Esta es la primera vez que se observa que incluso agujeros relativamente pequeños, como el de 2016, mueven el agua de la superficie hasta los fondos del océano. “Esencialmente es como si el océano entero se diera la vuelta, más que una inyección de agua de la superficie en un solo viaje hasta las profundidades”, indica Earle Wilson, coautor del estudio. “Este trabajo muestra que la “polynya” tiene su origen en una multitud de factores que se tienen que dar a la vez para que suceda”, añade Stephen Riser, otro de los oceanógrafos que han participado en el análisis. “En un año cualquiera puedes tener muchos de estas cosas sucediendo, pero a menos que se cumplen todas no tendrás una polynya”. Uno de los asuntos más interesantes es conocer qué influencia tienen estos cambios en la circulación oceánica global y el papel que juega el cambio climático. Por un lado, el aumento del deshielo aporta una fuente de agua dulce menos densa que significaría la presencia de menos agujeros en el futuro, pero este trabajo indica lo contrario, que a medida que los vientos antárticos se hagan más intensos se formarán más agujeros y no menos. Por otro lado, al jugar los mares antárticos un papel clave en el ciclo del carbono del planeta, se teme por el efecto que pueden tener estos agujeros temporales en las aguas profundas y de ahí a las corrientes globales y la atmósfera. “Esta reserva profunda de carbono lleva cientos de años encerrada y mediante las polinias podría fintarse hacia la superficie”, concluye Campbelll. “Una gran emisión de carbono podría impactar realmente en el sistema climático si sucediera durante muchos años seguidos”.

Materials provided by University of Washington. Original written by Hannah Hickey. Note: Content may be edited for style and length.