Archive for the ‘Oceanología Moderna’ Category

China y Uruguay firmaron acuerdo sobre oceanografía; montar un laboratorio en un barco de la Armada solucionará “cuello de botella”.

22/05/2019

Los trozos de hielo se cortan en grandes bloques del río congelado Songhua para montar enormes esculturas. Las heladas obras de arte atraen cada enero a un millón de personas a la ciudad de Harbin, al norte de China. Con más de cinco millones de habitantes, es un lugar de fuerte influencia rusa y su población creció a partir de que en el siglo XIX ingenieros constructores de uno de las ramales del tren transiberiano se instalaron allí. Hasta el lugar llegaron en abril representantes uruguayos de la misión oficial a China, para tratar temas de educación y ciencia. A Harbin fueron para hablar de temas de economía azul. Azul, no verde. Es la que reconoce la importancia de los océanos y mares como fuentes de recursos que mueven la economía. En intercambios previos, el presidente Tabaré Vázquez y su par chino, Xi Jinping, habían coincidido, desde la asociación estratégica de 2016, en que el desarrollo de la economía azul era de mutuo interés. Ahora, durante la gira por China que culminó a fines de abril, la delegación acordó crear un laboratorio conjunto que tendría sede en el Centro Universitario Regional Este de la Universidad de la República (CURE), en Maldonado.
También quedó sobre la mesa un proyecto para adaptar al barco ROU 04 para que pueda hacer tareas de investigación en el mar. Del viaje participó la ministra de Educación, María Julia Muñoz, el vicerrector de la Universidad de la República (Udelar), Álvaro Mombrú, el secretario de Ciencia y Tecnología, Eduardo Manta, y autoridades de varias instituciones. Uruguay tiene más superficie marina que terrestre (350 millas marinas) desde que en 2016 se le autorizó una extensión de su territorio. Pero tiene una debilidad: el conocimiento que posee sobre esta enorme porción de mar que le corresponde. “Queremos estudiar cómo no depredar las especies. En esto los chinos están teniendo especial cuidado porque estuvieron al borde, y ahora están cuidado mucho la reproducción de los peces. Vázquez tomó la preocupación porque tenemos el triple de superficie marítima que la terrestre y es una fuente de recursos muy importante y no bien estudiada: para saber cómo no depredar, saber qué pescas, en qué época, cómo, con qué, estudiar las algas, el plancton, todo lo que se puede transformar en alimento”, dijo Muñoz a Búsqueda. El viernes 12 de abril, Muñoz le presentó a las autoridades de la Universidad de Ingeniería de Harbin un proyecto de cooperación que busca la transformación del buque nacional ROU04, para funcionar como Laboratorio de Oceanografía. Como resultado de las conversaciones firmaron un memorándum de entendimiento para el área de oceanografía entre la universidad china y la Udelar. Fue una firma “entre dos candidatos a trabajar desde el punto de vista académico en esta transformación”, explicó Mombrú a Búsqueda, y destacó que esa universidad es muy fuerte en la construcción de equipos navales e incluso drones submarinos. Por iniciativa de Vázquez, un grupo de trabajo se reúne desde 2018 para preparar un plan de desarrollo y líneas sobre cómo abordar el desafío de la ampliación del mar territorial. “Para poder desarrollar prácticas de uso racional, de prospección, de pesca, necesitas líneas de base, parámetros físicos, químicos y biológicos de tu jurisdicción. Eso en Uruguay en parte está hecho, pero falta una parte de la foto”, dijo a Búsqueda Juan Cristina, exdecano de la Facultad de Ciencias. “A Uruguay le hace falta tener una plataforma; es un cuello de botella para el desarrollo de la oceanografía. Sin barco, estamos fritos”, afirmó. En 2014, Cristina comenzó a llamar la atención sobre la necesidad de “llenar enormes agujeros” de información en el mar (Búsqueda Nº 1.793). En 2016 surgió la oportunidad de lograr un acuerdo con la Universidad de San Pablo, que tiene sus barcos de investigación, pero no se concretó. “Siempre insisto” con la necesidad de tener laboratorios de oceanografía en un barco, aún más después de reclamar las 350 millas de soberanía, y “ahora se dio con la cooperación china”, celebró Cristina. Durante las conversaciones, los chinos llegaron a plantear a Uruguay la propuesta de crear una universidad específicamente para abordar el tema oceanográfico (una disciplina muy cara), algo que Uruguay descartó y definió que aprovecharía las instituciones que ya tiene y que están vinculadas al tema, como la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos y la Udelar. En este tema también podrá participar la Marina, que tiene una flota de barcos que podrían permitir estudiar el fondo del mar territorial uruguayo. Consultado por Búsqueda, Manta aclaró que el barco continuará cumpliendo sus funciones en la Armada. La idea es aprovechar cuando la embarcación entre a dique con el objetivo de realizar tareas de mantenimiento, para montar allí un laboratorio y aprontar camarotes para que se alojen científicos durante los recorridos, que llegan a lugares tan extremos como la Antártida. “La ampliación del mar territorial requiere articular las capacidades de infraestructura e investigación en oceanografía y costa”, destacó Manta. El martes 7, durante el Consejo Directivo Central de la Udelar, Mombrú repasó los logros del viaje en el área de la oceanografía, y habló del convenio bilateral para transformar parte del buque uruguayo ROU04 como laboratorio móvil de estudio oceanográfico y antártico. En ese momento, la decana de Ciencias Mónica Marín levantó la vista y alzó las cejas, como sorprendida por lo que escuchaba. Consultada por Búsqueda, Marín dijo que desconocía detalles de la propuesta y que se había enterado de primera mano en ese instante. Ello a pesar de que es la Facultad de Ciencias la que tiene un departamento para la investigación en esta área y trayectoria en el país en la formación de oceanógrafos. Sin embargo, en los últimos años la descentralización llevó a que estos temas sean prioridad para el CURE.

