Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Calentamiento Global afecta Océano Atlántico.

18/04/2018

“El océano sólo llega al público con noticias sobre derrame de petróleo o por conflictos derivados de la pesca”.“Necesitamos una ciudadanía informada, algo que no ocurre en la actualidad ante la ausencia de información que sobre los océanos hay en la escuela y en la universidad”.Los océanos juegan un papel esencial en los aspectos de regulación del clima ya que capturan el exceso de calor y de los gases de efecto invernadero y los trasladan a las capas más internas de la Tierra.

Océanos: la Concientización del Cambio Climático. Marcos Sommer

L. Caesar, S. Rahmstorf, A. Robinson, G. Feulner & V. Saba. Observed fingerprint of a weakening Atlantic Ocean overturning circulation
Naturevolume 556, pages 191–196 (2018)

La circulación de la Corriente del Golfo, que lleva agua cálida desde el Golfo de México hacia el Atlántico Norte, se está desacelerando debido al cambio climático, afirmó un equipo de científicos. Una de las consecuencias más temidas del calentamiento de los océanos ya está ocurriendo.
De acuerdo al artículo publicado en Nature, la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés) ha disminuido en un 15% desde mediados del siglo 20 a un “nuevo récord histórico”. Eso es una disminución de 3 millones de metros cúbicos de agua por segundo, el equivalente a casi 15 ríos amazónicos.

AMOC lleva agua tibia desde el ecuador hacia el norte del Atlántico, mientras que regresa el agua fría a través del océano profundo. La corriente es, en parte, la razón por la cual Europa Occidental disfruta de un clima templado, y los meteorólogos están vinculando los cambios en las temperaturas del Océano Atlántico Norte con las recientes olas de calor del verano.
Wikimedia Commons

Algunas de las perturbaciones de AMOC pueden ser impulsadas por el deshielo de Groenlandia, otra consecuencia del cambio climático que está alterando la composición del agua de la región e interrumpe los procesos naturales. Esto es “algo que los modelos climáticos han predicho durante mucho tiempo, pero no estábamos seguros de que realmente estuviera sucediendo. Uno de los autores Stefan Rahmstorf del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático en Alemania manifesto: “creo que son malas noticias”.

Sin embargo aún no se entiende del todo el rol que juega el cambio climático en la desaceleración de la corriente oceánica, y otro estudio arrojó conclusiones algo diferentes. También publicado en Nature, este otro estudio descubrió que AMOC se ha desacelerado en los últimos 150 años y de manera similar ha descubierto que ahora es más débil que en cualquier momento en más de un milenio.

Dos estudios, una conclusión similar!
Los dos estudios tienen sus diferencias: el segundo sugiere que la desaceleración probablemente comenzó por razones naturales alrededor de la época de la Revolución Industrial, en vez de ser estimulada por el cambio climático causado por los seres humanos. Pero al igual que el primer estudio, el segundo encuentra que la circulación se ha mantenido débil, o incluso debilitada aún más, a través de la era actual de calentamiento.
“Estas dos nuevas investigaciones apuntan firmemente al hecho de que el vuelco (AMOC) probablemente se ha debilitado en los últimos 150 años”, dijo Jon Robson, investigador de la Universidad de Reading y uno de los autores del estudio. “Hay incertidumbre sobre cuándo, pero la analogía entre lo que sucedió hace 150 años y la actual es bastante fuerte”.

Las latitudes más norte están recibiendo temperaturas más altas, modificando el comportamiento de la Corriente del Golfo
Jon I. Robson et al

La circulación de AMOC es solo una parte de un sistema global mucho más grande de corrientes oceánicas, impulsado por las diferencias en la temperatura y la salinidad del agua del océano. Las cálidas aguas superficiales fluyen hacia el norte en el Atlántico, eventualmente se enfrían y, debido a que el agua fría y salada es más densa, se hunde y regresa al sur a grandes profundidades.

Pero el derretimiento del hielo marino del Ártico y la capa de hielo de Groenlandia pueden refrescar las aguas del norte e interferir con el hundimiento del agua más densa y cálida. Investigaciones recientes han confirmado que el agua de deshielo de Groenlandia permanece en la superficie del océano, donde podría estar interrumpiendo la circulación.

Las mediciones directas de la circulación tienen poco más de una década. Y aunque esos han mostrado un descenso, es un período de tiempo demasiado corto para detectar una tendencia definitiva. Entonces, los nuevos estudios buscaron inferir el estado de la circulación a partir de evidencia más indirecta.

