Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Alerta sobre la destrucción de la biodiversidad marina.

22/08/2018

Kendall R. Jones et al. “The Location and Protection Status of Earth’s Diminishing Marine Wilderness”. Current Biology (06.08.2018)

Investigadores de Universidad de Queensland (Australia) han liderado un estudio, publicado en la revista Current Biology, que alerta sobre la destrucción de la biodiversidad marina, los científicos, que han realizado el primer análisis sistemático de los océanos de todo el mundo, advierten que solo un 13% de la vida marina puede clasificarse hoy como salvaje. Las zonas más inalteradas se distribuyen de manera desigual y se encuentran principalmente en el Ártico, en la Antártida o en remotas islas del Pacífico. En las regiones costeras, casi no hay áreas vírgenes, señala el trabajo. “Nos sorprendió lo poco que queda de naturaleza marina”, dice Kendall Jones, investigador en biodiversidad y conservación en la universidad australiana y autor principal del estudio. “El océano es inmenso y cubre más del 70% de nuestro planeta, pero hemos logrado afectar significativamente a casi todo este vasto ecosistema”, añade. En tierra, las rápidas disminuciones de vida salvaje han sido bien documentadas, pero se sabía mucho menos sobre el estado de las zonas vírgenes marinas.“Las áreas salvajes e inalteradas poseen niveles masivos de biodiversidad y especies endémicas, y son algunos de los últimos lugares de la Tierra donde aún se encuentran grandes poblaciones de depredadores”, dice el investigador.

Factores de estrés causados por humanos
En el nuevo estudio, los autores utilizaron los datos globales más completos disponibles para 19 factores de estrés en los ecosistemas causados por los humanos, entre ellos, el transporte comercial, la escorrentía de fertilizantes y sedimentos, varios tipos de pesca y su impacto acumulativo. Luego mapearon sistemáticamente la vida silvestre marina en el mundo. Con el fin de capturar las diferencias en la influencia humana por las regiones oceánicas, los investigadores repitieron su análisis dentro de cada una de las regiones y encontraron una gran variación en el grado de los impactos humanos. Por ejemplo, más de 16 millones de kilómetros cuadrados de áreas silvestres permanecen en el cálido Indo-Pacífico, representando el 8,6% del océano. La situación es peor en la zona templada del sur de África, donde quedan menos de 2.000 kilómetros cuadrados de áreas marinas vírgenes, menos del 1% del océano. El trabajo también muestra que menos del 5% de la vida marina salvaje está actualmente protegida. La mayor parte se encuentra en ecosistemas de mar adentro, con muy pocos espacios protegidos en áreas de alta biodiversidad como los arrecifes de coral. “Esto significa que la gran mayoría de las áreas vírgenes marinas podrían perderse en cualquier momento, ya que las mejoras en la tecnología nos permiten pescar a más profundidad y transportar mercancías cada vez más lejos”, advierte Jones. Además, “con el cambio climático, incluso algunos lugares que antes estaban protegidos por la cubierta de hielo, que permanecía durante todo el año, ahora se pueden pescar”.

Océanos la irresponsabilidad humana. Por Marcos Sommer

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Breve Historia de la Pesca en Uruguay.

06/08/2018


Existen muchas definiciones de pesca, pero los efectos de este artículo podemos decir que es toda acción humana tendiente a extraer del agua peces, invertebrados o vegetales acuáticos a efectos de su aprovechamiento directo o indirecto. También se considera pesca a todos los actos previos o posteriores relacionados en forma inmediata con dicha extracción, así como la acuicultura.

El desarrollo de la pesca ha sido históricamente y lo continúa siendo, una forma de ejercer la soberanía del país, tanto en aguas bajo su jurisdicción como en aguas internacionales.

La pesca constituye lo que denominamos, una actividad pre-primaria donde el hombre toma los peces directo de la naturaleza mediante la pesca, y lo que hace para favorecer la misma es adoptar medidas sobre cómo realizarla. Contrariamente, en las actividades primarias como puede ser la agricultura o la ganadería, el hombre regula su actividad directamente sobre el recurso.

En la pesca se trata de asimilar mecanismos que se usan para producciones primarias, como la ganadería, como por ejemplo determinar el tamaño del stock reproductivo necesario para asegurar cierta producción, definir la edad de extracción, regular la alimentación, separar las áreas de cría de las de engorde y finalización, y proceder a la extracción en el momento más conveniente ya sea por condiciones biológicas o económicas. Para leer el artículo entra aqui: Peces de Uruguay (21)

Sed de mar

05/08/2018

La UDELAR contraria a una universidad del mar.