Laboratorio conjunto

“China está muy interesado en tener un laboratorio para el desarrollo de la economía azul. Hay que enviarles el proyecto pero tienen mucho interés”, dijo Muñoz. “Surgió porque, en una de las comisiones, China planteó cómo estudiábamos nosotros la pesca y la depredación que hacíamos, porque Uruguay tiene el triple de superficie marítima que terrestre, y afirmaron que había que estudiar esos recursos”, explicó. “China tiene un desarrollo en áreas que a Uruguay le importan mucho”, destacó la ministra. La propuesta es, en los próximos dos años, avanzar para lograr un laboratorio conjunto de oceanografía con la Udelar en el que participará el Cure. Eso incluye acuerdos bilaterales, intercambios y becas. El 18 de abril, durante la visita de las autoridades uruguayas a la Universidad de Oceanografía de Qingdao, la Udelar firmó con esa institución un memorándum de entendimiento para la cooperación en oceanografía que permitirá el intercambio de científicos, profesionales y estudiantes. La estación uruguaya en la Antártida es vecina de la de China, un trayecto de unos 25 minutos por un sinuoso terreno los distancia. Que Uruguay tenga capacidad para fortalecer su investigación en oceanografía y poder trabajar en conjunto para sumar conocimiento es de interés para China. “Ellos lo ven desde un punto de vista amplio. En Qingdao nos mostraron que a través de productos marinos habían desarrollado medicamentos y podrían desarrollar nuevos materiales”, planteó Mombrú. El 16 de abril tuvo lugar la tercera comisión mixta entre Uruguay y China, primera en la que participa la Udelar. Esta reunión para Mombrú fue “el punto central de la misión”, en el que se definieron las líneas de trabajo conjuntas de los próximos dos años: serán oceanografía, ciencias agrícolas, bionanofarma y Tics. La reunión de la comisión mixta de ciencia y tecnología se realizó con la participación del ministro de Ciencia y Tecnología de China, Wang Zhigang. Se prevén en un mes visitas de China a Uruguay para seguir avanzando en estos temas. Fuente: https://www.busqueda.com.uy

Anuncios

“Naciones Unidas” radiografía la salud de la Tierra.

14/04/2019

La crisis medioambiental a la que el modelo insostenible de desarrollo del ser humano ha llevado a la Tierra tiene preocupantes caras. El amenazador y transversal cambio climático, la dramática pérdida de biodiversidad, la reducción drástica del agua dulce disponible, la mortífera contaminación del aire, la inundación de plásticos de los mares y océanos, la sobrepesca… El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha radiografiado los principales problemas ambientales del planeta partiendo del conocimiento científico disponible. Las conclusiones del extenso informe −740 páginas− Perspectivas del medio ambiente mundial (GEO, sus siglas en inglés) presentado en abril 2019, son inquietantes.  Lo son por lo que ya le está ocurriendo al planeta (con 7.500 millones de habitantes sobre la Tierra) y por lo que puede ocurrir en un futuro próximo (para 2050 la ONU prevé que sean 10.000 millones de personas y, para 2100, 11.000).

