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China y Uruguay firmaron acuerdo sobre oceanografía; montar un laboratorio en un barco de la Armada solucionará “cuello de botella”.

22/05/2019

Los trozos de hielo se cortan en grandes bloques del río congelado Songhua para montar enormes esculturas. Las heladas obras de arte atraen cada enero a un millón de personas a la ciudad de Harbin, al norte de China. Con más de cinco millones de habitantes, es un lugar de fuerte influencia rusa y su población creció a partir de que en el siglo XIX ingenieros constructores de uno de las ramales del tren transiberiano se instalaron allí. Hasta el lugar llegaron en abril representantes uruguayos de la misión oficial a China, para tratar temas de educación y ciencia. A Harbin fueron para hablar de temas de economía azul. Azul, no verde. Es la que reconoce la importancia de los océanos y mares como fuentes de recursos que mueven la economía. En intercambios previos, el presidente Tabaré Vázquez y su par chino, Xi Jinping, habían coincidido, desde la asociación estratégica de 2016, en que el desarrollo de la economía azul era de mutuo interés. Ahora, durante la gira por China que culminó a fines de abril, la delegación acordó crear un laboratorio conjunto que tendría sede en el Centro Universitario Regional Este de la Universidad de la República (CURE), en Maldonado.
También quedó sobre la mesa un proyecto para adaptar al barco ROU 04 para que pueda hacer tareas de investigación en el mar. Del viaje participó la ministra de Educación, María Julia Muñoz, el vicerrector de la Universidad de la República (Udelar), Álvaro Mombrú, el secretario de Ciencia y Tecnología, Eduardo Manta, y autoridades de varias instituciones. Uruguay tiene más superficie marina que terrestre (350 millas marinas) desde que en 2016 se le autorizó una extensión de su territorio. Pero tiene una debilidad: el conocimiento que posee sobre esta enorme porción de mar que le corresponde. “Queremos estudiar cómo no depredar las especies. En esto los chinos están teniendo especial cuidado porque estuvieron al borde, y ahora están cuidado mucho la reproducción de los peces. Vázquez tomó la preocupación porque tenemos el triple de superficie marítima que la terrestre y es una fuente de recursos muy importante y no bien estudiada: para saber cómo no depredar, saber qué pescas, en qué época, cómo, con qué, estudiar las algas, el plancton, todo lo que se puede transformar en alimento”, dijo Muñoz a Búsqueda. El viernes 12 de abril, Muñoz le presentó a las autoridades de la Universidad de Ingeniería de Harbin un proyecto de cooperación que busca la transformación del buque nacional ROU04, para funcionar como Laboratorio de Oceanografía. Como resultado de las conversaciones firmaron un memorándum de entendimiento para el área de oceanografía entre la universidad china y la Udelar. Fue una firma “entre dos candidatos a trabajar desde el punto de vista académico en esta transformación”, explicó Mombrú a Búsqueda, y destacó que esa universidad es muy fuerte en la construcción de equipos navales e incluso drones submarinos. Por iniciativa de Vázquez, un grupo de trabajo se reúne desde 2018 para preparar un plan de desarrollo y líneas sobre cómo abordar el desafío de la ampliación del mar territorial. “Para poder desarrollar prácticas de uso racional, de prospección, de pesca, necesitas líneas de base, parámetros físicos, químicos y biológicos de tu jurisdicción. Eso en Uruguay en parte está hecho, pero falta una parte de la foto”, dijo a Búsqueda Juan Cristina, exdecano de la Facultad de Ciencias. “A Uruguay le hace falta tener una plataforma; es un cuello de botella para el desarrollo de la oceanografía. Sin barco, estamos fritos”, afirmó. En 2014, Cristina comenzó a llamar la atención sobre la necesidad de “llenar enormes agujeros” de información en el mar (Búsqueda Nº 1.793). En 2016 surgió la oportunidad de lograr un acuerdo con la Universidad de San Pablo, que tiene sus barcos de investigación, pero no se concretó. “Siempre insisto” con la necesidad de tener laboratorios de oceanografía en un barco, aún más después de reclamar las 350 millas de soberanía, y “ahora se dio con la cooperación china”, celebró Cristina. Durante las conversaciones, los chinos llegaron a plantear a Uruguay la propuesta de crear una universidad específicamente para abordar el tema oceanográfico (una disciplina muy cara), algo que Uruguay descartó y definió que aprovecharía las instituciones que ya tiene y que están vinculadas al tema, como la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos y la Udelar. En este tema también podrá participar la Marina, que tiene una flota de barcos que podrían permitir estudiar el fondo del mar territorial uruguayo. Consultado por Búsqueda, Manta aclaró que el barco continuará cumpliendo sus funciones en la Armada. La idea es aprovechar cuando la embarcación entre a dique con el objetivo de realizar tareas de mantenimiento, para montar allí un laboratorio y aprontar camarotes para que se alojen científicos durante los recorridos, que llegan a lugares tan extremos como la Antártida. “La ampliación del mar territorial requiere articular las capacidades de infraestructura e investigación en oceanografía y costa”, destacó Manta. El martes 7, durante el Consejo Directivo Central de la Udelar, Mombrú repasó los logros del viaje en el área de la oceanografía, y habló del convenio bilateral para transformar parte del buque uruguayo ROU04 como laboratorio móvil de estudio oceanográfico y antártico. En ese momento, la decana de Ciencias Mónica Marín levantó la vista y alzó las cejas, como sorprendida por lo que escuchaba. Consultada por Búsqueda, Marín dijo que desconocía detalles de la propuesta y que se había enterado de primera mano en ese instante. Ello a pesar de que es la Facultad de Ciencias la que tiene un departamento para la investigación en esta área y trayectoria en el país en la formación de oceanógrafos. Sin embargo, en los últimos años la descentralización llevó a que estos temas sean prioridad para el CURE.