Regiones del territorio marítimo uruguayo. Fuente: Grupo de Ciencia y Tecnología Marina (Cincytema), Facultad de Ciencias, Udelar
El comercio, las telecomunicaciones, la pesca, la extracción de petróleo y gas, el turismo: el mar es un espacio estratégico fundamental para el desarrollo de la economía mundial. En 2016 la ampliación de su plataforma continental al máximo permitido le dio a Uruguay un gran potencial de explotación de ese territorio, pero también la responsabilidad de controlar e investigar. Semanas atrás la Udelar dio a conocer sus actividades de formación, investigación y extensión en torno al tema. Lo hizo alertada por una idea que ronda en la Presidencia: la creación de una universidad del mar que dé cumplimiento a las obligaciones contraídas.

Durante el Consejo de Ministros que se realizó en Pirarajá (Lavalleja), en noviembre de 2017, un vecino propuso al presidente Tabaré Vázquez la creación de una universidad del mar en el departamento de Rocha. Dijo que hilvanaba la idea desde setiembre del año anterior, cuando las Naciones Unidas concedieron a Uruguay la ampliación del límite de su plataforma continental hasta llegar al máximo permitido de 350 millas. Mediante esta decisión, enmarcada en la Convención de los Derechos del Mar (Convemar), nuestro país adquirió los derechos exclusivos para explotar los recursos naturales vivos y no vivos (minerales) del lecho y subsuelo marino, pero también la obligación de investigar y controlar todas las actividades en esa zona.1 En ese contexto, el presidente Vázquez tomó la iniciativa del vecino –cuya identidad nunca trascendió– como “una excelente idea”, y allí mismo prometió encomendar un estudio de factibilidad al Ministerio de Educación y Cultura (Mec). “Toda la riqueza y el potencial de crecimiento que tiene Uruguay en su territorio marítimo amerita que sea estudiado en profundidad y con seriedad”, remarcó el mandatario. Luego, la ministra María Julia Muñoz destacó a El Observador que Uruguay debe aprovechar las oportunidades “que le brinda la expansión de su plataforma continental, y que los jóvenes uruguayos que quieran realizar actividades vinculadas al mar deben tener dónde estudiar”. Ningún jerarca volvió a hablar públicamente del asunto y todo pareció quedar en otra nota de color, de las que se generan cuando el presidente y su gabinete sesionan en el interior del país. Pero el episodio caló hondo en la Universidad de la República (Udelar), que vio amenazado su papel en la formación, investigación y extensión comunitaria sobre el espacio marino y costero. Y resolvió tomar medidas para no perderlo. “Hasta ese momento la Udelar no tenía muy claro todo lo que estaba haciendo por estos temas a través de sus servicios”, admitió esta semana a Brecha el doctor en ciencias Alvar Carranza, profesor adjunto en el Departamento de Ecología y Gestión Ambiental que funciona en el Centro Universitario Regional del Este (Cure). Con la certeza de que atraviesa un creciente desarrollo en esas áreas, la casa de estudios se propuso cuantificar la magnitud del conocimiento que aporta a nivel nacional y valorarlo a nivel interno, para luego darlo a conocer a la opinión pública. Así, en marzo pasado el Consejo Delegado Académico (Cda) designó un comité de docentes investigadores con dos cometidos: primero, diagnosticar las capacidades académicas en recursos humanos y logística para temas marinos y costeros; en segundo lugar, reconocer las debilidades y fortalezas de las actividades de la Udelar en esos espacios.

El comité –que el profesor Carranza integra junto a otros colegas– procesó esa información en los últimos dos meses y presentó los resultados durante una jornada organizada el 11 de mayo en la sede del Cure de Rocha. El director de este centro universitario, Javier Vitancurt, destacó a Brecha que la actividad fue el corolario de un proceso en el que, por primera vez, todos los servicios de la Udelar se unieron “con el solo objetivo de mostrar las actividades de la Universidad, dejando de lado los intereses propios de cada grupo o servicio”.

De ese encuentro, que definió como “bisagra” para mejorar la articulación entre los servicios universitarios y proyectarse “en la interna”, surgieron datos que entiende relevantes también para reivindicar el papel de la Udelar en esa temática a nivel nacional.

