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La biodiversidad está disminuyendo a un ritmo sin precedentes a nivel mundia.

15/06/2019

Fines de mayo del 2019 fue publicado un Informe originalmente por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).
La biodiversidad está disminuyendo a un ritmo sin precedentes a nivel mundial, y la tasa de extinción de especies se está acelerando, así como las probabilidades de graves impactos en las personas de todo el mundo, advierte el nuevo informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), cuyo resumen fue aprobado en la 7ª sesión plenaria del organismo, la semana pasada en París (mayo 2019).
La evidencia abrumadora de la Evaluación Global de IPBES, producida desde una amplia gama de campos de conocimiento, nos presenta una imagen fatal. La salud de los ecosistemas de los que nosotros y todas las demás especies dependemos se está deteriorando a una velocidad nunca antes vista. Se esta erosionando los cimientos de las economías, los medios de vida, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida en todo el mundo.
El informe también revela que no es demasiado tarde para actuar, pero solo si empezamos ahora, en todos los niveles, desde lo local hasta lo global. A través de un cambio transformador, la naturaleza todavía puede ser protegida, restaurada y aprovechada de manera sostenible, esto también es clave para cumplir la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por cambio transformador, nos referimos a una reorganización sistémica, que considere los factores tecnológicos, económicos y sociales, incluidos paradigmas, objetivos y valores.
Los Estados Miembros de la Plenaria de IPBES reconocen que, por su propia naturaleza, el cambio transformador puede recibir la oposición de quienes tienen intereses en el status quo, pero también que esa oposición puede superarse por un bien público más amplio.
El Informe, elaborado por 145 expertos de 50 países en los últimos tres años, con aportes de otros 310 autores contribuyentes, evalúa los cambios en las últimas cinco décadas a través de un panorama completo de la relación entre las vías del desarrollo económico y su impacto en la naturaleza. También ofrece una gama de posibles escenarios para las próximas décadas. Una de las concluciones es que alrededor de 1 millón de especies de animales y plantas están ahora en peligro de extinción, más que nunca en la historia de la humanidad.
Este estudio está basado en la revisión sistemática de alrededor de 15.000 fuentes científicas y gubernamentales, y, por primera vez en gran escala, considera el conocimiento indígena y local, en particular sobre temas relevantes para los pueblos indígenas y las comunidades.

A continuación se resalta cinco de las cifras más impactantes que presenta el informe:
1. Un millón de especies naturales están en peligro de extinción y más de 500.000 especies terrestres no tienen hábitat suficiente para garantizar su supervivencia en el tiempo, constituyendo así el riesgo de pérdida de biodiversidad “más acelerado de la historia”, asegura la Ipbes.
2. Cada año extraemos alrededor de 60 mil millones de toneladas de recursos renovables y no renovables, casi el doble en comparación con 1980. Sumado a esto, hemos aumentado la extracción de madera en un 45% y estamos utilizando más de un tercio de la superficie terrestre -y el 75% del agua dulce- en agricultura o ganadería.
3. El 75% de los ecosistemas terrestres se han alterado por las acciones humanas y, con su degradación, la productividad de la tierra se ha reducido en 23%. Además, hasta US$577 mil millones en cultivos están en riesgo de perderse, debido a la amenaza que enfrentan las abejas y otros polinizadores.
4. Solo queda un 3% de océano virgen en el planeta; es decir, el 97% de los ecosistemas marinos han sido alterados por la contaminación plástica – que se ha multiplicado por diez desde 1980-, el vertimiento de residuos industriales y el riego de fertilizantes y pesticidas, entre otros factores.
5. Desde 1992, las áreas urbanas en el mundo han aumentado en más del doble y la pérdida de ecosistemas costeros -con la protección que estos proveen- tiene a 300 millones de personas en riesgo de sufrir los efectos de inundaciones y huracanes.

Las contribuciones de la biodiversidad y la naturaleza a las personas son nuestro patrimonio común y el sistema de seguridad más importante para la vida de la humanidad. La diversidad dentro de las especies, entre las especies y de los ecosistemas, así como muchas contribuciones fundamentales que derivamos de la naturaleza, están disminuyendo rápidamente, aunque todavía tenemos los medios para asegurar un futuro sostenible para las personas y el planeta.
La abundancia promedio de especies nativas en la mayoría de los principales hábitats terrestres ha disminuido en al menos 20%, en su mayoría desde 1900. Más de 40% de las especies de anfibios, casi 33% de los corales de arrecife y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados. El panorama es menos claro para las especies de insectos, pero la evidencia disponible respalda una estimación tentativa de que 10% está amenazado. Al menos 680 especies de vertebrados fueron llevadas a la extinción desde el siglo XVI y más de 9% de todas las especies domesticadas de mamíferos utilizados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016, y al menos 1.000 más están amenazadas.
Los ecosistemas, las especies, las poblaciones silvestres, las variedades locales y las clases de plantas y animales domesticados se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo. La red esencial e interconectada de la vida en la Tierra se está haciendo cada vez más pequeña y segmentada. Esta pérdida es un resultado directo de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo.