La humanidad no está en la senda para cumplir las metas fijadas para 2030 y 2050 en los distintos acuerdos internacionales sobre cambio climático, desarrollo sostenible y protección medioambiental. “Se requieren medidas urgentes ahora”, sostiene la ONU. El informe –el sexto que se realiza, el primero data de 1997– sostiene que, aunque en algunos puntos concretos hay alguna mejora, desde que se publicó la edición primera hace más de 20 años “el estado general del medio ambiente ha seguido deteriorándose en todo el mundo”. Según el análisis, los esfuerzos de algunos países y regiones se ven entorpecidos por modelos de “producción y de consumo insostenibles” y por el cambio climático.

“Es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”, concluye el informe. La parte positiva es que se conocen las medidas que hay que tomar y que incluso están recogidas en tratados internacionales como el Acuerdo de París o los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Se debe frenar la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, mejorar la gestión del agua y de los recursos, mitigar el cambio climático y adaptase a él, usar los recursos con eficiencia…

Pero lo más negativo es que los diferentes estudios científicos analizados apuntan a que los países no están caminando en esa dirección. La sexta edición del GEO advierte de que las proyecciones indican “que los avances son demasiado lentos para alcanzar las metas, o que incluso progresan en sentido equivocado”.

Por lo tanto, si no se producen los cambios drásticos que se señalan, se incumplirán los objetivos establecidos en el Acuerdo de París contra el cambio climático y los ODS. “La incapacidad constante para adoptar medidas urgentes está teniendo repercusiones negativas sostenidas y potencialmente irreversibles sobre los recursos ambientales esenciales y la salud humana”, señala el informe, elaborado por 250 científicos y expertos de 70 países.

El estudio se ha presentado este miércoles, coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que se celebra en Nairobi (Kenia), de donde se espera que pueda salir algún acuerdo concreto, por ejemplo, para la reducción del consumo de plásticos. Los representantes de los Estados que se sientan a negociar tendrán sobre la mesa esta radiografía de la crisis medioambiental del planeta.

Cambio climático. En riesgo de incumplir el Acuerdo de París.

El problema del cambio climático –para muchos expertos, el gran reto de la humanidad para este siglo− recorre de forma transversal todo el informe de la ONU. “El cambio climático altera los patrones meteorológicos, lo que a su vez produce un efecto amplio y profundo sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad, que pone en peligro los medios de subsistencia, la salud, el agua, la seguridad alimentaria y energética de las poblaciones”, explica Naciones Unidas. Y esto, a su vez, “agudiza la pobreza, la migración, el desplazamiento forzado y el conflicto”, añade.

“Las pruebas del cambio climático actual son inequívocas”, zanjan los expertos. “Desde 1880 la temperatura media de la superficie mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados Celsius aproximadamente. En el último decenio se han producido ocho de los 10 años más cálidos de los que se tiene constancia”, resumen el informe. Los expertos del PNUMA, en línea con lo que ya señaló el IPCC, advierte: “de persistir las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura media mundial seguirá aumentando al ritmo actual y superará entre 2030 y 2052 la meta del Acuerdo de París”, es decir, se superará el 1,5 grados de incremento medio.

Para cumplir París, recuerda el informe, se necesita que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan entre un 40% y un 70% entre 2010 y 2050. Para 2070, simplemente, deberán ser cero. Pero, según resaltan los expertos, cumplir con el Acuerdo de París será más rentable para la economía mundial que no hacerlo. Alcanzar la meta de los dos grados tendrá un coste de 22 billones de dólares (19,5 billones de euros), pero se calcula que los ahorros de salud mundial –por la reducción de las muertes y enfermedades relacionadas por la contaminación de los combustibles fósiles– si se cumple ese objetivo “ascenderían a unos 54 billones de dólares (47,8 billones de euros)”.

Contaminación del aire. Entre seis y siete millones de muertes prematuras.

“La contaminación del aire es el principal factor ambiental que contribuye a la carga mundial de morbilidad”, señala la sexta edición del GEO. “Ocasiona entre seis y siete millones de muertes prematuras” al año, además de “pérdidas anuales en materia de bienestar estimadas en 5 billones de dólares” (4,4 billones de euros). El informe incide en que, en 2016, el 95% de la población del planeta residía en zonas con unos niveles de exposición a las partículas finas (las de menos de 2,5 micras de diámetro y las más peligrosas) por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y advierte también la ONU de que “los impactos económicos por la pérdida de vidas, el incremento de la asistencia sanitaria y la pérdida de productividad de los trabajadores por la contaminación del aire es considerable”. El informe recuerda que el Banco Mundial cifró en 5,1 billones de dólares (4,5 billones de euros) las pérdidas ocasionadas por las muertes prematuras relacionadas con la polución. “El equivalente al PIB de Japón en 2013”, añade el estudio.