AVANCES Y TRASPIÉS.

En cuanto a recursos humanos, el sondeo del comité académico reveló que 107 investigadores de la Udelar se consideran vinculados con las ciencias del mar y que, entre éstos, 12 se destacan por el impacto de sus publicaciones en la comunidad científica internacional. No obstante, también verificó la falta de una o más carreras de grado para formar recursos humanos específicamente en temas marinos. “Hay unos sesenta cursos dispersos en distintas carreras, pero eso no se ha cristalizado en una oferta académica concreta”, reconoció Vitancurt. Otra debilidad detectada es que la mayoría de los docentes con maestrías y doctorados (obtenidos en el exterior, a falta de esa opción formativa en Uruguay) se dedica a temas costero-marinos (alrededor del 75 por ciento), y son muy pocos los que investigan en la zona oceánica. Sobre los motivos parece haber consenso: en esto inciden las carencias en materia de logística e infraestructura, fundamentalmente, debido al alto costo del equipamiento y de las embarcaciones necesarias. A modo de ejemplo, Alvar Carranza recordó una experiencia del año 2010, cuando extrajeron muestras de barro del fondo marino a 1.500 metros de profundidad. “Un equipo rudimentario costaba 230 mil dólares, y hay que imaginarse los costos de mantenimiento y logística de un barco de investigación. Es prohibitivo”, lamentó.

Instituciones como la Armada o la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos cuentan con navíos para desarrollar algunos proyectos junto a la Udelar y así paliar, en cierta forma, la falta de presupuesto. Pero la Universidad entiende necesaria la existencia de un buque oceanográfico multipropósito (equipado para trabajar en las distintas áreas de la oceanografía: biológica, física, química y geológica) que permita investigar la plataforma y el talud continentales.

Para la doctora Leticia Burone, integrante del grupo de trabajo de Ciencia y Tecnología Marina (Cincytema), de la Facultad de Ciencias, y miembro del comité académico formado por el Cda, lograr este objetivo requiere una “voluntad política traducida en fondos” y un trabajo articulado que aproveche cada oportunidad de mejorar la logística. Por ejemplo, la oceanógrafa recordó a Brecha que hace dos años Uruguay perdió la invalorable donación de uno de esos buques, gestionada ante la Universidad de San Pablo (Brasil). Relató que el navío oceanográfico Profesor Bessnard cubría ampliamente las aspiraciones de la comunidad oceanográfica nacional y su llegada a Uruguay había sido avalada por el propio presidente Vázquez. Sin embargo, por presuntas demoras en los trámites a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores y dificultades para cubrir los costos de traslado de la embarcación, la donación se perdió.

Por otra parte, Burone advirtió sobre los escasos beneficios que reportan al país los acuerdos de cooperación internacional, por los cuales buques científicos de bandera extranjera ingresan a la zona económica exclusiva (Zee) de Uruguay. “Traen un proyecto en mente, investigan y se llevan datos y materiales (muestras) que luego se transforman en publicaciones científicas (de esos países). A veces algún docente consigue que un estudiante nuestro se embarque, pero eso no puede llamarse cooperación. Cooperación científica significa que el grupo de investigadores uruguayos pueda participar en el proyecto de investigación a realizarse en nuestra Zee desde el vamos. En otros países, si los barcos extranjeros no cumplen con ese requisito, no consiguen la autorización para entrar a sus mares territoriales”, enfatizó. A esto agregó otra situación que revela la escasa participación de los investigadores uruguayos en estos proyectos y el grado de desarticulación entre los diferentes organismos estatales abocados a la exploración de nuestro mar: “El Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada (Sohma) a veces puede poner un observador en el navío, que no es hacer investigación. Por otra parte, el Sohma tiene el Centro Nacional de Datos Oceanográficos (Cendo), con mucha información que está guardada y sin procesar. Habría que ver cuál es el camino para que la Udelar pueda acceder a esa información, que puede ser publicada por los investigadores”, reclamó Burone.

Para Alvar Carranza situaciones como éstas pueden enmarcarse en la “falta de una visión integrada” sobre la gestión del mar. “¿Dónde hay una política nacional explícita que diga qué haremos con los sistemas marinos, más allá de los acuerdos internacionales que mandatan o de los lineamientos de los ministerios que participan en estos asuntos según sus propios objetivos?”, cuestionó. “Nunca hubo nada explícito, centralizado, sobre cómo debemos interactuar y complementar las capacidades de cada organismo, con un objetivo común que facilite la definición de un modelo de desarrollo y la toma de decisiones estratégicas sobre el mar”, añadió.