Por primera vez a esta escala y basándose en un análisis exhaustivo de la evidencia disponible, los autores de la evaluación clasificaron los cinco impulsores directos de la degradación en la naturaleza con mayor impacto. Estos son, en orden descendente:
(1) cambios en el uso de la tierra y el mar;
(2) explotación directa de organismos;
(3) cambio climático;
(4) contaminación y
(5) especies exóticas invasoras.
El informe señala que, desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado, y en consecuencia las temperaturas globales promedio se han elevado en al menos 0.7 grados centígrados. Este cambio climático ya está afectando a la naturaleza a todo nivel, desde los ecosistemas hasta la genética. Se espera que los impactos aumenten en las próximas décadas, y en algunos casos podrían ser mayores a los efectos del cambio en el uso de la tierra y el mar, y otros impulsores.
Aunque existe progreso en los esfuerzos para conservar la naturaleza e implementar políticas, el informe encuentra que los objetivos globales para preservar y usar la naturaleza de manera sostenible y lograr la sostenibilidad no pueden alcanzarse con las trayectorias actuales, y que los objetivos para 2030 y más allá sólo pueden lograrse a través de cambios transformadores en los sectores económicos, sociales, políticos y tecnológicos.
Si bien se registran avances en los componentes de solo cuatro de las 20 Metas de Aichi para la Diversidad Biológica, es probable que la mayoría no se cumpla en la fecha límite de 2020. Las tendencias negativas actuales en biodiversidad y ecosistemas socavarán el progreso hacia el cumplimiento de 80% (35 de 44) de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, relacionados con la pobreza, el hambre, la salud, el agua, las ciudades, el clima, los océanos y la tierra (ODS 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15). Por lo tanto, se muestra que la pérdida de biodiversidad no solo es un problema ambiental, sino también un problema económico, de desarrollo, de seguridad, social y moral.
Para comprender mejor y, lo que es más importante, para abordar las principales causas del daño a la biodiversidad y a las contribuciones de la naturaleza a las personas, debemos comprender la historia y la interconexión global de los impulsores de cambio demográficos y económicos complejos e indirectos, así como los valores sociales que los fundamentan. Los impulsores indirectos clave incluyen el aumento de la población y del consumo per cápita; la innovación tecnológica, que en algunos casos ha disminuido el daño a la naturaleza y en otros casos lo ha aumentado; y, de forma crucial, temas de gobernabilidad y rendición de cuentas. Un patrón que emerge es uno de interconectividad global y ‘telecoplamiento’: la extracción de recursos y la producción a menudo ocurren en una parte del mundo para satisfacer las necesidades de consumidores distantes en otras regiones.

Otros hallazgos notables del informe incluyen:
Las tres cuartas partes del medio ambiente terrestre y alrededor de 66% del medio ambiente marino han sido alteradas significativamente por las actividades humanas. En promedio, estas tendencias han sido menos severas o evitadas en áreas mantenidas o administradas por pueblos indígenas y comunidades locales.
Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi 75% de los recursos de agua dulce se dedican ahora a la producción agrícola o ganadera.
El valor de la producción agrícola ha aumentado en aproximadamente 300% desde 1970, la extracción de madera en bruto ha aumentado 45% y cada año se extraen en todo el mundo aproximadamente 60.000 millones de toneladas de recursos renovables y no renovables, casi el doble que en 1980.
La degradación de la tierra ha reducido la productividad de 23% de la superficie terrestre global. Hasta US $ 577 mil millones anuales en cultivos están en riesgo por la pérdida de polinizadores y entre 100 y 300 millones de personas tienen un mayor riesgo de inundaciones y huracanes debido a la pérdida de hábitats costeros y su protección.
En 2015, 33% de las poblaciones de peces marinos se estaban capturando a niveles insostenibles, 60% se pesca por encima de los niveles sostenibles y solo 7% se captura bajo los niveles de sostenibilidad.
Las áreas urbanas se han más que duplicado desde 1992.
La contaminación por plásticos se ha multiplicado por diez desde 1980. 300-400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros desechos de instalaciones industriales se descargan anualmente en las aguas del mundo, y los fertilizantes que ingresan a los ecosistemas costeros han producido más de 400 “zonas muertas” en 245.000 km2 de océanos, un área combinada mayor que la del Reino Unido.
Las tendencias negativas en la naturaleza continuarán hasta 2050 y más allá en todos los escenarios de políticas explorados en el informe, excepto aquellos que incluyen un cambio transformador – esto debido a los impactos proyectados del aumento en el cambio de uso de la tierra, la explotación de organismos y el cambio climático, aunque con importantes diferencias entre regiones –.

El informe también presenta una amplia gama de acciones ilustrativas en favor de la sostenibilidad y vías para lograrlas en sectores como la agricultura, la silvicultura, los sistemas marinos y los de agua dulce, las áreas urbanas, la energía, las finanzas y otros. El informe destaca la importancia de, entre otras cosas, adoptar enfoques de gestión integrada e intersectorial que tengan en cuenta las compensaciones de la producción de alimentos y energía, la infraestructura, la gestión de agua dulce y costera, y la conservación de la biodiversidad.
También se ha identificado como un elemento clave de las políticas más sostenibles la evolución de los sistemas financieros y económicos globales para construir una economía sostenible, alejada del paradigma limitado actual de crecimiento económico.
IPBES presenta a los tomadores de decisiones la ciencia autorizada, el conocimiento y las opciones de políticas para su consideración.
Para obtener más información sobre IPBES y sus evaluaciones, visite http://www.ipbes.net.
Fuente: unenvironment.org

Descarga: Informe IPBES

Sommer M. (2011). Océanos su acidificación es una amenaza real y grave de nuestra existencia. Pesca Worldwide Circulation Magazine N.119 W-05/1

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¡¡¡Feliz Día del Biólogo Marino!!!