El informe de la ONU relaciona directamente la contaminación del aire con el cambio climático. Las soluciones para ambos problemas están en el mismo lugar, en la eliminación de los combustibles fósiles responsables de los gases de efecto invernadero y de los principales contaminantes atmosféricos.

Biodiversidad. Sobreexplotación y pérdida de hábitats.

La biodiversidad –variedad de seres vivos, de especies y ecosistemas- también está en crisis. Se enfrenta a una lucha desigual en la que domina la transformación del suelo, la pérdida y degradación de hábitats, prácticas agrícolas insostenibles, propagación de especies invasoras, contaminación y sobreexplotación. En este listado la ONU incluye la tala ilegal y el comercio ilícito de especies silvestres, un lucrativo negocio que mueve al año entre 90.000 y 270.000 millones de dólares (entre 80.000 y 240.000 millones de euros). Los gobernantes y sus políticas no han estado a la altura para atajar un deterioro que continúa, porque, aunque se aprecia un avance, “se requieren mayores esfuerzos para alcanzar los objetivos internacionales”.

ÁREAS PROTEGIDAS EN EL MUNDO

En 2018. Marítimas y costeras (en azul) y terrestres (en verde)

El descontrol reinante ha desencadenado una importante disminución de las poblaciones de especies. En la actualidad, se considera que el 42% de los invertebrados terrestres, el 34% de los de agua dulce y el 25% de los marinos se encuentran en riesgo de extinción. A los vertebrados terrestres no les va mucho mejor, entre 1970 y 2014 la abundancia de sus poblaciones mundiales se redujo en un promedio del 60%. La diversidad genética, imprescindible para mantener tanto la vida salvaje como la variedad de granos y razas de animales, apunta a la baja y abre la puerta a la amenaza para la seguridad alimentaria, dado que este escenario afecta “de manera desproporcionada” a las personas más pobres, las mujeres y los niños. “Los medios de subsistencia del 70% de las personas que viven en situación de pobreza dependen directamente de los recursos naturales”, concreta el informe.

Los ecosistemas arrastran una disminución semejante. De cada 14 hábitats terrestres, 10 han experimentado un descenso en la productividad de la vegetación y la mitad de las ecorregiones se encuentran en situación desfavorable de conservación. Como claros ejemplos, la ONU señala el colapso del mar Aral o los bosques de musgo nudoso en la isla de Lord Howe (Australia) y los bosques de Gonakier (Senegal y Mauritania), en peligro crítico. Las zonas protegidas no llegan al 15% de los hábitats terrestres, incluidas las aguas interiores, y al 16% de las zonas costeras y marinas dentro de las jurisdicciones nacionales.

Océanos y costas. El 75% de la basura marina es plástico.

Los principales enemigos de océanos y costas son el calentamiento global, la acidificación del agua (por la captación de CO2), la contaminación marina con los plásticos en el primer puesto, y su uso creciente para la producción de alimentos, junto con el transporte, los asentamientos y la extracción de recursos. Ecosistemas marinos como los arrecifes de coral están siendo devastados y se enfrentan a una decoloración masiva ocasionada por el calor crónico que ya afecta al 70% de estas superficies en el mundo. La Gran Barrera de Coral australiana es una de las más perjudicadas con más del 50% de su extensión afectada, mientras que los manglares han perdido entre el 20% y el 35% de su área de distribución desde 1980. El valor de los arrecifes de coral se estima en 29.000 millones de dólares anuales (25.700 millones de euros), por su repercusión en la pesca, el turismo, la salud y los hábitats marinos. La situación es tan grave que la ONU sostiene que los Gobiernos deben prepararse para “una drástica disminución cuando no un colapso” de las industrias y los servicios basados en estos ecosistemas.

A todo ello se le añade la basura marina, compuesta en un 75% por plásticos y microplásticos que vagan sin control y a cualquier profundidad por los mares. Cada año, recuerda el informe, ocho millones de toneladas de materiales plásticos acaban en los océanos. Y, a su vez, esos plásticos desprenden sustancias tóxicas que se acumulan en la fauna marina y que pueden llegar al hombre “afectando a la fertilidad masculina y femenina, así como al desarrollo neurológico infantil”.