Laboratorio conjunto

“China está muy interesado en tener un laboratorio para el desarrollo de la economía azul. Hay que enviarles el proyecto pero tienen mucho interés”, dijo Muñoz. “Surgió porque, en una de las comisiones, China planteó cómo estudiábamos nosotros la pesca y la depredación que hacíamos, porque Uruguay tiene el triple de superficie marítima que terrestre, y afirmaron que había que estudiar esos recursos”, explicó. “China tiene un desarrollo en áreas que a Uruguay le importan mucho”, destacó la ministra. La propuesta es, en los próximos dos años, avanzar para lograr un laboratorio conjunto de oceanografía con la Udelar en el que participará el Cure. Eso incluye acuerdos bilaterales, intercambios y becas. El 18 de abril, durante la visita de las autoridades uruguayas a la Universidad de Oceanografía de Qingdao, la Udelar firmó con esa institución un memorándum de entendimiento para la cooperación en oceanografía que permitirá el intercambio de científicos, profesionales y estudiantes. La estación uruguaya en la Antártida es vecina de la de China, un trayecto de unos 25 minutos por un sinuoso terreno los distancia. Que Uruguay tenga capacidad para fortalecer su investigación en oceanografía y poder trabajar en conjunto para sumar conocimiento es de interés para China. “Ellos lo ven desde un punto de vista amplio. En Qingdao nos mostraron que a través de productos marinos habían desarrollado medicamentos y podrían desarrollar nuevos materiales”, planteó Mombrú. El 16 de abril tuvo lugar la tercera comisión mixta entre Uruguay y China, primera en la que participa la Udelar. Esta reunión para Mombrú fue “el punto central de la misión”, en el que se definieron las líneas de trabajo conjuntas de los próximos dos años: serán oceanografía, ciencias agrícolas, bionanofarma y Tics. La reunión de la comisión mixta de ciencia y tecnología se realizó con la participación del ministro de Ciencia y Tecnología de China, Wang Zhigang. Se prevén en un mes visitas de China a Uruguay para seguir avanzando en estos temas. Fuente: https://www.busqueda.com.uy

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El puerto de Montevideo y el Atlántico sur chino!!!!

18/04/2019

La fama de China en la actividad pesquera es ciertamente mala y se le atribuyen la pesca ilegal en las Z.E.E. de los países ribereños. Una docena de países han protestado contra los buques pesqueros chinos por depredación. Creíamos que ya habíamos visto la peor política de nuestras relaciones internacionales con la entonces Banda Oriental que derivó en la independencia de la República del Uruguay. Pero no, muchos años después vino la discusión limítrofe que se resolvió pacíficamente, aunque en forma imperfecta con el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo; llegó también la instalación de la pastera UPM (Ex Botnia), que hay quienes dijeron que no se instaló en Argentina por razones “non sanctas”. Ahora Tabaré Vázquez anuncia otra pastera que estaría en actividad en el 2020 y desemboca en el Río Uruguay y, sobre la que nuestro presidente habría dado el visto bueno. Recordamos todavía, la Disposición 1108/13 de la Subsecretaría de Vías Navegables de Argentina que prohibió los transbordos de las exportaciones argentinas en puertos uruguayos, demostrando, más nuestra incapacidad de actuar en forma sinérgica e integradora, por ejemplo, buscando acuerdos y fuentes de financiación para emplazar un puerto binacional de aguas profundas. Hace tiempo que expresamos nuestra preocupación respecto a la posible instalación de un puerto chino en Uruguay. Ahora, el presidente Tabaré Vázquez y sus ministros dictaron el 11 de febrero de 2019 el Decreto 54/19, por el que se amplió el Puerto de Montevideo a «las superficies de aguas y álveos entre la Punta Yeguas con la Punta Pedregal y ésta con la Punta Canario y las costas correspondientes entre ambas líneas», que de concretarse la instalación de un nuevo puerto se estaría violando el Art. 85º inciso 9º (habilitar los puertos) que la Constitución Nacional reserva al Congreso Nacional. Ello ha dio lugar (o viceversa) a que el Consorcio Chino Shandong Baoma Fishery Group presentara una propuesta para realizar un Megapuerto, en un predio de 28 hectáreas al oeste de Punta Yeguas a 20 km de Montevideo que habría de disponer una zona franca, para facilitar, aún más, las operaciones, de quienes están exentos de todo. Por una rara coincidencia, el lugar a instalarse lleva un nombre muy similar al de Puerto Yegua (Mare Harbour), que usan los buques de la Marina Real Británica en Malvinas y, por supuesto, no es un buen presagio. El presidente del Consorcio Jian Hongjun manifestó en Uruguay que la empresa se llamará Zhogjin Puerto S.A. y la inversión será de unos 250 millones de dólares, pudiendo operar desde este puerto chino, unos 500 buques pesqueros, es decir un número similar al de toda la flota pesquera argentina que opera en el Atlántico Sur. Por cierto, nunca sabremos si serán más, los chinos son expertos en buques mellizos y sus tres mil pesqueros pescan en el mundo en forma ilegal (INDNR). La empresa china (suponemos del Estado), además de ser una experta en gestión portuaria, lo es también en pesca oceánica. Podríamos decir que, para los chinos, es una inversión ideal, en un lugar estratégico, un Estado dentro de un Estado, que les dará cobijo y logística a cientos de buques mercantes y pesqueros, que hacen tráfico con Malvinas o capturan en forma clandestina nuestros recursos en el atlántico sur. Ya sucede ello, en forma alarmante en Montevideo, imaginemos lo que habrá de ocurrir en este puerto privado bajo el monopolio chino y con controles inexistentes de Uruguay y Argentina en el Río de la Plata, la Zona Común de Pesca y el Atlántico Sur. Pero, de las propias declaraciones de Jiang Hongjun, este puerto se dedicará a la “reparación, mantenimiento y suministro de recursos materiales para flotas pesqueras del Atlántico Sur”, es decir le dará apoyo a la flota ilegal que captura en la ZEE Argentina o sobre sus especies migratorias.

Son solo las agrupaciones medioambientales uruguayas las que se oponen al proyecto, y presionan sobre la Junta Departamental, quien debe recategorizar la zona que está tipificada como rural. ¿Y los empresarios portuarios y pesqueros uruguayos y argentinos?

¿Qué harán los rioplatenses cuando por imperio de los Artículos 73º, 74º y 75º del Tratado del Río de la Plata, los buques chinos comiencen a pescar en la Zona Común de Pesca?
¿Los permisos de pesca uruguayos consolidarán la presencia de los chinos en la milla 201?
¿Quién y con qué se controlarán estas capturas que se desembarquen en un puerto privado chino? y,
¿el tránsito, con bodegas y contenedores llenos de capturas subrepticias en la ZEE o adyacente a ésta, o con licencias ilegales británicas de Malvinas?