01/06/2019

  Dr. Marcos Sommer

El 1 de Junio se tiene marcado como el día que se celebra a los Biólogos Marinos. Se eligió un día alternativo a la celebración del día del Biólogo para darle una identidad distinta ya que este día no se celebra el mismo día en todos los países. Este día se ha ido asumiendo para la celebración de todos los Biólogos Marinos y se ha mantenido sin cambios en por lo menos una década.
La definición del término biología marina, debemos conocer en primer lugar el origen etimológico de las dos palabras que le dan forma: -Biología es una palabra de procedencia griega. Es fruto de la suma del sustantivo “bios”, que es sinónimo de “vida”, y de la palabra “logía”, que puede traducirse como “ciencia”.
-Marina, por otro lado, deriva del término latino “marinus” que significa “relativo al mar”. Se compone del nombre “mare”, que es equivalente a “mar” y del sufijo “-ina”, que se emplea para indicar pertenencia. El término biología es la ciencia que se dedica a estudiar la composición, el desarrollo, los vínculos y las funciones de los seres vivos. Marino, por su parte, es aquello vinculado al mar.
Estas definiciones nos permiten comprender con precisión qué es la biología marina. Se trata de la especialidad científica orientada al análisis de los organismos que viven en el mar. La biología marina, por lo tanto, estudia los animales y las plantas de los océanos. Se puede decir que la biología marina abarca nociones de la biología, la geografía, la física, la química y la geología para comprender los distintos fenómenos que se producen en los ecosistemas marinos. Si tenemos en cuenta que más del 70% de la superficie del planeta Tierra está cubierta por océanos, queda en evidencia la relevancia de la biología marina.
Mi decisión de estudiar Biología Marina en la Facultad de Humanidades y Ciencia en el Uruguay se basó en un programa educativo organizado en materias que cumplían mi ilusión de conocer más sobre los organismos del Mar y sus relaciones con el entorno. Para mí poder estudiar esta carrera representaba una fantasía que acuñe desde mi escolaridad y que representan el por qué considero una profesión de ensueño: el simple hecho de poder concretar mis estudios en el tema han traído gran satisfacción y felicidad a mi vida. En la vida es necesario saber desarrollar nuestras potencialidades pero bien relacionadas a ilusiones que alimenten una motivación que nos impulsen a lograr nuestros sueños.
Podemos decir que en este siglo 21 hay muchos argumentos para elegir la carrera en la ciencia de la biología marina. El ambiente marino representa vastos recursos de insumos para el hombre, nos provee alimentos naturales, materias primas para la fabricación de muchos productos alimenticios. Industriales y medicinales; además nos permite desarrollar actividades turísticas. La importancia de esta profesión aumenta día a día, porque que el mar ayuda a regular el clima de nuestro planeta, tan golpeado por el calentamiento global, intervienen en la solución de problemas como el control de la contaminación, la conservación del ambiente marino y la gestión de la pesca.
Es por ello que considero que debemos celebrar el día del Biólogo Marino como el día en que muchos de nosotros nos permitimos soñar con lo que nos agrada, nos marcamos como una meta de vida y representa un verdadero privilegio en un mundo lleno de falta de oportunidades para formarse. Esta celebración, allende de la costumbre de una fiesta refrescante para los jóvenes, debe ser la ocasión para quienes portamos los galones académicos y las canas de la experiencia dar cabida a la reflexión sobre la formación de los nuevos cuadros de profesionales.
Uruguay Aniversario de la Oceanología.
“Es inexplicable que el país no tenga una licenciatura en oceanografía”.

Cinemateca estrena documental sobre esclavitud en barcos pesqueros.

01/06/2019

Montevideo-Uruguay – Cinemateca estrena documental sobre esclavitud en barcos pesqueros
Ghost Fleet, esclavos de la pesca se estrena el 8 de junio, Día Mundial de los Océanos.
“Montevideo: una parada de piratas”. Desde finales del siglo pasado la pesca comercial se ha concentrado cada vez más en las especies de aguas profundas, debido a la sobreexplotación del ochenta por ciento de las zonas pesqueras del mundo. La flota mundial se calcula en un millón de embarcaciones aproximadamente, de las cuales unas trescientas se dedican a la llamada pesca industrial de arrastre, fuente de muchos y nuevos problemas en el mar. Pueden navegar bajo bandera de conveniencia de países como Panamá, Liberia, Bahamas o Chipre, aunque en su mayoría pertenecen a Rusia, Nueva Zelanda, España, Portugal, Noruega, Estonia, Dinamarca, Lituania, Francia, Islandia y Letonia. Suman en conjunto hasta el noventa y cinco por ciento de las capturas anuales realizadas con redes de arrastre, correspondiendo a la Unión Europea el sesenta por ciento del total y sólo a España el cuarenta por ciento a nivel mundial.
La tecnología y las subvenciones públicas son los dos pilares en los que se apoya esta actividad. Los grandes barcos están dotados con sistemas de ecosondas que permiten localizar con gran precisión bancos de peces a gran profundidad; cuentan, además, con motores más potentes, instrumentos de cartografía digital y utilizan enormes redes en forma de bolsa, fabricadas con materiales sintéticos y livianos que pueden tener 170 metros de diámetro y alcanzar dos kilómetros de profundidad. Las pesquerías industriales utilizan también largas líneas con miles de anzuelos, llamadas palangres, que matan miles de tiburones, tortugas y otras especies marinas; algunas utilizan asimismo dinamita para recoger los peces muertos flotando en la superficie, o cianuro que permite la captura de peces vivos cuyo precio en el mercado es diez veces superior al pescado muerto o congelado. La pesca industrial, de hecho, sería un negocio muy vulnerable sin el apoyo de las subvenciones públicas que se utilizan cada vez más para pagar el acceso a las aguas territoriales de países en África, el Caribe o en el Pacífico y controlar así el comercio pesquero internacional. Algunas estimaciones indican que las subvenciones suman 20 mil millones de dólares al año en la Unión Europea, cantidad equivalente aproximadamente al veinte por ciento de los ingresos de la industria pesquera mundial.
La pesca de arrastre constituye también una gran amenaza para los ecosistemas. Las redes devastan el fondo del mar y destruyen grandes extensiones de arrecifes de coral que pueden tener hasta ocho mil años de antigüedad, junto a las especies que habitan en él. La captura indiscriminada, por otra parte, implica el descarte de casi el noventa por ciento del contenido de las redes; es decir, unas 3 mil toneladas de pescado de escaso valor comercial y peces pequeños que mueren antes de llegar a la etapa reproductiva. Sin embargo, cuando la población de una especie valorada comercialmente empieza a escasear, la captura se orienta hacia aquellas que antes se descartaban. El veinticinco por ciento de la pesca, además, se destina a la producción de harina de pescado y piensos para animales y no al consumo humano directo. Siguiendo esta absurda lógica, la industria pesquera vacía el mar al exceder la capacidad de supervivencia biológica de las especies. Tal como sucede con la agricultura, la economía se apodera así de antiguas palabras y llama “pesca” a una labor que constituye, en realidad, una guerra contra la biodiversidad cuyo fin último es el lucro y no la subsistencia humana. Sdos. Marcos Sommer
La pesca pirata: “Rapiña en los océanos”. Marcos Sommer. En: https://waste.ideal.es/pescapirata.htm
Pesca industrial de arrastre. Aniquilación silenciosa. Marcos Sommer. 2014. En: http://www.ecoportal.net/Contenido/Temas_Especiales/Desarrollo_Sustentable/Pesca_de_Arrastre._Aniquilacion_Silencionsa

Dudas y preocupacion por el proyecto del puerto pesquero!