Temperaturas observadas desde 1870
Levke Caesar/Potsdam Institute for Climate Impact Research

En el primero, los autores destacan un curioso patrón de temperaturas oceánicas que coinciden con lo que esperaría de un AMOC debilitado: un fuerte calentamiento frente a la costa del este de los Estados Unidos, junto con un enfriamiento al sur de Groenlandia. La investigación encuentra que la extraña alineación, que ha producido récords de frío y calor, se ha estado desarrollando desde la década de 1950 y se asemeja mucho a lo que predeciría un modelo climático de muy alta resolución.
El estudio fue dirigido por el Levke Caesar del Instituto Potsdam junto con coautores de instituciones en Alemania, Grecia y España, así como de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU.

El segundo estudio, mientras tanto, se basa en muestras de sedimentos del océano profundo frente al Cabo Hatteras, en Carolina del Norte, para inferir la fuerza de la corriente que se remonta a más de mil años. Debido a que una corriente más fuerte puede transportar granos de arena más gruesos, el estudio pudo detectar un debilitamiento que comenzó hace unos 160 o 170 años cuando terminó la “Pequeña Edad de Hielo” en el hemisferio norte. Esa tendencia ha continuado hasta el presente.

“En términos de esta caída inicial en el AMOC, es muy probable que sea una especie de proceso natural”, dijo Robson. “Es muy probable, basado en otra evidencia, que las actividades humanas puedan haber seguido reprimiendo el AMOC, o tal vez hayan llevado a un mayor debilitamiento”.

Consecuencias imprevistas

Los autores del primer estudio creen que el cambio en la circulación ya puede tener un gran impacto a lo largo de la costa estadounidense. “De todas las aguas de Estados Unidos, esta región definitivamente se ha calentado más rápido en la última década”, dijo Vincent Saba, biólogo marino de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y uno de sus coautores.

Si la tendencia a la desaceleración continúa, se espera que impulse un fuerte aumento del nivel del mar contra el litoral oriental. Investigaciones anteriores ya han demostrado que de 2009 a 2010, el nivel del mar en la región de repente se elevó más de 12 centímetros, gracias en parte a una breve desaceleración de la circulación. Esto ocurre porque el flujo hacia el norte de la corriente del Golfo empuja las aguas a su derecha, lo que significa que el océano se acumula contra la costa de Europa. Pero a medida que la corriente se debilita, parte del agua fluye hacia la costa este de los Estados Unidos.

En cuanto al futuro, Rahmstorf predice que la circulación solo se debilitará aún más a medida que avance el cambio climático. Puede que no sea lento y estable: existe un gran temor de que pueda haber un “punto de inflexión” en el que la circulación se detenga abruptamente. Si esto ocurriese, afectaría a todos los seres vivos de planeta. Y no necesariamente de manera positiva.
Victor Román. Fuente original: aquí

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Nada hemos de esperar… que no venga de nosotros mismos.

13/04/2018

Por Leo Lagos en Ciencia

Un estudio financiado por la Agencia Nacional para la Investigación y la Innovación y llevado adelante por el Institut Pasteur de Montevideo, la Intendencia de Montevideo (IM) y el Laboratorio Tecnológico del Uruguay, permitió determinar que en el saneamiento de la capital, y también en algunas de sus playas, se encuentran genes de resistencia a los antibióticos. Los resultados de esta investigación, adelantados por Gregorio Iraola, de la Unidad de Bioinformática del Institut Pasteur de Montevideo, en una charla abierta para científicos, prensa e interesados, podrían llevar a extraer conclusiones tan precipitadas como equivocadas: que en el saneamiento se hayan encontrado estos genes que confieren resistencia a la acción de los antibióticos no quiere decir que estemos ante una nueva amenaza ni que el peligro nos aceche. La realidad es un poco menos escandalosa y bastante menos glamorosa: la investigación es apenas una muestra de lo que sucede en los intestinos de los montevideanos, que a su vez es una consecuencia de lo que están recetando los médicos en nuestras mutualistas y hospitales. Leer la totalidad del artículo.
Fuente: La Diaria

¿Ministerio de Innovación, Ciencia y Tecnología?