El sector empresario pesquero debería reaccionar, para oponerse en forma enérgica a la ocupación del Atlántico Sur por parte de estos buques depredadores, entre ellos también los españoles, que subsidiados, extraen sin control, un millón de toneladas anuales por un valor de unos dos mil millones de dólares, compitiendo en el mercado internacional con las empresas argentinas y uruguayas y, depredando los recursos de las próximas generaciones. La política de los armadores pesqueros no debiera limitarse solo a las cuestiones extractivas y comerciales, sino también a las portuarias y, muy especialmente, a los Acuerdos que los distintos gobiernos, sin ningún análisis de sustentabilidad biológica, económica y social, firman con los países desarrollados que explotan en condiciones muy ventajosas nuestros recursos en el Atlántico Sur, atentando contra la ocupación territorial, el desarrollo industrial y la generación de empleo.
¿Qué opinan las Comisiones del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, integrada por funcionarios de ambos países? ¿Y el Consejo Federal Pesquero? y ¿la Cancillería Argentina, que anuncia en el G20 un Acuerdo con China, cuyo contenido, los principales actores de la explotación pesquera desconocen? Un Acuerdo que no fue previamente tratado en el Consejo Federal Pesquero, en el que participa como miembro activo un diplomático de Relaciones Exteriores, ni tampoco por el Congreso Nacional. ¿Y el Canciller?, analiza, sí según el protocolo, corresponde un servicio francés o inglés, y cómo distribuir las copas y los cubiertos. La mesa, está a punto de servirse y, los comensales chinos son de buen comer. Cuando pasen unos años, nadie se acordará de quién era este señor, pero el Atlántico Sur estará ocupado, el caladero agotado como tantos otros mares del mundo y, las empresas argentinas quebradas y los trabajadores sin empleo. Este puerto en la boca de entrada del Río de la Plata no solo ocuparía también un lugar estratégico con relación a la hidrovía, sino que sería un gran foco de contaminación, cuyos efectos serían impredecibles para la región. La fama de China en la actividad pesquera es ciertamente mala y se le atribuyen la pesca ilegal en las Z.E.E. de los países ribereños. Una docena de países han protestado contra los buques pesqueros chinos por depredación, entre ellos Ecuador, Chile, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Corea del Sur, Vietnam, Mauritana, Senegal, Guinea, Sierra Leona, etc. Queda claro que las áreas 87 y 41 de la FAO son de su interés después de haber depredado todo el mundo. No es un país al que se puede abrirse el mar por su asimetría con los nuestros en materia de negociación y, porque sus embarcaciones, no respetan las normas internacionales vigentes ni de los Estados ribereños. Calamar que se duerme lo lleva la corriente. Fuente: mundiario.

Dr. Marcos Sommer’s insight:
La Sostenibiliad es un compromiso ético relacionada con el modo de vida y es un conjunto de pautas fundamentales y de procedimientos sobre la gestión de nuestras actividades en la biósfera. Aún queda mucho camino hasta lograr que la explotación de los recursos pesqueros sea sostenible y respetuosa con el medio ambiente como se propugna en muchos acuerdos internacionales y regionales. Se trata de integrar la ecología, la seguridad económica, el bienestar social, la participación y la responsabilidad. Su contexto histórico es bien conocido y deriva de inquietudes locales, regionales, nacionales e internacionales por asuntos como la deforestación, la desertización de mares y océanos, por la globalización, el racionalismo económico y la distribución de los recursos, y por la salud, el bienestar y el sentido de comunidad.
En concreto, ciertos principios de sostenibilidad han sido ratificados en convenios internacionales como Agenda 21 (Naciones Unidas, 1992) o en estrategias nacionales para el desarrollo sostenible, como las formalizadas en Australia en el Acuerdo intergubernamental sobre el Medioambiente de 1992. Estos principios son:
(1)Integración
(2)Participación Pública
(3)Equidad Intra E Intergeneracional
(4)Precaución
(5)Mejora Constante Y
(6)Mantenimiento De La Diversidad (Tanto Diversidad Cultural Como Biológica o Geológica).
Los principios de sostenibilidad han sido respaldados por un amplio compromiso de décadas con el modelo de desarrollo sostenible de “triple objetivo”. Este modelo es el que analistas, políticos e intereses industriales y comunitarios han adoptado en términos retóricos, pero que han encontrado menos factible para su implementación en términos reales.
La conservación de los recursos marinos puede considerarse según valores intrínsecos e instrumentales. Estos ecosistemas tienen valor por y para si mismos, independientemente de su importancia social, medioambiental o económica para las personas. Pero el valor instrumental de los ecosistemas marinos es lo que suele impulsar la práctica de conservación y los asuntos de gobernabilidad en el caso del Océano Austral. Evidentemente en términos instrumentales, es importante asegurar el mantenimiento a largo plazo de los ecosistemas marinos para disfrutar la inspiración y riqueza.  Sus estructuras y funciones deberían mantenerse lo más cerca posible de su estado imperturbado y no sufrir efectos irreversibles a raíz de un uso continuado ni efectos negativos que eviten la adaptación a presiones naturales.
En términos instrumentales, la sostenibilidad de los ecosistemas marinos implica emitir juicios acerca de la utilización de los recursos marinos y aceptar la noción de límite; sin embargo los valores de utilización no pueden basarse únicamente en conocimientos técnicos o ecológicos y es importante comprender los aspectos de oferta y demanda, producción y consumo, cómo estos sistemas presionan a individuos y grupos para que actúen sin respetar los límites o poniendo en peligro los ecosistemas.
❗Las implicaciones biofísicas, socioeconómicas y culturales de la utilización de los recursos y habitas del Océano Austral son importantes porque juntas definen el clima político en el que deben operar las estrategias de gestión del ecosistema / sistema humano. Por lo tanto, los procesos y los resultados de sostenibilidad dependen de decisiones de gestión y política que son adaptables y responden a la imprevisibilidad de los ecosistemas y las condiciones socioeconómicas. En consecuencia, la sostenibilidad de los ecosistemas marinos trata de consideraciones sociales, culturales y económicas así como de ecología, dinámica de población y conservación.
Los dilemas planteados por la conservación de la merluza negra y de los recursos del Océano Austral influyen en cada uno de los principios de sostenibilidad. Como mínimo, en mantenimiento de la especie y de la diversidad de su hábitat, requiere una integración vertical y horizontal de la política, el ejercicio de precaución y niveles elevados de cultura y conocimientos ecológicos. Este requisito no es abstracto, sino que afecta materialmente a políticos, burócratas y poder judicial, operaciones pesqueras comerciales e industrias relacionadas, ONG, comunidades pesqueras, científicos y consumidores. También exige participación pública en la toma de decisiones y varios niveles de gobierno y control, y a varias escalas espaciales.