30/05/2019

Más información:  Descontrol, maltrato y muerte Pesquera

Uruguay: expresidente de la ANP opinó sobre el proyectado puerto chino y una terminal de MSC

Prof. Edison González Lapeyre

El proyectado puerto pesquero chino a instalarse en Puntas de Sayago, discutibles cláusulas suscritas por la ANP con UPM, la pérdida en Montevideo de los trasbordos paraguayos, la evaluación técnica negativa de la concesión de una terminal solicitada a la ANP por parte de MSC, fueron los principales temas que abarcó la conferencia ofrecida por el prestigioso jurista y expresidente de la Administración Nacional de Puertos, Dr. Edison González Lapeyre días pasados en la Liga Marítima, desarrollada conjuntamente con otros oradores. Fue, sin duda, una exposición rica en conocimientos y en referencias históricas y culturales y aspectos técnicos que atrajo la atención de una nutrida concurrencia. La hemos tenido que sintetizar por su extensión conservando el cerno de los asuntos tratados. Recordó el orador que el Poder Ejecutivo, aprobó el 4 de enero de 2013, la ley No. 19.046 constituida por un artículo único que establece en lo sustancial: “Declárase habilitado un puerto de aguas profundas situado en las costas del Océano Atlántico, en la 10ª Sección Catastral del departamento de Rocha, en la zona denominada entre Cabos… La simple lectura de este pasaje del artículo único de la ley 19.046 nos permite apreciar la ausencia de un adecuado estudio técnico para un proyecto de esta naturaleza… parece claro que no se puede habilitar, o declarar apto o capaz a un puerto de aguas profundas que no existe. No se puede habilitar como tal a tres playas… las de Mar del Plata, San Francisco y Palenque, no son puertos y, por ende, no pueden ser habilitadas como tales”.

Trasbordos

En otra parte de su exposición, González Lapeyre dice: “Lo cierto es que, desde la Ley de Puertos de 1992 nuestras terminales portuarias fueron creciendo y aumentando su operativa, pero últimamente, en particular respecto al puerto de Montevideo, se han generado situaciones sumamente preocupantes. Se han perdido los trasbordos de mercaderías paraguayas. Desde hace muchos años las cargas procedentes del Paraguay o con destino hacia ese país, se trasbordaban, principalmente, en el puerto de Montevideo. Los costos, la ineficiencia operativa y las demoras que han empezado a producirse en nuestra principal terminal portuaria han causado esa pérdida de importantes cargas que ahora se trasbordan en Buenos Aires. Mientras que en el 2017 el puerto de Montevideo movió 939.427 TEUS, en el año 2018 esa cifra bajó a 797.840, Es decir un 15% menos, mientras que el puerto de Buenos Aires incrementó ese año su operativa en un 22%”. 13 jornales A lo que antecede -agrega González Lapeyre- se insertó en la ley de rendición de cuentas un artículo que impone al operador portuario que contrata a un trabajador por un día o dos, que le debe pagar ¡trece jornales como mínimo! Esta normativa, que ha sido prorrogada por un breve lapso, tiene consecuencias gravísimas, encarece la operativa portuaria significativamente, por el incremento de costos para el empresario. También puede afectar a los trabajadores al reducirse los puestos de trabajo ya que el operador portuario va a tomar todas las medidas posibles para evitar la contratación de este tipo de trabajadores eventuales”.

MSC

Otro tema que no escapó al análisis de González Lapeyre fue el de MSC. “Recientemente, se evaluó por un grupo técnico de la ANP, el emprendimiento proyectado de una nueva terminal de contenedores presentada por la empresa MSC (Mediterranean Shipping Company,) de las compañías navieras más importantes en el transporte de contenedores del mundo. Y esa comisión se expidió en el sentido de que no se puede avanzar con esa iniciativa porque la misma es inconveniente, principalmente por la ubicación que se ha propuesto para la instalación de esa nueva terminal. El directorio de la A.N.P., por mayoría, decidió aprobar la iniciativa, pero cambiando la ubicación del proyecto y adjudicando cierto porcentaje de premio por la iniciativa de la naviera. Esta decisión, no es acorde con el propio plan estratégico de la ANP, que es de desarrollar Punta Sayago y además viola lo dispuesto en la ley de puertos N° 16.246 ya que la misma, en su artículo 7, establece que el establecimiento de la política portuaria y su control le corresponden al Poder Ejecutivo, no a la A.N.P. A esta le compete la ejecución de esa política portuaria bajo el control del Poder Ejecutivo. En consecuencia, si habilitar la instalación de un complejo portuario de la importancia del proyectado por M.S.C. es una decisión de política portuaria, no podía la A.N.P., por si misma, adoptar la decisión que comentamos”. Por último nos referiremos al denominado puerto chino”. Al referirse al proyecto de terminal de contenedores, destacó, en términos elogiosos el artículo que escribimos al respecto en El País y nuestra trayectoria periodística.