10/04/2018

En la implementación de una política pública, cualquiera sea el área considerada, es imprescindible disponer de arreglos y capacidades institucionales adecuadas y potentes para que la misma resulte efectiva. Transitado más de la mitad del tercer gobierno frentista, y acercándonos a importantes instancias de definición programáticas, revisar y evaluar las gobernanzas actuales en diferentes áreas constituye un imperativo político.

La gobernanza de la ciencia y la tecnología fue siempre fuente de debate en ámbitos académicos, pero recién cobró importancia político-partidaria a inicios del siglo, asociada a la crisis de 2002 y al predecible acceso de la izquierda al gobierno. Además, en esa etapa se generaron nuevas visiones que, superando el modelo lineal del progreso técnico, asumieron una perspectiva sistémica de la innovación que reconoce multiplicidad de actores e interrelaciones complejas sobre las que actuar. Acorde con ello, durante el primer período gubernamental frentista se implementó una importante reforma institucional, que tuvo creciente apoyo y laudó transitoriamente la cuestión.

Sin embargo, en estos últimos años la temática ha vuelto a estar en la agenda política al reconocerse crecientes restricciones en algunos de los niveles del diseño, llegándose incluso a proponer la creación de un ministerio específico por parte de distintos actores políticos (por ejemplo el proyecto colorado en 2015) y sociales. Analicemos en esta nota el tema.
Las tres opciones de 2005

La iniciativa de crear un ministerio no es novedosa dentro de la discusión político-programática. Era una de las opciones planteadas en 2004 en el Frente Amplio (FA), cuando desde su programa electoral se sostenía “en contraposición con la grisura y la improvisación actuales, promovemos y nos comprometemos a impulsar desde el gobierno un conjunto de iniciativas agrupables en cuatro grandes áreas”, siendo la primera “un diseño favorable a la innovación”.

Asumido el gobierno, se definió rápidamente la constitución de un Gabinete Ministerial de la Innovación (GMI) como máximo ámbito político-estratégico. Este estaba conformado por los ministros vinculados a las políticas productivas (Industria, Energía y Minería, Ganadería y Agricultura, y Economía y Finanzas) más el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), y coordinado por el ministro de Educación y Cultura (decreto de abril de 2005). Siendo una de las tres alternativas consideradas, esta decisión tenía la ventaja de permitir en forma inmediata concretar la transversalidad buscada e iniciar la elaboración y definición de políticas con una mirada sistémica. En ese momento se entendió que la creación de un ministerio (segunda opción) circunscribía demasiado la temática, además de implicar un proceso operativo-institucional más lento. También se consideró que la tercera alternativa, que era la instalación de un ámbito específico a nivel de la OPP, minimizaba la reforma, la visibilidad del tema y el propio desarrollo institucional.

El rol y las funciones del GMI fueron definidas en la Ley 18.084 de 2006, que culminó de rediseñar la nueva institucionalidad, creando la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) como nivel político operativo e implementador de programas, al tiempo que se reestructuraba y ampliaba la vieja Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) para conformar un nuevo ámbito consultivo-participativo de los diversos actores públicos y privados.

La creación del GMI tuvo otras virtudes: 1) mostró el consistente apoyo político que tenían las decisiones adoptadas (lo integraban como ministros los dos principales líderes sectoriales frentistas), algunas de las que podrían generar resistencias, pues implicaban cambios institucionales importantes; 2) permitió elaborar y definir la política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) de un modo articulado con otras políticas horizontales y sectoriales, y 3) brindó el fuerte y necesario incremento presupuestal acordado, en un contexto financiero de poscrisis.

En el programa electoral del FA en 2009 se evaluó como adecuado el desarrollo alcanzado, y el foco se puso en otras áreas. Recién en el proceso de discusión programática para la campaña electoral de 2014 emergieron nuevamente propuestas de rediseño, entre ellas la creación de un Ministerio de Innovación, Ciencia y Tecnología (MINCYT), pues comenzaron a observarse problemas en el funcionamiento del ámbito interministerial. Sin embargo, la propuesta no logró concitar apoyo suficiente en el congreso que definió el programa de gobierno 2015-2020, por lo que fue dejada de lado.
Del GMI al MINCYT

Actualmente hay consenso en que el diseño original, eficiente para iniciar e implementar la reforma, dejó luego de ser funcional, particularmente en el nivel político-estratégico. El GMI (ampliado incluso con la participación del ministro de Salud) fue perdiendo capacidad ejecutiva y de articulación con el sistema, y en los hechos dejó de funcionar, quedando un vacío en la conducción política del tema. De ese modo, se generaron condiciones para lo que muchos denominan una paulatina autonomización institucional del nivel operativo e implementador de programas.