De manera significativa, los océanos y los mares abiertos pertenecen al dominio público. Por consiguiente, el objetivo será pasar de la idea de propiedad que tienen las comunidades de interés estrechamente circunscritas por la soberanía o la asociación con el comercio, a la propiedad como responsabilidad, es decir, la idea de preocuparse por regiones que son propiedad común para el beneficio de la humanidad en su totalidad y para el beneficio de la naturaleza y los ecosistemas de los que dependen sus miembros.

La situación actual de las pesquerías mundiales- el 60 por ciento de las principales poblaciones comerciales supervisadas requieren sistemas mejorados o nuevos de ordenación- refleja la necesidad de un mecanismo acertado de gestión. El desafío que se presenta a los gobiernos es como ordenar las pesquerías en una forma que permita el aprovechamiento completo y sostenible de los recursos, junto con la eficiencia económica y una generalización de los beneficios sociales.

Los seres humanos deben reorientar la forma en que ven los ecosistemas, de manera que consideremos su sostenibilidad como esencial para la vida. La adopción de este “enfoque ecosistémico” implica que evaluemos nuestras decisiones sobre el uso de la pesca y los recursos en términos de cómo afecta éste la capacidad de los ecosistemas para mantener la vida, pero no solamente el bienestar humano sino también la salud y el potencial productivo de plantas, animales y sistemas naturales.

Mantener esta capacidad se convierte en nuestra “llave maestra” para el desarrollo nacional y humano, en nuestra esperanza para acabar con la pobreza, en nuestra salvaguardia para la biodiversidad y en nuestro pasaporte hacia un futuro sostenible. Obviamente es difícil saber qué será sostenible en el ambiente físico o político del futuro. Es por ello que el enfoque ecosistémico hace hincapié en la necesidad de contar con buena información científica y con políticas e instituciones sólidas.

La meta de este enfoque es optimizar la variedad de bienes y servicios que producen los ecosistemas marinos, preservando al mismo tiempo su capacidad para generarlos en el futuro. Deberíamos estar plenamente conscientes de que hoy día carecemos tanto del conocimiento científico como de la voluntad política que se necesitan para enfrentar el reto. Si se han de tomar decisiones sólidas relativas al manejo de los ecosistemas marinos en el siglo XXI, es esencial que se produzcan cambios drásticos en la forma en que utilizamos el conocimiento y la experiencia de que disponemos, así como en el tipo de información que tendrá peso en las decisiones que se tomen sobre el manejo de recursos marinos con el fin de satisfacer las necesidades de información detectadas y de impulsar evaluaciones locales y regionales, se requiere una evaluación verdaderamente global e integrada de los ecosistemas marinos mundiales que vaya mucho más allá de nuestro análisis piloto.

“Naciones Unidas” radiografía la salud de la Tierra.

14/04/2019

La crisis medioambiental a la que el modelo insostenible de desarrollo del ser humano ha llevado a la Tierra tiene preocupantes caras. El amenazador y transversal cambio climático, la dramática pérdida de biodiversidad, la reducción drástica del agua dulce disponible, la mortífera contaminación del aire, la inundación de plásticos de los mares y océanos, la sobrepesca… El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha radiografiado los principales problemas ambientales del planeta partiendo del conocimiento científico disponible. Las conclusiones del extenso informe −740 páginas− Perspectivas del medio ambiente mundial (GEO, sus siglas en inglés) presentado en abril 2019, son inquietantes.  Lo son por lo que ya le está ocurriendo al planeta (con 7.500 millones de habitantes sobre la Tierra) y por lo que puede ocurrir en un futuro próximo (para 2050 la ONU prevé que sean 10.000 millones de personas y, para 2100, 11.000).

La humanidad no está en la senda para cumplir las metas fijadas para 2030 y 2050 en los distintos acuerdos internacionales sobre cambio climático, desarrollo sostenible y protección medioambiental. “Se requieren medidas urgentes ahora”, sostiene la ONU. El informe –el sexto que se realiza, el primero data de 1997– sostiene que, aunque en algunos puntos concretos hay alguna mejora, desde que se publicó la edición primera hace más de 20 años “el estado general del medio ambiente ha seguido deteriorándose en todo el mundo”. Según el análisis, los esfuerzos de algunos países y regiones se ven entorpecidos por modelos de “producción y de consumo insostenibles” y por el cambio climático.

“Es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”, concluye el informe. La parte positiva es que se conocen las medidas que hay que tomar y que incluso están recogidas en tratados internacionales como el Acuerdo de París o los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Se debe frenar la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, mejorar la gestión del agua y de los recursos, mitigar el cambio climático y adaptase a él, usar los recursos con eficiencia…

Pero lo más negativo es que los diferentes estudios científicos analizados apuntan a que los países no están caminando en esa dirección. La sexta edición del GEO advierte de que las proyecciones indican “que los avances son demasiado lentos para alcanzar las metas, o que incluso progresan en sentido equivocado”.

Por lo tanto, si no se producen los cambios drásticos que se señalan, se incumplirán los objetivos establecidos en el Acuerdo de París contra el cambio climático y los ODS. “La incapacidad constante para adoptar medidas urgentes está teniendo repercusiones negativas sostenidas y potencialmente irreversibles sobre los recursos ambientales esenciales y la salud humana”, señala el informe, elaborado por 250 científicos y expertos de 70 países.

El estudio se ha presentado este miércoles, coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que se celebra en Nairobi (Kenia), de donde se espera que pueda salir algún acuerdo concreto, por ejemplo, para la reducción del consumo de plásticos. Los representantes de los Estados que se sientan a negociar tendrán sobre la mesa esta radiografía de la crisis medioambiental del planeta.

Cambio climático. En riesgo de incumplir el Acuerdo de París.