Puerto chino

El 11 de febrero pasado el presidente Vázquez dictó el Decreto 54/19, por el que se amplió el puerto de Montevideo a “las superficies de aguas y álveos entre la Punta Yeguas con la Punta Pedregal y ésta con Punta Canario y las costas correspondientes entre ambas líneas”. “El propósito de habilitar al Consorcio Chino Shandong Baoma Fishery Group a presentar una propuesta para realizar un megapuerto en un predio de 28 hectáreas al oeste de Punta Yeguas habría de disponer una zona franca para facilitar sus operaciones. El presidente de ese consorcio que se llamará Zhogjin Puerto S.A. y la inversión será de 250 millones de dólares pudiendo operar desde este puerto unos 500 buques pesqueros. Esta empresa china además de operar en gestión portuaria, opera también en pesca oceánica. El Uruguay tiene la obligación de preservar los recursos pesqueros existentes en el Río de la Plata y su Frente Marítimo así como en la zona común de pesca, donde no pueden, en principio, faenar los buques chinos y también debe hacer lo mismo aún fuera de la zona económica exclusiva para las especies migratorias. El art. 64 de la Convención de Derecho del Mar de la que nuestro país es parte así lo establece en su artículo 64 tanto dentro como fuera de la zona económica exclusiva.” “Los pesqueros chinos han adquirido cierta fama de incumplir con la Convemar en esta materia y se les atribuye la pesca ilegal en la Z.E.E. de los países ribereños. Incluso en la Z.E.E. argentina fueron capturados pesqueros chinos faenando en su jurisdicción y tambien en aguas de Ecuador, Chile, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Corea del Sur, Vietnam, Senegal, Guinea, Sierra Leona, etc. Si a los problemas que se están suscitando con Argentina por U.P.M 2, le agregamos el malestar que podría generar en ese país la instalación del puerto chino el panorama de nuestras relaciones con el país hermano podría alcanzar un nivel de rispidez absolutamente inconveniente para el Uruguay”. (EL PAIS URUGUAY) http://www.nuestromar.org/

NOTA: UVM se complace en contar con tan distinguidos lectores y aprecia muy particularmente que su condición actual de ser el portal marítimo con mayor cantidad de lectores en la región, sirva para difundir las muy ilustradas opiniones e informaciones que aportan asociados como el Señor C/N(R) Yamandú Flangini y personalidades del nivel y trayectoria del Prof. Dr. Edison González Lapeyre cuya gentileza y amistad nos honra. Vaya a ellos nuestro reconocimiento; y seguramente, el de todos nuestros amables lectores. Dr. Carlos Olave Castro
Fuente: http://www.nuestromar.org/

Tras 13 años de intensificación de la agricultura, los suelos del país se han empobrecido significativamente

18/05/2019

Un estudio analiza muestras de entre 2002 y 2014.

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a leer cómo algunas prácticas agrícolas que se aplican en nuestro país afectan al ambiente, a las personas, a la biodiversidad, o a las tres cosas al mismo tiempo. El trabajo “Disminución de la calidad del suelo a través de 13 años de producción agrícola”, publicado en la revista Nutrient Cycling in Agroecosystems por los investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Andrés Beretta, Osvaldo Pérez y Leonidas Carrasco, muestra que las prácticas agrícolas en Uruguay tienen efectos adversos también en el propio suelo y que podrían afectar la sostenibilidad de la propia producción.

En el artículo los investigadores hacen público el estudio que hicieron en muestras de suelo de distintas partes del país que fueron remitidas al INIA La Estanzuela, ubicado en el departamento de Colonia, entre 2002 y 2014. En las muestras los científicos analizaron el pH (con que se mide la acidez o alcalinidad), los iones de calcio (Ca), magnesio (Mg), potasio (K) y sodio (Na), y el carbono orgánico del suelo (SOC).

Más es menos

Como señalan en el artículo, “los cambios en la agricultura que tuvieron lugar en Uruguay desde 2005 se basan en la intensificación de la producción de cultivos para obtener un incremento de la biomasa por unidad de área”, al tiempo que sostienen que “el incremento en el número de cultivos por año implica un aumento en la exportación de nutrientes hacia los cultivos con el potencial de afectar el balance de cationes” (razón por la cual se fijaron en los iones de los elementos descritos más arriba). Tras la investigación y el análisis realizados, los resultados fueron claros: “En el período del estudio, el promedio del pH, SOC y bases intercambiables del suelo a través de las muestras analizadas se redujo”, afirman los autores. Dando más detalles, sostienen que los iones de potasio intercambiables disminuyeron “al aumentar la producción de grano”, el carbono orgánico del suelo “disminuyó en 0,43 miligramos por gramo de suelo al año, incluso cuando la mayor parte de la actividad agrícola se realizó bajo siembra directa”, al tiempo que se constató una acidificación de los suelos a ritmo de 0,02 unidades por año del estudio. En el artículo los autores sostienen: “Si estos cambios continúan en el futuro, los suelos agrícolas reducirán su potencial de producción de alimento, y no serán adecuados para la producción sustentable de cultivos”.

Sobre el nivel de potasio, los investigadores alertan que “si la tasa de disminución del contenido de potasio intercambiable en los suelos de Uruguay se mantiene, para mitad del siglo el valor estará por debajo de los niveles críticos”. En cuanto a la acidificación, encontraron “un incremento exponencial en el porcentaje de muestras analizadas con valores de pH menores a 5,5, que pasó de% 9 a 30% en el período 2002-2014”. Es importante señalar que el pH se mide en una escala de 0 a 14: los valores de 0 a menores que 7 son ácidos; 7 es neutro; y los mayores que 7 a 14, alcalinos. Esto quiere decir que las muestras de suelos con acidez mayor a 5,5 se triplicaron durante los años estudiados, lo que los lleva a afirmar: “Si esta tendencia continúa, se espera que la proporción de muestras con pH menor que 5,5 alcance a 50% entre 2017 y 2018”. También señalan que “la disminución del pH del suelo se correlaciona linealmente con el aumento de la producción de grano”.