Burone coincide con ese diagnóstico: “La región marina uruguaya es relevante desde el punto de vista social y económico, ya que contiene una gran variedad de recursos naturales, así como de ambientes y diversidad biológica. Usos y servicios como la exploración y explotación de hidrocarburos, la pesca industrial, el cableado submarino, entre otros, se desarrollan actualmente en la Zee. Sin embargo, es escaso el conocimiento del funcionamiento integral de los procesos oceanográficos, siendo que éste es clave a la hora de tomar medidas correctas de manejo marino”, argumentó.

UN INSTITUTO EN CIERNES.

En vistas de este panorama, para la Udelar es necesario transitar otros caminos antes de pensar en una universidad del mar. Carranza subrayó que la universidad pública “tiene muchas capacidades instaladas” para formar profesionales vinculados con las diferentes áreas de gestión de los espacios marinos. “Lo mejor es definir cómo potenciamos el desarrollo en función de lo existente, en lugar de crear una entidad nueva”, remarcó. Por eso adelantó que en los próximos meses el comité académico se abocará a diseñar “una hoja de ruta” sobre tres grandes ejes estratégicos:
– primero, potenciar la formación de recursos humanos;
-luego, avanzar hacia una plataforma logística que permita investigar mar adentro; y
– por último, fortalecer la interfaz de ciencia política, es decir, incorporar el conocimiento académico a la toma de decisiones del gobierno. “¿Cuántos barcos pesqueros pueden entrar por año sin que hagan pelota todos los ecosistemas? Determinarlo exige una respuesta técnica, de investigación, que Uruguay no tiene y que la academia puede dar”, graficó Carranza, convencido de la importancia de dialogar con el Poder Ejecutivo hasta encontrar la “sinergia” necesaria.

La postura de la Udelar, contraria a la creación de una universidad del mar, es respaldada, en principio, por el Mec. El jefe de la Dirección para el Desarrollo de la Ciencia y el Conocimiento, David González, aseguró a Brecha que ese proyecto “no está en los planes” de la cartera. “En Uruguay tenemos muchos actores que han hecho interesantes aportes desde su perspectiva, pero con el pasar de los años, como en otros temas relativos a la ciencia, no hemos podido generar un espacio de esfuerzo conjunto. Existen varios organismos, cada uno con su mirada y sin saber lo que hace el otro”, reconoció. Para superar esta situación entiende útil la creación de un instituto que concentre y articule la actividad de todos los actores públicos que intervienen en temas marinos (como la Udelar, el Sohma, la Dinara, la Dinama, Relaciones Exteriores, Cambio Climático), mientras, por otro lado, se fortalece la oferta académica con carreras específicas. En principio, González adelantó que el Poder Ejecutivo potenciará el funcionamiento de la Comisión Uruguaya de Oceanografía (Cuo), creada por ley en 2009 y que funcione en la órbita del Mec. Se trata de un órgano interministerial cuyo cometido es “promover el desarrollo de estudios en el campo de la oceanografía, favorecer la coordinación y la correcta orientación en los estudios de investigaciones oceanográficas, procurando la participación de las instituciones competentes”. Sin embargo, la Cuo ha hecho poco y nada en este sentido: en todos estos años sus reuniones se cuentan con los dedos de una mano. “Muchas veces se hacen leyes o decretos que crean estas comisiones multiorganismos, y después no tienen la dinámica que el legislador esperaba”, admitió el funcionario del Mec, aunque aseguró que desde el mes pasado el objetivo es aumentar la frecuencia de las reuniones. “Estamos haciendo todo lo posible para que el tema comience a rodar”, aseguró, sobre todo ahora que Uruguay ocupa un “lugar preponderante” en la Comisión Oceanográfica Internacional de la Unesco. Además, González informó que la ministra María Julia Muñoz resolvió crear un grupo de trabajo para coordinar con la Udelar y la Secretaría de Ciencia y Tecnología el desarrollo de posgrados y revitalizar la licenciatura en oceanografía que alguna vez existió. El jerarca sostuvo que en estos meses se verifica un “empuje” y una “efervescencia muy grande” de gente que intenta colocar en la agenda nacional el estudio, cuidado, preservación y explotación sustentable del mar territorial y sus costas.