El problema del cambio climático –para muchos expertos, el gran reto de la humanidad para este siglo− recorre de forma transversal todo el informe de la ONU. “El cambio climático altera los patrones meteorológicos, lo que a su vez produce un efecto amplio y profundo sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad, que pone en peligro los medios de subsistencia, la salud, el agua, la seguridad alimentaria y energética de las poblaciones”, explica Naciones Unidas. Y esto, a su vez, “agudiza la pobreza, la migración, el desplazamiento forzado y el conflicto”, añade.

“Las pruebas del cambio climático actual son inequívocas”, zanjan los expertos. “Desde 1880 la temperatura media de la superficie mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados Celsius aproximadamente. En el último decenio se han producido ocho de los 10 años más cálidos de los que se tiene constancia”, resumen el informe. Los expertos del PNUMA, en línea con lo que ya señaló el IPCC, advierte: “de persistir las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura media mundial seguirá aumentando al ritmo actual y superará entre 2030 y 2052 la meta del Acuerdo de París”, es decir, se superará el 1,5 grados de incremento medio.

Para cumplir París, recuerda el informe, se necesita que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan entre un 40% y un 70% entre 2010 y 2050. Para 2070, simplemente, deberán ser cero. Pero, según resaltan los expertos, cumplir con el Acuerdo de París será más rentable para la economía mundial que no hacerlo. Alcanzar la meta de los dos grados tendrá un coste de 22 billones de dólares (19,5 billones de euros), pero se calcula que los ahorros de salud mundial –por la reducción de las muertes y enfermedades relacionadas por la contaminación de los combustibles fósiles– si se cumple ese objetivo “ascenderían a unos 54 billones de dólares (47,8 billones de euros)”.

Contaminación del aire. Entre seis y siete millones de muertes prematuras.

“La contaminación del aire es el principal factor ambiental que contribuye a la carga mundial de morbilidad”, señala la sexta edición del GEO. “Ocasiona entre seis y siete millones de muertes prematuras” al año, además de “pérdidas anuales en materia de bienestar estimadas en 5 billones de dólares” (4,4 billones de euros). El informe incide en que, en 2016, el 95% de la población del planeta residía en zonas con unos niveles de exposición a las partículas finas (las de menos de 2,5 micras de diámetro y las más peligrosas) por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y advierte también la ONU de que “los impactos económicos por la pérdida de vidas, el incremento de la asistencia sanitaria y la pérdida de productividad de los trabajadores por la contaminación del aire es considerable”. El informe recuerda que el Banco Mundial cifró en 5,1 billones de dólares (4,5 billones de euros) las pérdidas ocasionadas por las muertes prematuras relacionadas con la polución. “El equivalente al PIB de Japón en 2013”, añade el estudio.

El informe de la ONU relaciona directamente la contaminación del aire con el cambio climático. Las soluciones para ambos problemas están en el mismo lugar, en la eliminación de los combustibles fósiles responsables de los gases de efecto invernadero y de los principales contaminantes atmosféricos.

Biodiversidad. Sobreexplotación y pérdida de hábitats.

La biodiversidad –variedad de seres vivos, de especies y ecosistemas- también está en crisis. Se enfrenta a una lucha desigual en la que domina la transformación del suelo, la pérdida y degradación de hábitats, prácticas agrícolas insostenibles, propagación de especies invasoras, contaminación y sobreexplotación. En este listado la ONU incluye la tala ilegal y el comercio ilícito de especies silvestres, un lucrativo negocio que mueve al año entre 90.000 y 270.000 millones de dólares (entre 80.000 y 240.000 millones de euros). Los gobernantes y sus políticas no han estado a la altura para atajar un deterioro que continúa, porque, aunque se aprecia un avance, “se requieren mayores esfuerzos para alcanzar los objetivos internacionales”.

ÁREAS PROTEGIDAS EN EL MUNDO

En 2018. Marítimas y costeras (en azul) y terrestres (en verde)

El descontrol reinante ha desencadenado una importante disminución de las poblaciones de especies. En la actualidad, se considera que el 42% de los invertebrados terrestres, el 34% de los de agua dulce y el 25% de los marinos se encuentran en riesgo de extinción. A los vertebrados terrestres no les va mucho mejor, entre 1970 y 2014 la abundancia de sus poblaciones mundiales se redujo en un promedio del 60%. La diversidad genética, imprescindible para mantener tanto la vida salvaje como la variedad de granos y razas de animales, apunta a la baja y abre la puerta a la amenaza para la seguridad alimentaria, dado que este escenario afecta “de manera desproporcionada” a las personas más pobres, las mujeres y los niños. “Los medios de subsistencia del 70% de las personas que viven en situación de pobreza dependen directamente de los recursos naturales”, concreta el informe.

Los ecosistemas arrastran una disminución semejante. De cada 14 hábitats terrestres, 10 han experimentado un descenso en la productividad de la vegetación y la mitad de las ecorregiones se encuentran en situación desfavorable de conservación. Como claros ejemplos, la ONU señala el colapso del mar Aral o los bosques de musgo nudoso en la isla de Lord Howe (Australia) y los bosques de Gonakier (Senegal y Mauritania), en peligro crítico. Las zonas protegidas no llegan al 15% de los hábitats terrestres, incluidas las aguas interiores, y al 16% de las zonas costeras y marinas dentro de las jurisdicciones nacionales.

Océanos y costas. El 75% de la basura marina es plástico.

Los principales enemigos de océanos y costas son el calentamiento global, la acidificación del agua (por la captación de CO2), la contaminación marina con los plásticos en el primer puesto, y su uso creciente para la producción de alimentos, junto con el transporte, los asentamientos y la extracción de recursos. Ecosistemas marinos como los arrecifes de coral están siendo devastados y se enfrentan a una decoloración masiva ocasionada por el calor crónico que ya afecta al 70% de estas superficies en el mundo. La Gran Barrera de Coral australiana es una de las más perjudicadas con más del 50% de su extensión afectada, mientras que los manglares han perdido entre el 20% y el 35% de su área de distribución desde 1980. El valor de los arrecifes de coral se estima en 29.000 millones de dólares anuales (25.700 millones de euros), por su repercusión en la pesca, el turismo, la salud y los hábitats marinos. La situación es tan grave que la ONU sostiene que los Gobiernos deben prepararse para “una drástica disminución cuando no un colapso” de las industrias y los servicios basados en estos ecosistemas.