Hoy cabe preguntarse cuál es actualmente la referencia institucional para exponer y fundamentar la política pública de CTI en curso, o quién es el interlocutor para una instancia regional de coordinación de dichas políticas. La dificultad para responder estas cuestiones muestra con claridad la acefalía existente desde hace cierto tiempo.

Con las reformulaciones institucionales vinculadas a la “trasformación productiva y la competitividad” emprendidas en este tercer período, y concretadas legalmente en 2017, se trató, aparentemente, de superar esa realidad respecto a la CTI. Sin embargo, en los hechos el resultado fue un incremento de la dispersión institucional y mayor superposición de roles propositivos y de coordinación. Lo opuesto a lo necesario.

La Secretaría de Ciencia y Tecnología, creada en la órbita de Presidencia en 2015 y reglamentada el noviembre pasado, sigue sin estar integrada a la fecha y no pasa de ser una instancia más dentro del sistema, con roles de propuesta y mínima capacidad operativa. No sólo se ha retrocedido en lo conceptual al separar nuevamente la “ciencia y tecnología” de la “innovación”, sino que el diseño para la temática es de menor potencia incluso que la “tercera opción” descartada en 2005.

El necesario relanzamiento de la política de CTI obliga a tener un referente institucional de nivel jerárquico, con atribuciones para liderar, articular y promover la participación de actores públicos y privados del sistema, y que pueda además, en igualdad jerárquica, participar e interactuar con los pares de las instancias desde donde deberían surgir agendas y articulaciones para promover la investigación y la innovación. Es decir, el recién creado Sistema de Transformación Productiva y Competitividad así como los ámbitos de definición de políticas sociales y educativas.

Luego de la experiencia adquirida con la gobernanza anterior, la opción de creación de un MINCYT debería considerarse como el resultado de una maduración institucional natural. En el proceso de rediseño hay aspectos que no pueden perderse: el reconocimiento de la existencia de niveles estratégicos, operativos y consultivos de la gobernanza; la conceptualización del Sistema Nacional de Innovación con sus complejidades e interacciones, y el papel subsidiario que tiene la ciencia y la tecnología para el desarrollo productivo y la competitividad, el desarrollo y la inclusión social, y la expansión democrática.

Su creación no puede implicar una carga onerosa para el Estado. De estructura mínima, correspondería que utilizara para el cumplimiento de sus funciones capacidades operativas ya instaladas y valoradas, como por ejemplo las de la ANII. El riesgo de “captura” por parte de algunos de los actores del sistema, objeción que se ha planteado para su creación, lo tiene como cualquier nueva institucionalidad. Habrá que estar atento a ello. Pero la acefalía en la temática no es un riesgo, es una realidad diagnosticada y presente.
Los interlocutores regionales

Otro elemento para el análisis lo aportan los procesos y las realidades institucionales de la región. En Brasil existe un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación muy activo, creado en 1985. En Argentina se instituyó el mismo más recientemente (2007), tras un decenio de constituida una agencia promotora de CTI, es decir una trayectoria similar a la propuesta aquí. Por su parte, en Paraguay se creó el CONACYT en 1998, con rango ministerial de su presidente. En Venezuela existe también un ministerio, aunque incorpora la rectoría de la educación universitaria, y en Chile, a fines del año pasado la presidenta Michelle Bachelet envió un proyecto de ley para su concreción. Es decir, la creación del MINCYT en Uruguay colocaría al país en un similar nivel de interlocución en el tema, lo que es muy importante considerando las interdependencias productivas y socioeducativas existentes y la posibilidad de consolidar acuerdos en el MERCOSUR y la región.

Partiendo del conjunto de concreciones ya logradas, hoy es necesario alcanzar nuevos consensos para relanzar con potencia la política de CTI. Analizar las opciones y acordar el arreglo institucional adecuado para encarar ese desafío resulta uno de sus aspectos centrales. La propuesta de evolucionar institucionalmente y crear el MINCYT es una opción que tiene fundamentos y debería ser considerada por los distintos actores políticos y sociales vinculados al Sistema Nacional de Innovación. Fuente: Edgardo Rubianes. La Diaria.

