35 años Oceanología

35º Aniversario de la creación de la Profesión de la Oceanología en el Uruguay
(1978 – 2013).

Desde fines de los 70, en Uruguay, al igual que en el resto de América, se empleó un modelo lineal de Ciencia, Tecnología e Innovación que plantea una relación secuencial en los procesos “Investigación científica > Desarrollo tecnológico > Innovación industrial” que conduce al progreso y el bienestar social y es: (i) estrictamente causal, (ii) unidireccional, en ese solo sentido, y (iii) entre tres esferas perfectamente separadas, con lógicas propias e independientes.

En 1975, la ley 14484 crea el Instituto Nacional de Pesca y fija sus cometidos y en 1976 se crea al ILPE como empresa pesquera de propiedad estatal. En esta etapa de explotación pesquera la producción se orientó a unas pocas especies (fundamentalmente merluza, corvina y pescadilla) y la estrategia comprendía el procesamiento en plantas pesqueras localizadas en tierra a efectos de incrementar el empleo. A fines de los 70 la FAO apoya, con el Plan de Desarrollo Pesquero la generación de conocimiento científico para acompañar el proceso de industrialización.

En 1978 se creó la carrera en Oceanología en la Facultad de Humanidades y Ciencias, con un currículo adecuado para la investigación (la licenciatura en Ciencias Biológicas presentaba programas basados en la escuelas enciclopedista francesa de sesgo naturalista),  apoyada a partir de 1982 por el Plan de Ciencias del Mar de la UNESCO (URU/82/009).

A su vez en la facultad de veterinaria de la UDELAR, se crea a mediados de los 70, el Instituto de Investigaciones Pesqueras. En el mismo período la Universidad del Trabajo inicia su Escuela Marítima que se encarga de formar a los patrones de pesca. Todas estas instituciones se manejaban en un contexto no coordinado e incluso competitivo, desempeñando roles sectoriales importantes en la sociedad uruguaya (investigación básica>investigación aplicada> desarrollo> innovación> sociedad). Esta estructura sectorial se mantuvo casi sin variantes hasta la actualidad, con el agravante de que finalizado el apoyo de los programas de FAO, UNESCO y PNUD, el sistema no mostró sustentabilidad provocándose una degradación con gran emigración de recursos humanos altamente calificados hacia el exterior y hacia el sector empresarial.

Entre 1985 y 2005 el INAPE (actualmente DINARA) perdió varios de sus técnicos del área biológico pesquera que actualmente se desempeñan incluso como catedráticos en universidades europeas y en organismos internacionales, se desarticulo el departamento de industrias pesqueras con la transferencia de la mayor parte de sus técnicos al sector privado, se desintegró el Departamento de Economía Pesquera y se perdieron todos los recursos humanos aplicados al área informática.

Desde la creación del Plan Pesquero todas las administraciones mantuvieron el mismo esquema de gestión, agravado en algunos casos, a partir de fines de la década de los 80 con la aplicación de un modelo económico que tenía entre sus principios el convencimiento de que la investigación no era un fin sustantivo del estado y por lo tanto debiera desestimularse por asfixia presupuestal para que la misma se realizara en el sector privado o en el académico (que tampoco era dotado del presupuesto requerido). La Ley 16.736, que en su artículo 269 establece que los recursos acuáticos son de dominio y jurisdicción del estado, parecería no dejar lugar a dudas en cuanto al rol fundamental que debe jugar el estado en la investigación y evaluación de los mismos.

Los efectos del modelo económico sobre el sistema académico fueron similares, todos los recursos humanos formados en el exterior bajo el apoyo de UNESCO emigraron por no tener posibilidades de inserción en el sistema y la Universidad operó en un esquema endogámico formando egresados en áreas vinculadas a la biología pesquera que no presentaban inserción en el sector productivo ni en la gestión del mismo por lo que solo podían trabajar como docentes universitarios o emigrar.

Durante los 90 se destaca el rol del PEDECIBA en la capacitación de recursos humanos posibilitando dotar al sistema con varios doctorados y magisters que realizaron sus tesis en áreas vinculadas a las ciencias del mar, constituyéndose una masa crítica que aunque diezmada ha incrementado el nivel docente y posibilitó a varios investigadores del INAPE mejorar su nivel de capacitación en el país. Además en este periodo el PEDECIBA utilizó recursos del préstamo CONICYT-BID para financiar becas de formación e investigación básica. Estos recursos de BID también se manejaron con la lógica del modelo lineal y permitieron la construcción de la Facultad de Ciencias (1987) y el fortalecimiento de las capacidades de investigación.

En las últimas dos décadas el modelo lineal ha entrado en crisis, tanto en cuanto descripción de la realidad, como en cuanto fuente de inspiración de las políticas científicas. Se evidenció que la relación entre inversión científica y desarrollo social mostraba una realidad más compleja no lineal donde la generación de conocimiento no es solo un asunto científico-académico, sino un fenómeno

En los países en desarrollo, los científicos se relacionan prioritariamente con sus pares de los países avanzados, que están en la frontera del conocimiento. Paralelamente, los empresarios, cuando tratan de promover innovaciones, buscan nuevas ideas, máquinas o instrumentos, también entre los proveedores de bienes de capital localizados mayoritariamente en países industrializados y no en las universidades o institutos de investigación nacionales.