Con ese trabajo, los autores pudieron confirmar el problema de la relación producción-deterioro potencial planteado por la FAO para Uruguay: “El análisis detallado de la base de datos confirma el deterioro de la mayoría de las variables” en el período. También señalan que el sistema de siembra directa “no ha impedido la degradación del suelo” y que “el aumento de la producción de alimento redujo el pH, el potasio y el carbono orgánico del suelo necesario para la agricultura”. En la conclusión no queda el menor margen de duda: “El proceso de expansión/intensificación agrícola en Uruguay ha excedido el límite sustentable entre la producción agrícola y el deterioro del suelo”, por lo que proponen que “es necesario implementar medidas correctivas en el corto plazo y mantener un sistema para diagnosticar la calidad de los suelos arables”.

¿Hay que hacer sonar las sirenas?

Al consultar sobre lo alarmante de las conclusiones a Andrés Beretta, uno de los autores del artículo, el investigador, que ahora trabaja en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, dice con toda humildad: “Lo que afirma el trabajo era bastante predecible. Ya había algunos ensayos anteriores que mostraban esta posibilidad. Había ensayos a escalas reducidas, y faltaba tener observaciones a nivel de campo. Con este trabajo le ponemos un poco de números a lo que se sospechaba que iba a suceder”. También afirma: “En realidad todo suelo, naturalmente, se acidifica, y es muy difícil que aumente su carbono. La actividad agrícola tiende a degradar el suelo, y no hay una receta que permita producir sin efecto en el suelo, al menos con la tecnología actual”. Ante tal afirmación, uno se pregunta entonces qué significa cuando hablan de las buenas prácticas agrícolas y los planes de manejo de suelo.

“En el ministerio, hace un tiempo, se empezó a trabajar en torno a las buenas prácticas agrícolas. Se focalizaron en la erosión, que dentro de la degradación de los suelos es el proceso más importante”, contesta Beretta, que define la erosión como la pérdida de la cantidad, y no de la calidad, de suelo. “Una de las cosas que alarmaba cuando empezó la soja en Uruguay era su rápido crecimiento y la pérdida de los sistemas productivos en base a la rotación de pastura y la agricultura. Al modelar la erosión se vio que no era sostenible, ya que se perdía mucha cantidad de suelo, por lo que se impulsaron los planes de uso”, relata. “Pero ese modelo, por el que en el ministerio nosotros hablamos de producción sostenible, apunta a la pérdida de masa de suelos. Pero hay otros parámetros de la calidad del suelo, como el contenido de materia orgánica, el contenido de bases intercambiables, el pH, que es a los que apunta este trabajo”. Más allá de lo que esperaban encontrar, los autores también se sorprendieron: “La acidificación de los suelos era esperable, pero lo que nos alarmó un poco fue la magnitud”, dice Beretta.

“Desde el punto de vista ambiental, la acidificación del suelo no es un problema grave: los suelos siguen siendo productivos”, afirma el investigador, pero agrega que el problema es que “la acidificación, de seguir aumentando, pone un techo a la producción máxima”. Beretta sostiene que la limitante más importante en general en Uruguay “es el agua en los períodos de sequía”, pero de seguir la acidificación de los suelos, aun manejando la falta de agua, llegará un punto en que “de todos modos no podés levantar el rendimiento, porque lo que limitará la producción será el pH”.

Combatiendo la pobreza

Para Beretta, lo más alarmante no son los números que le pusieron al empobrecimiento anticipado de nuestros suelos: “Creo que lo más preocupante de este trabajo es que no hagamos nada al respecto. Si de acá a 30 años no cambiáramos nada, eso sí que sería alarmante”. Pero, ¿qué hacer para combatir la pérdida de carbono orgánico, la acidificación y las bases intercambiables? Uno pensaría que al tener suelos empobrecidos, la agricultura deberá recurrir a un mayor uso de fertilizantes. Pero no todo es tan simple.

“El empobrecimiento de carbono del suelo no hay fertilizante que pueda mejorarlo”, aclara Beretta, pero también habla de otro aspecto a tener en cuenta: “Nosotros no obtuvimos información suficiente para poder concluirlo, pero aparentemente una de las cosas que estamos viendo es que si bien la producción por siembra directa y el manejo de rotación de cultivos que estamos planteando desde el ministerio aumenta la producción de biomasa, no es suficiente para que esa biomasa quede secuestrada en el suelo por falta de nitrógeno”. Sobre la siembra directa, que consiste en evitar dar vuelta el suelo y hacer la siembra sobre el rastrojo que se deja del cultivo muerto anterior, Beretta afirma: “Si bien es efectiva para la pérdida de masa de suelo por erosión, no soluciona la pérdida de carbono, ni la de potasio, ni la acidificación del suelo. Antes, el bajo potasio no era una limitante en Uruguay, pero ahora está empezando a afectar a muchos cultivos”.

Si una de las formas de atacar el problema de la pérdida de carbono orgánico del suelo es suministrar más nitrógeno, uno se pregunta si el exceso de fertilización no afectará al exceso de nutrientes en los cursos de agua, lo que, por ejemplo, sería problemático para las floraciones de cianobacterias. Beretta es claro y muestra que casi todos los fenómenos son más complejos de lo que uno suele pensar: “No creo que el nitrógeno que hoy en día se está aplicando como fertilizante sea lo que está provocando la contaminación que contribuye a la floraciones de cianobacterias. Las veces que hemos hecho monitoreo de nitrógeno, en otros trabajos, no hemos encontrado cantidades significativas de nitrógeno en el agua, al tiempo que las cianobacterias tienen la capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico, por lo que para ellas no es un factor limitante”. Incluso va más allá y afirma: “Hoy en día estamos aplicando demasiado poco nitrógeno a los cultivos”.