Hallaron residuos de plaguicidas en el tejido muscular de 96% de los peces analizados en los ríos Negro y Uruguay

02/04/2018

“Presencia de residuos de plaguicidas en peces de agroecosistemas de secano de América del Sur” se titula el artículo publicado por un grupo de investigadores uruguayos en la revista científica internacional Science of the Total Environment (Occurrence of pesticide residues in fish from south American rainfed agroecosystems). Durante 2015 el equipo analizó 149 muestras de peces silvestres de las zonas de Mercedes, Nuevo Berlín, San Javier y San Gregorio de Polanco; 143 de ellos (96%) tenían residuos de plaguicidas en sus tejidos musculares. En promedio, cada pez tenía rastros de cuatro plaguicidas; el valor máximo se encontró en un pez capturado en Nuevo Berlín, el Salminus brasiliensis, migratorio, en el que se detectaron 21 plaguicidas. En total se identificaron 30 plaguicidas en concentraciones que van desde menos de uno a 194 microgramos por kilo. Los datos fueron difundidos ayer por el Observatorio del Agua en Uruguay, que dirige el periodista Víctor Bacchetta.

El artículo fue aceptado el 27 de febrero por Science of the Total Environment. Los autores son Federico Ernst, Beatriz Alonso, Marcos Colazzo, Lucía Pareja, Verónica Cesio, Alfredo Pereira, Alejando Márquez, Eugenia Errico, Ángel Manuel Segura, Horacio Heinzen y Andrés Pérez-Parada. Pereira y Márquez trabajan en la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, los demás (y también Márquez) se desempeñan en diferentes ámbitos de la Universidad de la República (Facultad de Química, Centro Universitario Regional Litoral Norte, Centro Regional del Este y Facultad de Ciencias).

“La mayoría de los peces han incorporado múltiples residuos de plaguicidas en sus tejidos”, constataron los autores, que señalaron la necesidad de contar con estudios sobre la incidencia temporal de plaguicidas a lo largo de la vida de los peces y que se evalúe el riesgo de esa exposición. Si bien las dosis no llegan a ser letales, los autores mencionan bibliografía que da cuenta de los efectos nocivos que causa la combinación de pesticidas, aunque sea en dosis subletales, en la salud de los peces.

Los plaguicidas que aparecieron con mayor frecuencia fueron los fungicidas trifloxystrobin (84%) y pyraclostrobin (51%), y el herbicida metolacloro. Preocupa principalmente el impacto de los dos fungicidas, porque ambos pertenecen a la familia de las estrobilurinas, altamente tóxicas para los peces. Las estrobilurinas también han aparecido en abejas en Uruguay, por eso los autores indican que es necesario estudiar el destino y el impacto de esos fungicidas en el medioambiente.

Para el artículo se analizaron peces de consumo humano, tanto de especies migratorias como no migratorias, de detritívoros (que se alimentan de detritos o materia orgánica en descomposición, reseña el Observatorio del Agua en Uruguay) y también de especies depredadoras superiores. Los residuos de pesticidas fueron detectados en ambos tipos de especies: migratorias y no migratorias.

El estudio halló diferencias en función de las particularidades productivas de cada región. Mercedes, San Javier y Nuevo Berlín son áreas rodeadas de agricultura de secano (pese a que San Javier y Nuevo Berlín conforman los Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay, que integran el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y son sitios Ramsar, es decir, de protección internacional a los humedales). En tanto, San Gregorio de Polanco es un área de pasturas naturales. “En las zonas de Mercedes, Nuevo Berlín y San Javier, donde predomina el cultivo de soja y de otros transgénicos a gran escala, la cantidad y composición de pesticidas es significativamente diferente de la encontrada en San Gregorio de Polanco, donde las pasturas naturales dominan los usos”, reseña la nota del Observatorio del Agua.

En función de su frecuencia de aparición y de la concentración promedio, los autores clasificaron los plaguicidas en cuatro categorías: dominante, frecuente, ocasional y raro. Entre los dominantes incluyeron los fungicidas carbendazim, epoxiconazol, pyraclostrobin y trifloxystrobin. La atrazina, azoxistrobin, difenoconazol, metalaxil, metolacloro, pirimiphos metil y tebuconazol se clasificaron como frecuentes. Los autores señalan que 28 de los compuestos detectados “están actualmente aprobados para la agricultura de secano, principalmente en cebada extensiva, sorgo, soja y producción de trigo”, y que los plaguicidas pirimiphos metilo y clomazona se utilizan como medicamentos de uso veterinario y en los cultivos de arroz, respectivamente. Los autores recomiendan analizar el tema en función del contexto agrícola y de si se trata de áreas prioritarias de conservación, como son los sitios Ramsar. Fuente: La Diaria.