A todo ello se le añade la basura marina, compuesta en un 75% por plásticos y microplásticos que vagan sin control y a cualquier profundidad por los mares. Cada año, recuerda el informe, ocho millones de toneladas de materiales plásticos acaban en los océanos. Y, a su vez, esos plásticos desprenden sustancias tóxicas que se acumulan en la fauna marina y que pueden llegar al hombre “afectando a la fertilidad masculina y femenina, así como al desarrollo neurológico infantil”.

De no tomarse medidas, avisan los científicos, existe un gran riesgo de que se combinen todos los factores causantes del deterioro de los ecosistemas marinos para producir un “ciclo destructivo” que desemboque en que los océanos dejen de prestar servicios vitales como medios de vida, ingresos o beneficios para la salud.

Agua dulce. Competencia entre el consumo humano y la agricultura.

La reducción de la disponibilidad del agua dulce unida a sus malas condiciones aumenta la competencia por este recurso, señala el informe de la ONU. “La calidad del agua ha empeorado significativamente desde 1990, debido a la contaminación orgánica y química ocasionada por, entre otros, agentes patógenos, fertilizantes, plaguicidas, sedimentos, metales pesados, desechos plásticos y microplásticos”. Además, uno de cada tres habitantes del mundo “no tiene aún acceso a servicios de saneamiento adecuados”.

AGUA UTILIZADA PARA LA AGRICULTURA

Respecto a la cantidad disponible, el análisis apunta a que “la agricultura utiliza en promedio el 70% de los recursos de agua dulce” del mundo. Pero en muchos de los países más pobres, “esa cifra llega al 90%”. La ONU insta a mejorar “la eficiencia de la utilización del agua en la agricultura y, al mismo tiempo, producir más alimentos y utilizar menos insumos”. “Muchos acuíferos se están agotando rápidamente por el exceso de extracción de agua para el riego, el consumo de agua potable y los usos en la industria y la minería”, detalla el GEO.

La situación de los humedales también es preocupante y se advierte de que han desaparecido desde 1970 el 40% de estos ecosistemas, que son clave en la lucha contra el cambio climático. Y culpa al desarrollo de la agricultura, la urbanización, las infraestructuras y la explotación excesiva de los recursos hídricos.

El suelo. La desertificación amenaza a las zonas más deprimidas

La ONU considera que es probable que la degradación de la tierra se agrave mientras no exista un marco de políticas de gestión nacional e internacional, lo que podría acelerar la migración en algunas regiones. Se estima que en 2050 unos 4.000 millones de personas vivirán en tierras desertificadas, sobre todo en regiones deprimidas de África o sur de Asia. La deforestación, que se ha ralentizado algo pero sigue avanzando, se presenta como otro de los principales retos, junto con las aglomeraciones urbanas, que en 2015 representaban un 7% de la superficie terrestre mundial.

La agricultura y la ganadería suponen uno de los principales impactos. La obtención de alimentos utiliza el 50% de la tierra habitable y el 77% de las zonas agrícolas se destinan a la producción de piensos, los pastizales y el pastoreo para la producción de carne. Para alimentar a los 10.000 millones de personas que se prevé poblarán el mundo en 2050 se necesitará un incremento del 50% en la producción de alimentos. En la actualidad, el 33% de la comida se pierde o se desperdicia, sobre todo en los países desarrollados. El informe aconseja adoptar dietas con menor consumo de carne y reducir esos desechos. También existen oportunidades que “podrían generar beneficios para el ecosistema de miles de millones de dólares”, siempre que se modifique la gestión de la tierra y se consiga almacenar el carbono, reducir la contaminación o controlar la erosión.


Fuente: El País

El timo del sushi que comes: no es el pescado que te dan

20/03/2017


Los estudios revelan que en ocasiones las especies que se anuncian no son realmente las que se sirven, un fraude que afecta también a otros productos del mar.
¿Apetece un poco de sushi? El pescado crudo al estilo japonés se despacha hoy en innumerables restaurantes y tiendas de alimentación. Sus muchos adeptos pueden elegir entre distintos modos de preparación y diversos tipos de materia prima, como varias especies de atún, jureles, salmón, pargo rojo o fletán. Pero ¿podemos estar seguros de que el pez que comemos es realmente el que debería ser?

Posiblemente algunos pensarán que su fino paladar lo detectaría de no ser así. Pero tal vez se equivoquen, dado que este caso es mucho más frecuente de lo que podríamos sospechar. La última prueba de ello acaba de publicarse en la revista Conservation Biology y es fruto del trabajo de un equipo de investigadores de las Universidades de California en Los Ángeles (UCLA), de California en Santa Bárbara y de Loyola Marymount, todas en EEUU.

El estudio es uno de los más completos elaborados hasta la fecha, ya que en lugar de tomar muestras de forma puntual, los autores llevaron a cabo un seguimiento durante cuatro años, de 2012 a 2015, en 26 restaurantes y tres tiendas de alimentación de alta gama del área de Los Ángeles. En total reunieron 364 muestras de sushi de diez variedades de pescado diferentes. Para el proceso de toma de muestras, contaron con la ayuda de casi 300 estudiantes de biología marina de la UCLA.

Los estudiantes debían acudir a los establecimientos elegidos, pedir una ración de sushi, recoger una pequeña muestra con unas pinzas y conservarla en un vial para su examen posterior en el laboratorio. Para analizar las muestras se empleó la técnica llamada DNA Barcoding, o código de barras de ADN, un procedimiento muy utilizado actualmente para la identificación de especies que consiste en leer un gen mitocondrial (los situados fuera del núcleo de la célula y de los que existen múltiples copias), habitualmente el de una molécula llamada subunidad 1 de la citocromo c oxidasa (COI). La secuencia de la COI permite diferenciar las especies entre sí.
Ni rastro de pargo rojo y fletán

Los resultados del estudio son sorprendentes: el 47% de las muestras de los restaurantes y el 42% de las de los comercios contenían un pescado diferente al anunciado. El fraude afecta a todos los establecimientos, pero no a todas las especies por igual: mientras que el salmón y la caballa o el verdel (en inglés mackerel, género Scomber) eran auténticos en una mayoría de casos, pero no en todos, los errores eran más frecuentes en el jurel japonés o hamachi (yellowtail, género Seriola) y el atún de aleta amarilla (yellowfin tuna, Thunnus albacares). Sólo el atún rojo cumplió en el cien por cien de los casos. Curiosamente, en el otro extremo quedaron el pargo rojo (red snapper, Lutjanus campechanus) y el fletán (halibut, género Hippoglossus): ni una sola de estas muestras era realmente pargo rojo o fletán.