Fuente: https://brecha.com.uy/sed-de-mar/

Glosario

Las regiones marinas con soberanía uruguaya
La plataforma continental de un Estado ribereño “comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio, hasta el borde exterior del margen continental”, según establece el artículo 76 de la Convención de Derechos del Mar (Convemar) de las Naciones Unidas. Cuando esa plataforma se extiende más allá de las 200 millas marinas, el Estado ribereño puede aspirar a ampliar su límite exterior ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (Clpc). Ese fue el caso de Uruguay, que al cabo de ocho años de estudios e investigaciones, en 2016 logró extender su soberanía sobre la plataforma continental hasta las 350 millas (82.500 quilómetros cuadrados más), alcanzando el máximo permitido y convirtiéndose en el primer país de América Latina en conseguirlo.

Más allá de la definición jurídica de “plataforma continental” planteada en la Convemar, desde el punto de vista científico el margen continental uruguayo se divide en tres regiones: con 180 quilómetros de ancho y una columna de agua de hasta 200 metros de profundidad se encuentra la plataforma continental; luego sigue el talud continental, que se extiende hasta los 4 mil metros de profundidad y presenta una pendiente abrupta; hacia abajo, hasta aproximadamente los 5 mil metros, se encuentra la elevación continental. En estas zonas el Estado tiene derechos exclusivos de exploración y explotación de sus recursos naturales no vivos (minerales, hidrocarburos) y especies del lecho marino (langostas, cangrejo rojo, entre otras), por lo cual Uruguay necesita incrementar la investigación sobre dichos recursos. Paralelamente, debe controlar todas las actividades que se realicen en la columna de agua, que es de uso internacional.

MAR TERRITORIAL Y ZEE. El mar territorial uruguayo se extiende 12 millas náuticas (22,2 quilómetros) contadas a partir de la línea de base normal desde la que se mide su anchura (esta es la línea de bajamar a lo largo de la costa) hasta la línea imaginaria que une Punta del Este (Uruguay) y Punta Rasa (Argentina), en el límite exterior del Río de la Plata. En este sector del océano el Estado ejerce plena soberanía, al igual que en las aguas internas de su territorio (continente).

En tanto, la zona económica exclusiva (Zee) es una franja marítima que ocupa 142.166 quilómetros cuadrados, equivalente al 82 por ciento de la superficie terrestre del país (176.215 quilómetros cuadrados). Se extiende desde el límite exterior del mar territorial hasta una distancia de 200 millas marinas (370,4 quilómetros) contadas a partir de la línea de base. En esta zona Uruguay tiene derechos de soberanía para explorar y explotar los recursos naturales vivos y no vivos, presentes tanto en las aguas suprayacentes al lecho marino como en su lecho y subsuelo. Estos derechos también se extienden a otras actividades, como la producción de energía derivada del agua, de las corrientes y de los vientos.

Por otro lado, Uruguay tiene el deber de promover el manejo y uso sustentable de los recursos renovables y no renovables, y se compromete a proteger y preservar la biodiversidad y el ambiente marino con base en la mejor información científica disponible, tal lo plasmado en el Objetivo de Desarrrollo Sustentable 14 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Fuente: Grupo de Ciencia y Tecnología Marina (Cincytema-Udelar).

Encuentran plástico en la parte más profunda del océano

24/07/2018

Es hora de que la humanidad entera tome acciones contra la crisis global del plástico que, evidentemente, ha sido causada por nuestros propios hábitos de consumo.
La basura producida por la humanidad ha llegado oficialmente a nuevas profundidades: un artículo reciente publicado en la revista Marine Policy detalla la asombrosa cantidad de plástico y otros desechos que se encuentran en el fondo de la trinchera oceánica más profunda del mundo.
Al menos 3.000 pedazos de basura, con algunos que datan de hace 30 años, se pueden encontrar en la llamada Fosa Mariana del Océano Pacífico.
Esta información fue obtenida por investigadores peinando a través de la base de datos Deep-sea Debris
, operada por el Centro Global de Datos Oceanográficos de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología de la Tierra-Mar (JAMSTEC).
Este vasto catálogo en línea, que se lanzó para uso público en marzo de 2017, contiene fotos y videos de escombros recogidos por sumergibles de aguas profundas y vehículos operados por control remoto de más de 5.000 inmersiones.
Según el documento, creado por los investigadores de JAMSTEC, más del 33% de los desechos observados son macroplásticos, de los cuales el 89% eran productos de un solo uso. El récord más profundo es una bolsa a 11.000 metros de profundidad, en la fosa de Mariana.