Este comportamiento que es justificable en términos de la lógica de cada una de esas actividades, provoca un distanciamiento entre la comunidad científica y los problemas específicos que afectan el desarrollo del País, por un lado, y de las empresas en relación à las fuentes nacionales de nuevas ideas, por otro. Es por esto que el  Estado debiera actuar, creando incentivos, que incluye la construcción de una agenda de investigación comprometida con el desarrollo y la señalización clara, para los empresarios que actúan dentro de las fronteras del país, de la necesidad de crear vínculos sólidos con el sistema de investigación nacional.

Debemos poner  un énfasis particular en la necesidad de aprovechar el conocimiento científico de la Oceanología como base del asesoramiento en la gestión de los recursos marinos de todo tipo, protección del medio en las actividades económicas marinas y aplicación a los diferentes aspectos del mar.

Se ve claramente la tremenda ignorancia que todavía existe sobre los múltiples procesos y fenómenos que en las costas océanos ocurren, su tremendo potencial económico en recursos de cuya magnitud y hábitat muy poco se sabe todavía y su ubicuo e inevitable impacto sobre nuestra vida y bienestar. Por lo que se conoce hoy día, la biodiversidad marina es un grado de magnitud inferior a la terrestre en número de especies, aunque más rica en formas de vida. Sabemos tan poco sobre ella que la probabilidad de encontrar nuevas formas de vida en la mar es muchísimo mayor, con un creciente impacto sobre el sector farmacológico y de nuevos productos. Puede que muchas especies desaparezcan antes de ser descubiertas, ya sea por cambios a largo plazo debidos a cambios climáticos, en los que el océano desempeña un papel protagonista, o por la acción humana (emisiones de contaminantes, destrucciones de hábitat, etcétera.).

Por otro lado, el océano almacena una enorme cantidad de energía a la espera de que nuevas tecnologías de conversión más efectivas la extraigan de las mareas, las diferencias de temperatura, olas y corrientes. Se calcula que sólo de las olas y corrientes se podrían extraer 200 millones de megavatios por hora cada año.

Pero todavía la turbulencia, omnipresente en la dinámica de nuestro fluido geofísico, es casi un arcano, difícil de parametrizar y escollo clave en nuestros intentos de modelización de la circulación oceánica, incapaces, no ya de prever, sino de reproducir movimientos de diferentes escalas al unísono.

El estudio de los fondos marinos ha permitido descubrir, en los márgenes marinos, grandes inestabilidades (en las que tienen que ver los hidratos de gas, por otra parte fuentes de energía) que los convierten en regiones origen de riesgos de gran alcance: el 40 % de la población mundial vive en una franja costera de 120 kilómetros de ancho. El estudio geológico y geofísico de los fondos marinos es básico en la delimitación de las zona económica exclusiva: en estos momentos se reclaman 75 millones de kilómetros cuadrados, que equivalen a una significativa proporción de las áreas terrestres ocupadas; todavía no existe una información definitiva sobre la forma, y calidad del fondo marino que ayude a establecer claramente las líneas de demarcación.

Podríamos seguir desgranando nuevos conocimientos o perennes ignorancias sobre el océano, o hechos sociopolíticos que redundan en su importancia, muchos ya repetidos en miles de ocasiones, aunque no por eso trivial.

Lo realmente preocupante es que a pesar de lo dicho y mientras  varios países de nuestro entorno económico y político han establecido una política integral sobre el océano, uno de cuyos principales ingredientes es la investigación, en Uruguay- no existe, tal política, ni, en ausencia de ella, un programa específico de investigación en ciencias marinas, diluyéndose en los de medio ambiente, cambio global, recursos naturales, etcétera, haciendo más difícil su financiación, frenándose el proceso de cohesión de los oceanógrafos uruguayos

Seguimos teniendo dificultades para lograr que las ciencias marinas ocupen el lugar que la importancia de las costas y el océano les confiere. ¿No es nuestra comunidad científica capaz de transmitir tal importancia al ciudadano, y a nuestros políticos nacionales? ¿No les interesa a estos dos últimos ser convencidos? Las industrias y servicios—marinos, directos beneficiarios del conocimiento, ¿no tienen el suficiente peso para influir en los estamentos apropiados, o no lo desean? Las adecuadas respuestas a estas preguntas se han de traducir, necesariamente, en un impulso a la investigación marina, desatendida en el Uruguay en los últimos años.

La Asociación Oceanográfica, felicita al Prof. Dr. Gustavo Nagy (doctor en Oceanografía de la Facultad de Ciencias), científico que integra el organismo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas),  por haber obtenido con sus colegas el Premio Nobel de la Paz 2008,  por su impulso al conocimiento y las acciones para contener el calentamiento global.

Atentamente.

Dr. rer. nat. Marcos Sommer
Tel.: ++ 49 +431 5569053
c.electr.: asociacionoceanograficauruguaya()yahoo.es
http://www.asociacionoceanograficauruguaya.wordpress.com

Montevideo Uruguay

Fuente:
Amestoy, F., Montiel D. & Gilardoni D
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http://www.dinara.gub.uy/web_dinara/images/stories/file/Gestión%20DINARA%202005-2009.pdf

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http://www.ricyt.org/interior/normalizacion\percepcion_publica/8.pdf

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