Tampoco todos los engaños son igual de graves. De las 48 muestras de atún, todas excepto una contenían atún, pero de una especie diferente a la anunciada. Más alarmante es el caso del pargo rojo y el fletán: las muestras correspondían a varias especies de lenguados, entre ellas el lenguado japonés (Paralichthys olivaceus), que según el estudio ha causado “brotes descontrolados de gastroenteritis en Japón” por la presencia de un parásito.

Los autores destacan también que la sustitución de una especie por otra puede introducir pescados con mayores niveles de sustancias tóxicas como el mercurio. Pero además del fraude al consumidor y de los posibles riesgos para la salud, el estudio subraya una tercera consecuencia, y es la posibilidad de que las preparaciones de sushi incluyan especies sobreexplotadas o amenazadas, burlando las regulaciones que tratan de conservar la buena salud de las pesquerías.

El resumen del director del estudio, Paul Barber, es que “la mitad de lo que compramos no es lo que pensamos”. Y por si alguien piensa que esto sólo afecta a los habitantes de Los Ángeles, que abandone la idea. Aunque el estudio no investiga en qué momento de la cadena de distribución se introduce el error, Barber y sus colaboradores sospechan que al menos en ciertos casos es deliberado; pero que los culpables no están en los restaurantes o tiendas, sino tal vez en origen, antes de la exportación del pescado a muchos países del mundo.

De hecho, los autores han reunido también datos de estudios previos en diversos países que apuntan hacia un problema generalizado, aunque las tasas de fraude detectadas en Europa suelen ser menores que en EEUU. “Podría ser que el número de especies que pueden venderse bajo distintos nombres específicos de mercado sea mayor en la Unión Europea que en EEUU, o que en Europa los controles de importación o de cadena de custodia sean mayores”, apunta Barber a EL ESPAÑOL.

Sin embargo, los datos varían mucho de unos estudios a otros: en Europa, una investigación encontró niveles de fraude con la identificación del pescado en torno al 5% en varios países, pero en Irlanda se han detectado errores hasta del 25%, y en Italia de hasta el 77%. El autor principal del estudio, Demian Willette, señala a EL ESPAÑOL que para poder comparar unos estudios con otros se necesitaría “un esfuerzo coordinado para tomar muestras de los mismos pescados, de la misma manera, a lo largo del mismo período durante varios años”.
Gato por liebre, en versión marina

En España ya existen investigaciones sobre la autenticidad de algunos alimentos marinos. Por ejemplo, un estudio publicado el pasado julio por la Universidad de Oviedo revelaba que el 15,2% de los crustáceos (como los langostinos) y moluscos (como la sepia) analizados eran en realidad otro animal diferente, en algunos casos especies que no deberían consumirse por la escasez de sus poblaciones. Otro estudio detectó un 20% de errores en el etiquetado de 11 especies de merluzas.

Este último caso ilustra uno de los problemas más complicados de resolver: tener la seguridad de que no nos dan gato por liebre cuando el pescado se presenta en filetes u otras preparaciones procesadas que no nos permiten observar directamente el animal de partida. Esto mismo ocurre con el sushi y el sashimi, pero también con otros productos como el surimi, esas barritas de pescado tan populares en ensaladas y guisos.

Los expertos como Barber y Willette concluyen que el nivel de fraude podría reducirse con regulaciones más estrictas y una mayor vigilancia. Pero hay otra posibilidad que tal vez algún día nos ofrezca un mayor control a los consumidores sobre lo que compramos y comemos. Varios investigadores trabajan en el desarrollo de aparatos portátiles de DNA Barcoding que puedan utilizarse para comprobar in situ si lo que se anuncia es lo que se vende. “No tengo ninguna duda de que estos aparatos llegarán”, afirma Barber.

Willette apunta que “a corto plazo, este tipo de tecnología puede llegar primero a las agencias y departamentos encargados de vigilar nuestra comida, y tal vez a los proveedores de alimentos”. Pero añade que después podríamos tenerla en nuestros bolsillos: “quizá como un dispositivo adicional y una app para el teléfono móvil; ésta sería una poderosa herramienta para el consumidor”.
Fuente: http://www.elespanol.com/

Plástico contaminación de los Océanos.

28/12/2016

Denominada basura marina, constituye uno de los más graves problemas de contaminación de nuestros océanos y lo peor de todo es que es imparable. Más del 60% de la basura que llega son plásticos. Ya en el año 2005 el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), puntualizaba que por kilómetro cuadrado se encontraban unas 13.000 partículas plásticas, bien flotando, bien en el fondo del mar.

La primera víctima de los depósitos plásticos en el mar es la vida animal. Se calcula que 267 especies, principalmente pájaros y mamíferos marinos se comen los residuos plásticos o llevan el alimento a sus crías. Hace seis años, una ballena blanca fue hallada muerta en las costas de Normandía, Francia, con 800 kilos de desechos plásticos en el estómago. En regiones como California es muy común encontrar tortugas, leones marinos y focas muertos por la ingesta de plásticos. El atolón de Midway, cercano a Hawai, es el símbolo máximo de la tragedia que causa el plástico en los mares.

Por capricho de las corrientes marinas, el atolón recibe diariamente todo el plástico proveniente del Japón y de la costa oeste de Estados Unidos. La basura de Midway provoca la muerte de la mitad de los 500 mil albatros que nacen en el atolón y que confunden el plástico con comida.

El plástico del tipo de PVC, empleado en botellas, juguetes y una infinidad de artefactos domésticos puede contener compuestos de estaño, que resulta altamente tóxico para moluscos y peces. Esas sustancias, que llegan al mar por las lluvias que se han originado en rellenos sanitarios, causan alteraciones hormonales que modifican el sistema reproductivo y disminuyen la tasa de fertilidad de los animales.