Afectación a la vida marina del fondo oceánico
Los investigadores observaron que diversos pedazos de plástico han impactado de forma negativa la vida marina en el fondo.
Otros tipos de desechos que se pueden encontrar en profundidades oceánicas tales como metal, caucho, artes de pesca, vidrio y otros artículos hechos por el hombre, también invaden los ecosistemas, que en esas profundidades son sumamente delicados.
“Los datos muestran que, además de la explotación de recursos y el desarrollo industrial, la influencia de las actividades humanas terrestres ha llegado a las partes más profundas del océano en áreas a más de 1.000 kilómetros del continente”, señalaron los autores del estudio.
La organización sugirió limitar la inmensa cantidad de plásticos que entran en nuestras aguas y limitar las emisiones de dióxido de carbono para ayudar a combatir la acidificación de los océanos.
“Todo lo que podamos hacer por el bien del medio ambiente también ayudará al medio ambiente del océano profundo y a las criaturas marinas de las profundidades”, concluyeron.
Fuente: LaRed21

Libertad para investigar y comunicar amenazada por un decreto del MGAP

15/07/2018

Científicos: prohibido pescar
Eduardo Blasina

Más allá de los avatares de nuestra coyuntura como país, el desarrollo que logremos en el largo plazo estará dado por el grado de conocimiento científico, investigación y desarrollo que seamos capaces de desenvolver. Adoptar sistemáticamente una aproximación científica a la solución de los problemas permite aceptar la realidad tal cual es, así entenderla y llegar o al menos aproximarse a las mejores soluciones para corregir problemas e intentar llegar a las mejores soluciones.

Cuán competitivos seamos, qué calidad de ambiente tengamos, cuánta sea la esperanza de vida y la mortandad infantil, cuán bien nos organicemos, todo depende de la ciencia en varios niveles: ser capaces de tomar buenas decisiones, adoptar las mejores prácticas del exterior, y descubrir las mejores soluciones propias.

Propone el biólogo británico Richard Dawkins, en su último libro, Ciencia en el alma que “las decisiones políticas, las decisiones de Estado, las políticas para el futuro, deben derivar de un pensamiento claro, una consideración racional de todas las opciones, la evidencia que las acompaña y sus posibles consecuencias. Las intuiciones, las corazonadas, incluso cuando no surjan de las oscuras aguas agitadas de la xenofobia, la misoginia u otros prejuicios ciegos, deben permanecer fuera de los criterios de decisión”.

Desde esa perspectiva debe causar fuerte alarma el proyecto que intenta reglamentar la investigación científica que ha decretado el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. El Decreto del Poder Ejecutivo 115/018, del 24 de abril, que reglamentó la Ley de Recursos Hidrobiológicos (N° 19.175), aprobada el 20 de diciembre de 2013, en el artículo 44 establece que “Los permisos para la pesca con fines de investigación, científicos o docentes, podrán ser solicitados a la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) por personas físicas o jurídicas con fines de investigación o docencia, mediante la presentación de un proyecto donde deberá indicarse además de las especificaciones establecidas en la Ley que se reglamenta las siguientes”.

Para quienes no somos juristas, parece un poco sorprendente lo de pedir permiso para pescar con un fin docente o de investigación. Pero no se precisa ser abogado para alarmarse con los requisitos adicionales según los cuales debe avisarse a Dinara: “los objetivos generales y específicos que persigue el proyecto de investigación; personal técnico participante, adjuntando currículum de cada uno de ellos”; más grave aún, se debe abrir el espacio a la censura, es decir el “compromiso de no dar a publicidad a cualquier tipo de información especialmente de los datos obtenidos, sin autorización expresa de la Dinara”

Es decir que si Dinara no comparte los objetivos de la investigación, o quién la hará puede no dar el permiso. Y que además hay que asegurar de antemano que se está dispuesto a no dar la información acerca de lo investigado sin que Dinara lo apruebe previamente.

Un decreto que va contra la esencia del trabajo científico, que debe ser abierto, colaborativo, interdisciplinario. Es inadmisible restringir el derecho a pescar con un fin científico. ¿Cómo va a pretender el Minsiterio de Ganadreía que quienes estudian Ciencias, o Veterinaria, o aún Agronomía dejen de hacer algo tan simple como pescar? ¿Quién va a fiscalizar que un científico vaya a una laguna y tire una red? ¿Un funcionario del MGAP? ¿Cómo se va a solicitar a un científico que la divulgación de los resultados no dependa de la calidad de la investigación sino de la autoridad?