¿Podemos comer lo que pescamos en Montevideo?

02/04/2018

Por Leo Lagos en Río Abierto

La Intendencia de Montevideo monitorea permanentemente la calidad de las aguas del Río de la Plata, vigilancia que cobra más relevancia con la llegada de la temporada estival y el interés de la población por bañarse en las playas. Sin embargo, hay tres que están inhabilitadas durante todo el año: la del Gas, la del Puerto del Buceo y Miramar. Mientras que el primer caso se debe a que “presenta riesgo físico para baños debido a la presencia de rocas y corrientes”, la inhabilitación de las otras dos es explicada en los informes de la comuna de la siguiente manera: “Los antecedentes históricos indican que no presentan condiciones homogéneas durante la temporada, pudiendo aparecer eventualmente valores puntuales muy superiores a los límites que indica la reglamentación vigente”. Dicho con otras palabras: la contaminación en el Puerto del Buceo y la que aporta el Arroyo Carrasco hace que esas playas sean poco recomendables, desde el punto de vista sanitario, para que uno se sumerja en sus aguas. Esta presencia de contaminantes se da también en otros puntos de la costa capitalina que, como no tienen arena ni costa amigable, no son mencionados en la lista de lugares donde la salud del bañista corre riesgo. Entre ellos se destaca la Bahía de Montevideo, que concentra no sólo una gran actividad portuaria sino la descarga del Miguelete y el Pantanoso, dos arroyos trágicamente deteriorados. Tanto en el Puerto del Buceo como en la Bahía de Montevideo es frecuente ver a pacientes pescadores que sueñan con corvinas y pejerreyes pero que también se contentan con bagres, lisas y dientudos. Y entonces surgen las preguntas: ¿los peces que viven en aguas contaminadas también están contaminados? En caso de estarlo, ¿es aconsejable comer lo que se pesca en aguas que no son aptas para baño? ¿Hay alguien estudiando esto seriamente?
Acumuladores biológicos

El tema de qué hacer con el pescado en un mundo que atenta un día sí y otro también contra el medio ambiente ha sido tratado con frecuencia. Por ejemplo, en 2010 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llamaron a expertos de todo el mundo a discutir sobre los riesgos y beneficios del consumo de pescado teniendo en cuenta la presencia del metilmercurio y dioxinas. Entre otras conclusiones, la consulta a expertos señaló que “el consumo de pescado aporta energía, proteínas y otros nutrientes importantes, entre ellos, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga n-3”, y que los beneficios de consumo superaban a los riesgos, incluso durante el embarazo, siempre y cuando los contaminantes no superen los valores aceptados en la ingesta mensual tolerable provisional (IMTP).

Es que los peces son sensibles a la contaminación del medio en el que viven. Al estar en contacto con el agua, absorben los distintos compuestos tóxicos mediante dos vías: ya sea por las agallas al respirar, o por el canal alimenticio a través del alimento y los sedimentos que ingieren. A su vez, los contaminantes que no son eliminados mediante la respiración y la excreción se alojan en distintos tejidos. Se conoce como bioacumulación a este proceso en el que los seres vivos acumulan en los tejidos, a lo largo de la vida, sustancias en concentraciones que superan a las que están presentes en su medio o alimentos. Y resulta que los peces son grandes bioacumuladores. El problema es mayor a media que se avanza en la cadena alimenticia: mientras que los peces pequeños, que se alimentan de algas y pequeños animales, bioacumulan los contaminantes del agua y las escasas cantidades a su vez bioacumuladas por sus alimentos, los peces que son predadores de otros peces ingieren mayores cantidades de elementos tóxicos, ya que que estos, justamente por estar bioacumulados, están en mayor concentración. A ese fenómeno se lo llama biomagnificación, un aumento de la bioacumulación debido a la transferencia de las sustancias en los sucesivos niveles de la cadena alimentaria (ver ilustración). Este fenómeno es importante para el tema aquí tratado, ya que los peces más codiciados por los pescadores de nuestra costa, la corvina negra (Pogonias cromis) o la más frecuente corvina rubia (Micropogonias furnieri), son predadores que consumen otros peces. ¿Debería un pescador que vuelve de la escollera Sarandí con un par de corvinas preocuparse por las sustancias tóxicas que puedan haber bioacumulado, o tal vez biomagnificado, semejantes peces?