De no tomarse medidas, avisan los científicos, existe un gran riesgo de que se combinen todos los factores causantes del deterioro de los ecosistemas marinos para producir un “ciclo destructivo” que desemboque en que los océanos dejen de prestar servicios vitales como medios de vida, ingresos o beneficios para la salud.

Agua dulce. Competencia entre el consumo humano y la agricultura.

La reducción de la disponibilidad del agua dulce unida a sus malas condiciones aumenta la competencia por este recurso, señala el informe de la ONU. “La calidad del agua ha empeorado significativamente desde 1990, debido a la contaminación orgánica y química ocasionada por, entre otros, agentes patógenos, fertilizantes, plaguicidas, sedimentos, metales pesados, desechos plásticos y microplásticos”. Además, uno de cada tres habitantes del mundo “no tiene aún acceso a servicios de saneamiento adecuados”.

AGUA UTILIZADA PARA LA AGRICULTURA

Respecto a la cantidad disponible, el análisis apunta a que “la agricultura utiliza en promedio el 70% de los recursos de agua dulce” del mundo. Pero en muchos de los países más pobres, “esa cifra llega al 90%”. La ONU insta a mejorar “la eficiencia de la utilización del agua en la agricultura y, al mismo tiempo, producir más alimentos y utilizar menos insumos”. “Muchos acuíferos se están agotando rápidamente por el exceso de extracción de agua para el riego, el consumo de agua potable y los usos en la industria y la minería”, detalla el GEO.

La situación de los humedales también es preocupante y se advierte de que han desaparecido desde 1970 el 40% de estos ecosistemas, que son clave en la lucha contra el cambio climático. Y culpa al desarrollo de la agricultura, la urbanización, las infraestructuras y la explotación excesiva de los recursos hídricos.

El suelo. La desertificación amenaza a las zonas más deprimidas

La ONU considera que es probable que la degradación de la tierra se agrave mientras no exista un marco de políticas de gestión nacional e internacional, lo que podría acelerar la migración en algunas regiones. Se estima que en 2050 unos 4.000 millones de personas vivirán en tierras desertificadas, sobre todo en regiones deprimidas de África o sur de Asia. La deforestación, que se ha ralentizado algo pero sigue avanzando, se presenta como otro de los principales retos, junto con las aglomeraciones urbanas, que en 2015 representaban un 7% de la superficie terrestre mundial.

La agricultura y la ganadería suponen uno de los principales impactos. La obtención de alimentos utiliza el 50% de la tierra habitable y el 77% de las zonas agrícolas se destinan a la producción de piensos, los pastizales y el pastoreo para la producción de carne. Para alimentar a los 10.000 millones de personas que se prevé poblarán el mundo en 2050 se necesitará un incremento del 50% en la producción de alimentos. En la actualidad, el 33% de la comida se pierde o se desperdicia, sobre todo en los países desarrollados. El informe aconseja adoptar dietas con menor consumo de carne y reducir esos desechos. También existen oportunidades que “podrían generar beneficios para el ecosistema de miles de millones de dólares”, siempre que se modifique la gestión de la tierra y se consiga almacenar el carbono, reducir la contaminación o controlar la erosión.


Fuente: El País

“Océanos”. La irresponsabilidad humana.

26/12/2016

irresponsabilidad-humana

“Pesca”: Montevideo, una parada de piratas.

25/12/2016

Barco Pesca
Pesqueros extranjeros depredan los bancos de langostino y calamar del Mar Argentino

Fuente: http://www.elpais.com.uy
Con licencias otorgadas por Inglaterra y el apoyo logístico de Uruguay, chinos, coreanos y españoles devastan la riqueza ictícola.