Para el investigador, tampoco hay que apuntar al fósforo de los fertilizantes como factor explicativo de las floraciones de cianobacterias: “No me animo a decir que el fósforo sea un factor desencadenante de las floraciones, porque las cianobacterias necesitan tan poco fósforo que parece que siempre hay cantidad suficiente para ellas”. Y agrega un dato sorprendente: “Mi visión, basada en algunos cálculos que he hecho, es que sólo la pérdida de suelo por la erosión levanta los niveles de fósforo por encima de lo que es limitante para el desarrollo de cianobacterias, sin que en eso influyan los fertilizantes”. De hecho, cuenta que una vez simuló que Río Negro tuviera sólo campo natural –el escenario en el que habría menos erosión– y la cantidad de fósforo que obtuvo por erosión natural ya le daba por encima de ese valor limitante. “Por eso creo que no es sólo el fósforo y el nitrógeno de los fertilizantes lo que desata los bloom de cianobacterias”, dice, y uno, que busca ser honesto, se promete no volver a colocar a los fertilizantes agrícolas como una de las principales causas de las floraciones de cianobacterias. De todas formas, más allá de que el nitrógeno no sea el desencadenante de las cianobacterias, Beretta es enfático: “No se trata de aplicarlo en exceso, todo hay que hacerlo en la cantidad justa. Pero hoy en día estamos muy deficitarios en la cantidad de nitrógeno que se aplica a los cultivos, y hoy en día no veo que fertilizar por el tema del carbono sea un riesgo para las fuentes de agua”.

Por otro lado, para atacar la acidificación de los suelos, el investigador afirma que “en algún momento va a ser necesario comenzar con programas de encalado” en los que se combata la acidificación mediante la aplicación de cal. “Lo que pasa es que en un sistema productivo que tiene una base de leguminosas importante para alimentar a los animales y por la producción de soja, era esperable que se acentuara la acidificación del suelo, ya que las leguminosas naturalmente pueden provocarla”, agrega. “Si fuera un técnico asesor de un sistema productivo, plantearía la necesidad de fertilizar, por lo menos con mayores cantidades de nitrógeno, y con encalar, y evaluaría también la cantidad de potasio. No sólo lo haría por los cultivos, sino también porque el suelo es un sistema viviente que también necesita sus condiciones para mantenerse”, afirma.

El trabajo es relevante para diagnosticar con números el estado de nuestros suelos con los sistemas productivos actuales. Pero Beretta considera que “también hace falta más acción”. “Hay cosas que ya sabemos: si baja el potasio, hay que aplicar potasio; si baja el pH, hay investigación que sustenta el encalamiento. Hay que afinar algún número en temas como el de la aplicación de nitrógeno, cuándo aplicarlo, pero sobre todo cómo transformamos el beneficio de aumentar el carbono en valor económico para que la gente se entusiasme con la idea”, sostiene. Para el investigador, esa es parte de la estrategia necesaria: “Para los productores el carbono en el suelo es algo tan intangible que es difícil que adopten una medida de fertilización con ese fin. Todavía nos falta poder convencer a los demás de que es algo que afecta al futuro de los productores, que entiendan los beneficios a mediano y largo plazo”.

Además de promocionar y convencer, Beretta señala otro aspecto: “Creo que el camino a seguir es que la gente esté mejor informada sobre el estado de su campo para tomar las mejores decisiones. En eso aún estamos lejos; la gente no envía muestras del suelo para analizar, por lo que se toman decisiones con falta de información. Más que investigación, creo que falta más la parte proactiva de los técnicos, colegas míos, de empezar a juntar datos”.

El empobrecimiento constatado en el trabajo se produjo en apenas 13 años, es decir, en un período bastante corto. Beretta señala que Uruguay ya ha asumido compromisos para mantener su stock de carbono –por otras razones que no vienen a cuento–, por lo que tal vez el problema suscite cierta atención. “Sin embargo, el problema del pH y del potasio aún no se ha abordado” y como ya había dejado claro, lo más alarmante sería no hacer nada al respecto. Los números son elocuentes y nos miran desafiantes.

“Soil Quality Decrease over 13 years of Agricultural Production”.
Publicación: Nutrient Cycling in Agroecosystems (abril de 2019).
Autores: Andrés Beretta Blanco, Osvaldo Pérez, Leonidas Carrasco Letelier.
Nutrient Cycling in Agroecosystems 114(1):45-55 · April 2019
Fuente: Leo Lagos https://ciencia.ladiaria.com.uy

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Suelos empobrecidos, discusión enriquecida

La publicación de una nota sobre el empobrecimiento de los suelos por la intensificación de la agricultura motivó la reacción de varios investigadores deseosos de puntualizar la relación actual entre fertilizantes y cianobacterias, y lo problemático que sería aumentar aun más el uso de estos.

A las pocas horas de publicada la nota “Suelos empobrecidos”, el 7 de mayo, que comentaba el artículo científico “Disminución de la calidad del suelo tras 13 años de producción agrícola”, de Andrés Beretta, Osvaldo Pérez y Leonidas Carrasco, se hizo patente que algo había pasado: tanto en las redes como en mi teléfono había investigadores de distintos ámbitos que mostraban discrepancias con algunos de los conceptos publicados. Pero a diferencia de muchas de las discrepancias de esta era de inmediatez digital, en este caso los que escribían buscaban aclarar conceptos y enriquecer la discusión.
Redes constructivas

“Muy interesante la investigación y el diagnóstico” escribía en su cuenta de Facebook Luis Aubriot, de la sección Limnología del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales (IECA) de la Facultad de Ciencias, que luego proseguía: “Pero creo que se debilita [en la nota] cuando busca interpretar el fenómeno de floraciones de cianobacterias”. En la nota, cuando se le preguntó al investigador Andrés Beretta, autor principal del artículo científico, si la sugerencia de agregar más fertilizantes para combatir el empobrecimiento del suelo no conllevaría un problema mayor en cuanto a las floraciones de cianobacterias, declaró que no se animaba a decir que “el fósforo sea un factor desencadenante de las floraciones, porque las cianobacterias necesitan tan poco fósforo que parece que siempre hay cantidad suficiente para ellas”. El científico del IECA citó ese pasaje y también se refirió a otro: “‘Por eso creo que no son sólo el fósforo y el nitrógeno de los fertilizantes lo que desata los blooms de cianobacterias’, dice Beretta, y uno, que busca ser honesto, se promete no volver a colocar a los fertilizantes agrícolas como una de las principales causas de las floraciones de cianobacterias”. Aubriot comenta: “Acá concuerdo y discrepo”.