Desde la academia el tema se ha abordado algunas veces. En 2001 Federico Viana presentó su tesis de maestría en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias titulada “Metales pesados en peces de la costa de Montevideo y Piriápolis”. En ella analizó la concentración de cobre (Cu), mercurio (Hg) y cinc (Zn) en el músculo y el hígado de varias especies costeras de consumo humano, entre ellas, pejerrey, lisa, corvina, brótola, pescadilla y burriqueta. Si bien el trabajo detectó “indicios de bioacumulación de mercurio y de cinc”, Viana señaló que “los peces estudiados presentan niveles de cobre, mercurio y cinc en músculo aceptables para consumo humano”. Sin embargo, su investigación encendió una pequeña luz de alerta: la presencia de cobre y cinc en el hígado de la lisa superaba lo aconsejable, y Viana ensayaba que tal vez eso se debiera a que la lisa es un iliófago, o sea, un detritívoro, un animal que se alimenta de detritos y sedimentos. Entonces en su tesis considera “conveniente evitar consumir el hígado y aquellos ejemplares de gran porte”, ya que cuanto más grande y longevo es el animal, más chances hay de que haya bioacumulado ambos elementos.

La posta –y no de pescado– la tomó en 2013 Diego Corrales (tesis descarga, Brazilian Journal of Oceanography. Print version ISSN 1679-8759On-line version ISSN 1982-436X. Braz. j. oceanogr. vol.64 no.1 São Paulo Jan./Mar. 2016) quien, orientado por Alicia Acuña y Enresto Brugnoli, realizó su tesina para la licenciatura de Ciencias Biológicas bajo el nombre “Estudio de metales pesados en dos especies de peces de la zona costera de Montevideo”. Allí Corrales indica que los metales pesados en los ambientes marino costeros proceden de fuentes naturales, como el drenaje continental, la deposición atmosférica o la erosión de los suelos, así como de fuentes antopogénicas relacionadas con la producción agrícola-ganadera (fertilizantes, fungicidas, pesticidas y aguas residuales), los sistemas de desagüe de los centros urbanos e industriales y los derrames de combustibles y dragado en los puertos. Como cualquiera puede ver, los factores causados por el hombre están todos presentes en Montevideo: un puerto que trabaja con intensidad, una interesante cantidad de industrias y producción hortícolo-frutícola, a lo que se suma la condición de “semicerrada” de la Bahía de Montevideo. La investigación bibliográfica de Corrales arroja que “la Bahía de Montevideo presenta una elevada carga orgánica y elevadas concentraciones de cromo, plomo e hidrocarburos derivados del petróleo, mientras que la porción externa y la zona costera adyacente muestran un nivel de contaminación moderado”.

Con todo este marco, Corrales se concentró en el estudio de la corvina rubia y la lisa, realizando muestreos con pescadores artesanales de cuatro zonas: oeste (Santiago Vázquez y Pajas Blancas), Bahía de Montevideo y este (Punta Carretas, Buceo y Punta Gorda). Las muestras fueron analizadas en el Laboratorio de Oceanografía y Ecología Marina de la Facultad de Ciencias. Las conclusiones del trabajo fueron relevantes. En primer lugar, no hubo diferencias entre las concentraciones de metales pesados en las distintas zonas muestreadas, lo que para Corrales “puede relacionarse a la movilidad existente en ambas especies estudiadas”. Dicho de otra forma: el pique en el Puerto del Buceo, por más que esa playa no esté apta para baños, no tendría mayores niveles de metales pesados que el pique que uno pueda tener en otra parte de la costa capitalina. Por otro lado, coincidiendo con el trabajo realizado más de una década antes por Viana, Corrales encontró que las concentraciones de cobre, cinc y mercurio en músculo, tanto de la corvina rubia como de la lisa, estaban por debajo de los niveles máximos permitidos, por lo que no representan “riesgos respecto a su consumo”. Pero lo que en el estudio de Viana era una luz de alerta, ahora ya era una confirmación: el total de las muestras de hígado de la lisa presentaba concentraciones de cobre y arsénico superiores a los máximos permitidos, lo que lo llevó a afirmar que “no es recomendable consumir este órgano, ya que puede presentar grandes cargas de metales pesados”, y extendió el consejo también al hígado de la corvina.