Cientos de barcos coreanos, chinos, españoles y taiwaneses, con prontuarios de pesca ilegal, capturan toneladas de calamar y langostinos en las aguas del Atlántico sur, especialmente las que rodean a las islas Malvinas, sin controles por contaminación o depredación, con licencias que otorga el Reino Unido y con el apoyo logístico del puerto de Montevideo. La depredación que desde hace décadas hacen estos barcos pesqueros —la mayoría furtivos— someten a una presión extrema a los caladeros de peces y crustáceos.
En las últimas décadas ambientalistas de diversas entidades, como el Centro Nacional de Datos Geofísicos de la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera y el Observatorio Terrestre de la Nasa advirtieron sobre la presencia en ese extremo del Atlántico sur de algo más de 300 buques, la mitad de ellos con licencia británica, ubicados a unos 300 kilómetros de la costa argentina con fuertes reflectores para atraer al calamar.
El gobierno británico entrega licencias a barcos chinos, coreanos, españoles y taiwaneses para pescar en la zona de las islas Malvinas sólo a cambio del pago de un canon y sin la obligación de cumplir con normativas ambientales o laborales.
Es el principal ingreso económico que recibe el Reino Unido desde las islas Malvinas, Orcadas y Sándwich del Sur.
Los buques, que se mueven en la zona de influencia de esas islas del sur del continente y en aguas internacionales, intrusan y pescan ilegalmente también en la zona económica exclusiva de Argentina y fuentes no oficiales advirtieron que esos barcos capturan un tercio del volumen total de pesca marítima del país.
La especie más buscada en la región es el calamar illex. Tiene un peso clave en el ecosistema marino porque sirve de alimento a mamíferos, aves y peces. Por eso, su sobrepesca impacta directamente en todas las especies.
Uruguay sirve de punto de descanso, apoyo y aprovisionamiento para barcos extranjeros que operan en el extremo sur del océano. De hecho, este año se conoció que la empresa china ShanDong BaoMa Grupo de Pesquerías presentó un proyecto de inversión para instalar un centro de apoyo logístico a las flotas en el puerto uruguayo de Punta de Sayago.
Según un informe del 2013 del Inidep, pescaron unos 240 buques poteros (para captura de calamar) en el área adyacente de la zona exclusiva argentina, succionando los recursos migratorios argentinos, y otros 100 buques poteros lo hacen con licencias ilegales del gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que en el 2010 en el Atlántico Sudoccidental se pescaron 1.800.000 toneladas de especies, en tanto que Argentina capturó sólo 784 mil toneladas en 2014. Se presume entonces que buques extranjeros pescaron el millón de toneladas restantes, con el consiguiente daño al ecosistema argentino en el litoral marítimo de más de 4.700 kilómetros.
Tratativas. En agosto pasado, en Mar del Plata, especialistas de Argentina y Estados Unidos debatieron sobre ciencias del océano para promover la cooperación entre instituciones académicas, gubernamentales y de investigación de ambos países.
Un mes después, Argentina y otros 12 países se comprometieron a iniciar negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para eliminar los subsidios considerados dañinos a la pesca. Se trata de aquellos que favorecen la sobrepesca, el exceso de producción o la pesca ilegal.
Además de Argentina, el compromiso involucra a Estados Unidos, Australia, Canadá, Chile, Colombia, Nueva Zelanda, Noruega, Papúa Nueva Guinea, Perú, Singapur, Suiza y Uruguay. No fueron de la partida Japón y los países de la Unión Europea.
“Los subsidios a la pesca, estimados en decenas de miles de millones de dólares anuales, crean distorsiones significativas en los mercados pesqueros globales y son un importante factor que contribuye a la sobrepesca y la sobreproducción y al agotamiento de los recursos”, dijeron los representantes de las naciones.
La iniciativa tiene su correlato en la postura adoptada por Naciones Unidas, que defiende la idea de terminar con los subsidios a la pesca para el año 2020.
Según denuncias de la organización ecologista Greenpeace, China posee 2.500 buques de pesca y los subsidios que entrega a esas flotas de aguas profundas promueven el exceso de esfuerzo.
En el Mar Argentino, además, amparados por la escasez de recursos de la Prefectura y la Armada, incursionan pesqueros españoles y polacos. Pero son los chinos, por lejos, los más agresivos. El 14 de marzo último, el buque guardacostas GC- 28 Prefecto Derbes de la Prefectura Naval hundió a un pesquero chino, el Lu Yan Yuan Yu 010, y detuvo a sus tripulantes luego de que fueran detectados pescando ilegalmente dentro de la zona exclusiva argentina frente a Puerto Madryn.
Pocos días antes del incidente, otro pesquero había protagonizado un encontronazo con un guardacostas, del que escapó adentrándose en aguas internacionales.

Océano Austral, “Sostenibilidad, compromiso ético”.

Por  Dr. Marcos Sommer
Ecoportal.net

Vieja costa que te vas!

15/11/2016

La erosión cambia las playas de Canelones
Por Fernán Cisnero

Playa verano
Si en algo coinciden los viejos veraneantes de la costa canaria, es en qué cambiado está todo por ahí. No se refieren exclusivamente al boom e nuevos lugareños que llenaron de población estable la Ciudad de la Costa y la Costa de Oro en los últimos 20 años. Se refieren a la playa.