En el caso de los científicos que quieran hacer colectas, ¿se les prohibiría acercarse con calderines a los cursos de agua? No solo es un caso de censura, sino que una censura que solo podría causar risa. Si no fuera por la gravedad que conlleva. Porque lo que está en juego no es solo la calidad de la ciencia sino los valores democráticos de libertad de cátedra y circulación transparente de la información.

En este tema el MGAP es como el pez que muerde con ganas un anzuelo: por la boca muere. Que el MGAP o la Dinara se adjudique una exclusividad y un control a la comunidad científica, implica una enorme contradicción. En Uruguay hay pesca ilegal con redes de trama fina, hay pesca con explosivos y según muchos dicen, pesca de arrastre que destruye los comederos de los peces costeros. No lográndose esos controles básicos, ¿se va a intentar controlar a docentes y estudiantes de la facultad de Ciencias para que no investiguen o divulguen los resultados de una investigación?

Por otro lado, el decreto lleva inevitablemente a la conclusión, o al menos a la justificada sospecha de que en nuestros ríos, arroyos y peces hay datos que es mejor que no se divulguen a la población. Una población que toma litros y litros de mate y figura alto en el ranking de cáncer a nivel mundial.
Además de la salud hay una marca de Uruguay Natural a defender. Y ese decreto no lo hace.
Muchos peces tienen residuos de agroquímicos. Como la miel los tiene. Porque abejas y peces van recolectando y porque respirar agua es pasar agua por un filtro que extraiga el oxígeno. Hay que asumirlo tal como es. Mirar el asunto a la cara y con muchos ojos trabajando en equipo. Sin dogmas de ningún tipo.

Tenemos que pensar cómo hacemos nuestra actividad agropecuaria con eficiencia y al mismo tiempo, llevar la incidencia de fósforo, nitrógeno y otros residuos en el agua a los menores posibles con la meta del cero residuo en un plazo razonable.

A veces se proponen soluciones simplistas e inaplicables. Pero también para encontrar las soluciones a una producción de alto rendimiento y menos residuos es imprescindible más ciencia nacional funcionando en plena libertad. Falta muchísima ciencia para llegar a sistemas de producción de gran escala que no aporten residuos.

Seguramente hay que avanzar sobre todo en el manejo sistemático del ecosistema. Hay que agregar precisión a la agricultura, hay que instaurar franjas de cultivos protectores entre las zonas agrícolas y los cursos de agua, seguir controlando la erosión, defender activamente al monte natural y las áreas cercanas a las orillas de los ríos y arroyos, educar respecto al daño que genera tirar un envase en un arroyo, acelerar el uso de productos cada vez más selectivos y basados en el control biológico.

Sabemos poco de nuestras aguas, tanto en lo fluvial como en lo marítimo. Todos los pescadores costeros dicen que cada vez hay menos pescado y lo aceptamos como si se tratase de un agujero negro que hiciera mermar inexorablemente la población de corvinas, brótolas, anchoas y tantos otros peces otrora más abundantes.

La sobreexplotación de los recursos pesqueros y de la pérdida de calidad de aguas es un problema en todo el mundo y Uruguay no es la excepción. Y es de los pocos aspectos del ambiente donde hay resultados positivos allí donde se toman decisiones políticas basadas en ciencia. El Támesis fue declarado biológicamente muerto hace 60 años y hoy bulle de peces, aves y hasta focas.

El intento de la censura debe llevar a un renovado entusiasmo por el pensamiento científico y por las condiciones ambientales en las que vivimos. Que científicos, de todas las disciplinas e instituciones estudien, midan y cumplan con informarnos a los ciudadanos sin vigilancias estatales.

Para algo tenemos una Universidad autónoma que no debe someterse al poder político de turno. Que salgan a recolectar peces y aguas y midan su composición. Que lo divulguen sin control previo de ninguna índole, excepto la revisión entre pares que certifique la ausencia de errores en la medición realizada. Que no paren hasta encontrar soluciones que, sin frenar a la producción, nos devuelvan la tranquilidad de que lo que sale de las canillas es sola y únicamente H2O y que los peces tienen en sus músculos, solamente carne.
Fuente: El Observador