¿Cómo estamos hoy?
Diego Corrales ya no está en el país, pero la importancia de desarrollar unidades y equipos de investigación que permanezcan en el tiempo queda en evidencia cuando llamo a uno de los orientadores de su tesina. Ernesto Brugnoli, del área de Oceanografía y Ecología Marina del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, cuenta que junto a Alicia Acuña, también orientadora de Corrales, y más investigadores de esa repartición, entregaron hace diez días “una síntesis de cuatro muestreos realizados entre 2016 y 2017 y las tendencias son las mismas: niveles bajos de metales en el músculo y por debajo también del límite máximo permitido para consumo humano”. La investigación se realizó en el marco de los estudios de línea de base para la regasificadora Gas Sayago que corren por cuenta de la consultora Estudio Ingeniería Ambiental, que a su vez contrató los servicios de la Facultad de Ciencias. “Esta vez trabajamos con cadmio, plomo, cinc, arsénico y mercurio”, comenta Brugnoli, que, junto al equipo, analizó músculo e hígado de peces de la zona oeste de Montevideo y de Punta Carretas. El resultado no los sorprendió: “las tendencias son las mismas”, dice, “niveles bajos de metales en el músculo y por debajo del límite máximo permitido para consumo humano”.

Entonces uno se anima a contestar las preguntas planteadas en la nota. Según las mediciones de metales pesados realizadas durante más de 16 años por científicos e investigadores, los peces que se pescan en la costa de Montevideo no representan un riesgo para la salud, por más cromo que las curtiembres arrojen al Pantanoso, por más hidrocarburos que se derramen en el puerto o por más metales pesados que se muevan durante el dragado. Eso sí: ante lo notado en tres investigaciones, quitarles las vísceras, en especial el hígado, a los peces antes de consumirlos parece ser no ya sólo razonable y prudente, sino casi obligatorio.
Pescando en el río

No sólo se han hecho estudios sobre metales pesados en los peces de nuestra costa marítima. La Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) realiza los controles de estos elementos para la pesca en aguas más profundas, al tiempo que otras investigaciones estudiaron qué pasa en nuestros ríos. José Pedro Dragonetti, del Instituto de Investigaciones Pesqueras de la Facultad de Veterinaria, señala que “cuando la Facultad empezó a dar clases en el Litoral Norte, el Instituto se propuso, además de investigar los peces marinos, profundizar en los de agua dulce”. Fue entonces que en conjunto con la Dinara y la Escuela de Nutrición estudiaron la calidad de los peces comerciales de río. “En la Escuela de Nutrición estudiaron los ácidos grasos, nosotros estudiamos cuándo están frescos y cuándo se pueden comer, y la Dinara hizo la parte de bioacumulación de metales pesados”, cuenta Dragonetti. La investigación, que se centró en el estudio de sábalos (Prochilodus lineatus), patí (Luciopimelodus pati) y dorados (Salminus brasiliensis), fue presentada en 2016 en el 19º Seminario Latinoamericano y del Caribe de Tecnología de los Alimentos y no encontró “niveles de plomo, mercurio ni cadmio por encima de los parámetros considerados seguros”. Por otro lado, en 2015, Macarena Simoens presentó su tesis para obtener el Magíster en Ciencias Ambientales en la que estudió si las microcistinas, las sustancias tóxicas de las cianobacterias, se acumulaban en las tarariras (Hoplias sp.) del embalse de Rincón del Bonete. Dado que nuestras aguas tienden a tener floraciones de cianobacterias, la investigación era necesaria, ya que hasta entonces nadie había estudiado si los peces de nuestros ríos pueden bioacumular esas sustancias tóxicas y representar un riesgo para la salud de los que los ingieran. Si bien el resultado fue negativo -no se encontró microcistina bioacumulada en las tarariras-, la científica señala la importancia de seguir monitoreando el fenómeno. Por último, un estudio titulado “Residuos de pesticidas en recursos hídricos del Bajo Río Negro y Esteros de Farrapos”, llevado adelante por Andrés Pérez y otros investigadores de la Facultad de Química, el Centro Universitario Regional del Este, Centro Universitario Regional y la Dinara, si bien comprueba el fenómeno de bioacumulación de pesticidas en tarariras, bagres, viejas de agua, dorados, bogas y sábalos, no constata que se produzca la biomagnificación, al tiempo que señala que “las concentraciones encontradas corresponden a dosis subletales”. Fuente: La Diaria