En un proceso que muchos aún creen reversible pero los más realistas piensan que eso no va a suceder, la fisonomía de la costa canaria -65 kilómetros de los más transitados y poblados del país, que van desde Shangrilá a Jaureguiberry- está cambiada.

Por ejemplo, el arroyo Pando desemboca casi un kilómetro y medio hacia el este de donde solía hacerlo hace 50 años. Eso ha provocado -además de un notorio cambio del paisaje en la zona playera paralela al primer peaje hacia el este- que una buena parte de Neptunia y Remanso de Neptunia esté amenazada por inundaciones y una erosión que pone en peligro la estructura de las viviendas construidas, legalmente o ilegalmente, entre el Pando y el Tropa Vieja.

En la esquina de enfrente, en El Pinar, vecinos y grupos ambientalistas han intentado frenar el avance de las dunas que invaden la primera línea de casas, cubren de arena las calles y hacen temer por la supervivencia de una de las playas más atractivas de la zona.

Las soluciones son muchas veces improvisadas por los vecinos (un muro de contención sobre Neptunia ha frenado en algo la movilidad del Pando), otras son alentadas por ONGs y tomadas por comisiones de fomentos o ligas de vecinos, y algunas son intervenciones municipales que a veces se limitan a hacer transitables las calles ganadas por la arena a base de camiones y palas mecánicas.

El Estado (en su cara municipal y nacional) está enterado de estas situaciones. De hecho ha pasado la última década en la confección de diagnósticos y posibles tratamientos más que en frenar la erosión constante del frente costero. Quizás no sea posible. En algunos lados, coinciden especialistas, se corre el riesgo de que no haya más playa. Así de serio es el asunto.

Aunque el cambio climático y la normal transformación de la naturaleza tienen parte de la culpa, la principal alteración la aportaron la forestación, el fraccionamiento, la urbanización y finalmente la ola migratoria de una cadena de balnearios convertida en ciudad dormitorio.

La forestación encarada por los primeros emprendedores inmobiliarios a comienzos del siglo pasado, fijaron las dunas con la implantación de especies vegetales exóticas como el pino o la acacia. En algunos balnearios, por ejemplo, se llegaron a plantar dos millones de ejemplares para convertir un gigantesco arenal en un lugar habitable y por lo tanto vendible.

La forestación impidió la circulación de arena y se cortó el equilibrio entre la que sale y la que entra de la playa. Por eso muchas playas de la Costa de Oro tienen la arena siempre húmeda. La arena que se va de la playa no tiende a volver; hay que obligarla a que se quede.

Viejos diagnósticos. En octubre de 2008 la Comuna Canaria realizó un Taller de Erosión Costera donde se identificaban algunos de los principales problemas y su localización. La misma lista se presentó tres años después, en noviembre de 2011, cuando se realizó un “taller de intercambio de experiencias” denominado “Costa Canaria Espacio de transición entre la tierra y el mar, Interfase donde tierra, mar y atmósfera interactúan”.

Así se concluye que la erosión de playas (por sobreextracción de arena por canteras, urbanizaciones, forestación y turismo) se daba en Neptunia, en la franja que va de Balneario Argentino a Jaureguiberry y en toda Ciudad de la Costa; la erosión de barrancas (debida a eventos severos de tormentas) se puede ver en Neptunia, Villa Argentina, La Floresta, Guazuvirá, Santana y Balneario Suizo; la erosión asociada al desagüe de pluviales directamente a la costa (provocada por escurrimientos superficiales, impermeabilización) se ve en varios sectores entre el arroyo Carrasco y el Solís grande; evasión de arenas (debida a entradas y corredores inconvenientes y al tránsito de vehículos sobre médanos) está en varios sectores entre balneario Atlántida y La Floresta y en El Pinar; interferencia a los procesos naturales (por urbanizaciones, represamientos y forestación) está en la desembocadura de los arroyos Pando y Sarandí y en La Floresta.

La lista, más o menos textual, es un poco agotadora y eso que es una selección de problemas. Algunos de esos inconvenientes ya estaban planteados en una serie de talleres organizados por la intendencia de Canelones. La situación en La Floresta ya había sido documentada a comienzos de la década de 1960.

En los talleres de 2011, se concluyó que “la degradación de la costa necesariamente debe ser corregida y protegida, debido a los servicios ecosistémicos que brinda”. Llamados similares se repiten en cada reunión de trabajo entre los involucrados en el tema. Pero las soluciones reales se demoran.