Pasa a explicar: “Para que se produzca un bloom o floración (otra cosa es que sea persistente en el tiempo) se tienen que dar varios factores al mismo tiempo: nutrientes, principalmente fósforo, alto tiempo de residencia del agua (por ejemplo en embalses, o en caso de sequía en ríos), temperatura en un rango óptimo, baja-media turbidez del agua, entre otros”. Hasta allí podría trazarse la línea de acuerdo, pero entonces Aubriot marca su separación con los conceptos vertidos: “Es cierto que las cianobacterias necesitan poco fósforo para crecer, pero otra cosa es crecer en fase exponencial y formar grandes biomasas que cubren cientos de kilómetros cuadrados de un gran embalse o 500 kilómetros de costa. Ahí sí se necesita, más que altas concentraciones de fósforo, un aporte continuo. Es decir, a poco de comenzar una fase de crecimiento, de existir una cantidad baja de nutrientes, el crecimiento se vería limitado, y otros factores que producen pérdidas de biomasa (por ejemplo, depredación, patógenos, etcétera) controlarían la floración. Esto puede ocurrir en un ambiente ‘natural’ en verano, por ejemplo. El problema con que se aumente el nitrógeno es que puede hacer que las cianobacterias sean más eficientes en usar el fósforo” sostiene, y para ello cita un trabajo propio en el que demuestra justamente eso, publicado en FEMS Microbiology Ecology en 2018 y titulado “La disponibilidad de nitrógeno facilita la absorción de fósforo a las cianobacterias que producen floraciones”.

Continuando con su exposición, Aubriot concluye: “Se podría decir que el desencadenante inicial pueden ser los embalses, pero el que sostiene y genera semejantes biomasas no puede ser otra cosa el fósforo”. También aclara que “las cianobacterias que producen las mayores floraciones en el país no fijan nitrógeno atmosférico, así que se verán adicionalmente estimuladas con más nitrógeno en los fertilizantes”, y que estas cianobacterias (del género Microcystis) “son las que requieren más fósforo en relación a otras (por ejemplo, Dolman et al. Plos ONE 2012)”. Para finalizar entonces el comentario, Aubriot es claro en cuanto a que no sólo tiene diferencias con Beretta sobre la relación entre fertilizantes y las floraciones de cianobacterias, sino también con quien escribió la nota: “[respecto del final de la nota] discrepo con el estimado Leo Lagos: sí pondría a los fertilizantes como una de las principales causas de las floraciones”.
Hacerse cargo

Como había escrito en la nota original, uno trata de ser honesto, lo que al momento de escribir sobre ciencia significa estar siempre dispuesto a abandonar las ideas propias ante la evidencia. En su momento, lo dicho por Beretta me pareció revelador y me hizo ver la poca profundidad con la que había creído entender la relación entre fertilizantes y cianobacterias. Ante el hecho de que nuestros cursos de agua naturalmente tienen cantidades suficientes de fósforo como para que vivan las cianobacterias, y que sus niveles de nitrógeno no es elevado –datos que confirmé con otros expertos–, decidí predicar con el ejemplo y me animé a hacer público el cambio de perspectiva. Ni bien leí los comentarios de Aubriot a la nota le pedí una entrevista: tengo una confianza ciega en que la curiosidad y el esfuerzo por entender un tema construye mejores periodistas, ciudadanos y personas. Tras conversar por más de una hora, ante la evidencia sustanciosa basada en artículos publicados y en experiencias de personas que se dedican a hacer crecer cianobacterias manejando distintas variables, pero que también realizan trabajo de campo en nuestros embalses y cursos de agua, vuelvo, de forma más informada, a colocar a los fertilizantes agrícolas dentro de los principales agentes explicativos de las floraciones de cianobacterias. Hablar de temas complejos requiere dejar el ego de lado y permitir que sea pisoteado por la mejor evidencia disponible.

Pero la reacción de Aubriot no fue la única. Otros científicos de distintas áreas hicieron llegar sus discrepancias sobre el encalado del suelo para combatir la acidificación a través de un biólogo al que me une una gran amistad. Afirmaban que agregar cal “es algo que se hace en el mundo entero menos acá”, pero que en realidad es una “no solución”, ya que “resuelve los problemas asociados a un insumo con otro insumo que incrementa significativamente el impacto ambiental de la actividad”, e incluso proporcionaban las cantidades necesarias de cal para neutralizar determinadas cantidades de fertilizantes. Concordaban también en que el trabajo de los investigadores del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria era un gran aporte al poner en números una cuestión que ya se sospechaba. Lamentablemente, cuando les pedí si podría entrevistarlos al respecto, prefirieron declinar la invitación, ya que no se sentían calificados para hablar en forma científica del tema. Más allá de que uno deseara contar con sus aportes para tener una visión más completa, también es cierto que las discusiones en ciencia tienen sus reglas, y que no todo se resuelve con un panel de todólogos. No cito sus nombres pero sí algunas de las cosas que me trasladaron, convencido de que aquí hay, valga el juego de palabras, tierra fértil para más discusiones y trabajo científico sobre qué hacer con estos suelos que se empobrecen por el uso agrícola.

En la nota “Más es más: el exceso de nutrientes favorece las floraciones tóxicas”, publicamos una respuesta a la nota que salió impresa la semana pasada, firmada por tres investigadores de la Universidad de la República y del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable. Justamente por este tipo de reacciones es por las que uno cree que es importante hacer divulgación científica: para pensarnos, pensar el mundo y, entre todos, ver qué queremos hacer con él.

Fuente: Leo Lagos https://ciencia.ladiaria.com.uy/articulo