El plástico hallado en los océanos no es solo aquel que va quedando en las playas, como vasos y recipientes de bebidas. Una de las principales amenazas proviene de piezas casi invisibles, los llamados “pellets”, bolitas con medio centímetro de diámetro utilizados como materia prima en las industrias. El mundo produce actualmente 230 millones de toneladas de productos plásticos por año, contra cinco millones en la década de los 50.
El mundo produce 10.000 millones de toneladas al año de residuos y no se recoge o trata ni la mitad. El resto queda en el mar, los ríos y en el aire.
La basura va a parar a nuestros mares y océanos. Podemos encontrar plástico, goma, metal, madera y vidrio flotando en nuestros océanos o depositados en nuestras playas. La basura en el mar además de ser peligrosa para los barcos, buceadores y bañistas, pone en peligro la fauna marinos, por lo tanto, a la población humana.

Cada hora se vierten al mar unos 675.000 kilos de basura o cerca de 6 millones de toneladas al año, de las cuales, un 50% son plásticos. Estas basuras matan cada año a unos 100.000 mamíferos y tortugas marinas. De hecho, en los océanos llegan a encontrarse concentraciones de hasta ocho millones de fragmentos plásticos por kilómetro cuadrado flotando en los mares, y se considera que estos sólo representan un 10%-15% de los que existen en los fondos y costas.

Los “pellets” llegan a los océanos por medio de los barcos que los utilizan para limpiar sus tanques. Esas bolitas tienen una gran capacidad de absorción de contaminantes. Sólo una de ellas puede concentrar un millón de veces más contaminantes que el agua donde se depositan, envenenando la vida marina.

Recientemente investigadores de Estados Unidos, Inglaterra y Canadá realizaron un mapa del impacto de la acción humana sobre los mares. De acuerdo al estudio, apenas cuatro por ciento de las regiones oceánicas en el mundo –localizado en los polos– ha sido inmune al destrozo de los hombres. Y nada menos que 40 por ciento de las regiones registran interferencia humana de alta o mediana intensidad.

cubo investigacionDiez tips para ayudar al océano desde tu casa

Aunque no vivas cerca del mar, te sorprendería saber cómo la mayoría de las cosas que haces y consumes lo afecta. Te ofrecemos diez tips para ayudar a su conservación y regeneración desde tu casa.
Tristemente, el océano es el mayor receptáculo de casi toda la basura del mundo. Es en gran medida por ello, además del calentamiento global y la pesca desmedida, que sus ciclos vitales están colapsando. Pero todos podemos ayudar, aunque no vivamos cerca del mar. A continuación algunos consejos para ayudar a su conservación y crecimiento.

1. Compra alimentos del mar sustentables
Asegúrate que los alimentos marinos que consumes sean sustentables. El programa Monterey Bay Aquarium Seafood es un gran recurso para saber qué especies son las mejores en cada temporada.

2. Minimiza tu basura
Desafortunadamente mucha basura termina en los océanos del mundo, donde potencialmente puede tomar millones de años en desintegrarse. En el Océano Pacífico hay unos bancos gigantes de bolsas de basura, y mientras la basura lentamente se desintegra, los animales se la comen y reducen su posibilidad de procrear, o simplemente mueren.

3. Reduce tu uso de electricidad
Investigadores aseguran que la demanda de energía es una de las partes responsables del cambio climático. Considera contactar a un electricista para instalar aparatos de eficiencia energética; deja tu auto en casa si puedes y busca renovaciones ecológicas para tu casa. Al reducir tu demanda de energía ayudaras a bajar tus gastos y ayudar al medioambiente.

4. Cuida de la playa
Si eres tan suertudo como para vivir cerca del mar, ¿por qué no regalarle algunos días del año? Participa en una limpieza grupal o en un programa de conservación de playas. También puedes simplemente recoger toda la basura que encuentres a tu paso y dejarla en un basurero para que no se la lleve el mar.

5. Compra cosméticos, joyas y demás accesorios que sean amigables con el mar
Aléjate del coral, productos hechos con conchas o caracoles u otros materiales que sean parte de la explotación del océano. En lugar de eso puedes explorar el mundo de opciones recicladas que existen. Ten cuidado con el escualeno, un compuesto orgánico comúnmente derivado de los tiburones, aunque también puede derivarse del aceite de olivo. Y ya que esta en eso, evita los empaques de plástico muy aparatosos: busca envolturas naturales o sustentables.

6. Cuidado con el fertilizante
Cuando cuides tu jardín ten cuidado con los fertilizantes. Si aplicas demasiado, no llegará a tus plantas; llegará a una escorrentía que eventualmente entrará al océano, causando un problema conocido como “contaminación de nutrientes”, que lleva a lo que se conoce como “zonas muertas” en el océano que son lugares repletos de brotes de alga que ahogan cualquier otra clase de vida marina.

7. Ya que estás en eso, considera volver orgánico tu jardín
Si estas usando pesticidas, herbicidas y otros químicos en el jardín, considera un cambio. Esos químicos son malos para el jardín, malos para el ambiente, malos para tus mascotas y malos para ti. Y al igual que los fertilizantes, cuando se van en el agua terminan contaminando los acueductos y llegando al océano. Comprométete a hacer el cambio e investiga todos los productos orgánicos que existen para los mismos efectos que los químicos.

8. Vuélvete no-tóxico en casa
Busca productos de limpieza que no tengan ingredientes tóxicos o ahorra dinero usando productos de cocina como el vinagre para limpiar. Estarás haciendo tu parte en evitar que los químicos se vayan al caño y a los sistemas de agua. Asegúrate que tu plomería esté en buenas condiciones también, especialmente si vives en la costa donde se drena directamente al mar.

9. Si vas de vacaciones al mar, demuéstrale un poco de amor
Trata de visitar los lugares respetuosamente. Y si tienes tiempo, trata de limpiar el océano de basura y monitorear el nacimiento de tortugas para que lleguen a salvo al agua.

10. Tira responsablemente toda la basura peligrosa
Quizá tengas un poco de pintura que te sobró de pintar un cuarto, o baterías viejas, o medicamentos caducos. Asegúrate de recolectarlos responsablemente y tirarlos en los lugares específicos para ellos. Recicla también tus teléfonos y computadoras viejas regalándolas a alguien o regresándolas a la tienda de dispositivos eléctrónicos.