Los problemas concretos, que no han conseguido de los papeles y las buenas intenciones, los padecen los vecinos. Las playas de Solymar, por ejemplo, están ganadas por cursos de agua que rompen la arena y, de paso, la mantienen siempre húmeda. Eso fue provocado por la construcción de la doble vía en la rambla que, de acuerdo a especialista, hizo de embudo para 300 hectáreas de aguas pluviales que bajan desde la interbalnearia. Eso ha generado una degradación clara de las primeras playas canarias.

Aunque los cambios en los cursos de los arroyos son efectos naturales, puede haber ayudado a acelerar el corrimientos de las desembocaduras del Pando o del Solís chico (que ya le sacó un kilómetro de playa a Parque del Plata) y del Solís grande, la disecación de los humedales con fines inmobiliarios. Alrededor del arroyo El Bagre en San Luis, ya no quedan las dunas que disfrutaron otras generaciones y los barrancos siguen llevándose casas cuando se derrumban. En Villa Argentina, en la zona conocida como El Águila, se ha debido intervenir para frenar el derrumbamiento total de la franja costera. Y “debemos olvidarnos de que haya una rambla en El Pinar”, dice el ingeniero Daniel Panario, quien dirige la Maestría en Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias. Reconoce, eso sí, que los cercados que se hicieron en 2005 han conseguido frenar en algo la pérdida de dunas por lo que “la playa de El Pinar está bastante estable”. Muchos de estos casos están retratados en una serie de videos que en 2010 realizaron un grupo de activistas adolescentes, Ecología Costera.

La naturaleza la que degradó a niveles de alta peligrosidad la rambla de La Floresta. Allí, desde 1966 se han perdido 55 metros de barranca, según un estudio de la Facultad de Ciencias. Eso ha generado complicaciones ciertas: la casa de veraneo de una pareja alemana está siendo desde hace años asediada por lo que alguna vez fue un cráter en el medio y hoy ya se ha robado la entrada principal y el frente. Una casa de retiro de los jesuitas ha perdido buena parte de su terreno.

Sin embargo, La Floresta parece ser uno de los pocos lugares donde se está intentando encarar una solución concreta y conjunta a los dos problemas acuciantes de su costa: la pérdida de los barrancos (que también es un efecto natural inevitable) y el problema de los pluviales.

Hay una consultora argentina trabajando en el tema, por ahora en la etapa de informe preliminar. Una vez que se defina el proyecto, habrá que hacer estudios, pedir autorización de Dinama, convencer a la intendencia de Canelones que participe y buscar “cómo lo pagamos”, de acuerdo l ingeniero Jorge Camaño, director de Hidrografía, que se encarga del proyecto.

El jerarca, a pesar de todos esos requisitos, es optimista respecto a que el año que viene ya se podría estar trabajando.

Los mayores esfuerzos en otros lugares han estado centrados en fijar las dunas, ya sea con cercas de malla sombra o madera. En algunos casos, como dice Panario, ha sido eficaz.

Para saber sobre los planes oficiales, tanto del gobierno nacional como del municipal ante una situación que muchos vecinos califican de urgente, Qué Pasa intentó comunicarse con las autoridades correspondientes pero no consiguió respuestas. A su vez, muchos de los activistas e investigadores que alguna vez denunciaron las situaciones de emergencia hoy trabajan para organismos oficiales vinculados a estos temas, por lo que también se excusaron de emitir opinión o trazar un panorama actual. Algunas de la ONGs más activas también están vinculadas a los proyectos oficiales.

“La costa pareciera que fuera un bien infinito y no lo es”, dice Panario. “No hay una política de defensa de la costa y su manejo. Ni hay una visión integral”.

El principal problema es que cualquier proyecto para frenar la erosión suele ser extremadamente caro. Y, es sabido, los recursos no necesariamente van a terminar yendo para ese lado. En muchos casos, vecinos, veraneantes y turistas van a tener que acostumbrarse a que algunas partes de la Costa de Oro no van a ser las mismas. O intentar como puedan frenar el impetuoso avance de la naturaleza. Está difícil.
65 kilómetros es la extensión de la costa de Canelones. Allí viven 150 mil personas.
300 hectáreas de aguas pluviales dan a la costa de Solymar, rompiendo la playa.
55 metros de barrancos se perdieron desde 1966 en La Floresta.
Fuente: http://www.elpais.com.uy