Uruguay

Uruguay, país situado en el litoral Atlántico entre los paralelos 30 y 35 grados de latitud sur, abarca 176.215 km2 de superficie terrestre y 140.000 km2 de aguas jurisdiccionales del Río de la Plata, Océano Atlántico y Laguna Merín. Su población es mayoritariamente urbana y metropolitana. El 91,7% de sus 3.240.676 habitantes (48,3% hombres y 51.7% mujeres) vive en ciudades, concentrando Montevideo, la ciudad capital, el 40,9% de su población total del país.
Desde el punto de vista biogeográfico, se incluye en el Distrito Uruguayense de la provincia pampeana, que comprende al área fronteriza del sur de Brasil y parte de las provincias argentinas de Entre Ríos y Santa Fe.
Posee un clima mesotermal húmedo con variabilidad en los estados del tiempo y precipitación todo el año, sin distribución definida; cuenta con una gran diversidad de tipos de suelos y topografía ondulada suave, con una altitud máxima de 513 msnm. Presenta algunas emergencias ambientales de origen climático y atmosférico entre las que se destacan lluvias intensas localizadas (generalmente producidas en pequeña escala espacial y asociados a situaciones de gran inestabilidad atmosférica) capaces de provocar inundaciones y situaciones periódicas de sequía considerados los fenómenos de mayor escala espacial y mayor impacto. La sequía provoca impactos en lo social, ambiental y económico afectando tanto al sector agropecuario como al energético. Como fenómeno asociado, acontecen incendios forestales de importancia creciente debido al aumento de la superficie forestada principalmente con monocultivos de eucaliptos y pino. Se estima en más de U$S 200 millones los costos económicos derivados de las sequías (con una ocurrencia de al menos una cada 10 años); seguidos de las inundaciones, con costos estimados de al menos U$S 3 millones por año.

Biodiversidad y ecosistemas

Por encontrarse ubicado en una zona de transición (ecotono) de los geosistemas del Sur Subtropical de Brasil y las llanuras pampeanas y mesopotámicas argentinas presenta una gran diversidad de ecosistemas y paisajes. También a nivel marino las aguas uruguayas ocupan un vasto ecotono de alta diversidad biológica. Según el mapa de vegetación mundial realizado por la NASA, la productividad (producción de biomasa por unidad de superficie) de los ecosistemas terrestres del Uruguay es alta, mientras que en las zonas marinas, costeras y estuarinas alcanza los niveles más elevados posibles a escala global.

Los ecosistemas de humedales presentan numerosos valores ambientales entre los que se destacan su capacidad de regular los sistemas hidrológicos contribuyendo a su purificación y por ser el hábitat de numerosas especies de flora y fauna. Los Bañados del Este se ubican en la cuenca de la Laguna Merín y costa de Rocha; los de Farrapos en el litoral del Río Uruguay; los del Río Santa Lucia en el sur, y los de las costas bajas del Río de la Plata en Colonia. Los bañados del Este y de Farrapos han sido incluidos en el Convenio Internacional de Zonas Húmedas de Importancia Internacional, especialmente como hábitat de Fauna Ornitológica, Ramsar. Las principales presiones resultan del uso pastoril y, especialmente en algunas áreas, del drenaje artificial y del uso arrocero.

Los ecosistemas costeros se caracterizan por la presencia de suelos arenosos, de turba o afloramientos rocosos y se distribuyen a lo largo de los litorales del Río de la Plata y el Océano Atlántico. Se encuentran sometidos a numerosas presiones debido a la urbanización desordenada, la construcción de puertos y el uso turístico balneario.

Los ecosistemas estuariales y marinos están incluidos en el Gran Ecosistema Marino del Mundo (LME, por su sigla en inglés), Plataforma Patagónica, considerado como muy productivo. También integra el Ecosistema de Convergencia Subtropical, donde las aguas oceánicas son influidas por aportes de aguas de origen subtropical (Corriente de Brasil) y de origen subantártico (Corriente de las Malvinas). Este encuentro de corrientes favorece una alta diversidad biológica.

A la diversidad de ecosistemas descripta se suma una interesante diversidad a nivel de especies. El país posee una flora con unas 2.750 especies de angiospermas registradas, agrupadas en 140 familias (89 exclusivamente herbáceas y 27 exclusivamente leñosas) y más de 800 géneros. En la fauna se han identificado unas 1.300 especies de vertebrados, de las cuales 668 son peces, 43 anfibios, 67 reptiles, 431 aves y 113 mamíferos. Las principales presiones sobre la fauna derivan de la caza furtiva y de modificaciones de los ecosistemas naturales -en especial, bosques y pastizales- por el pastoreo y/o la agricultura.

El territorio uruguayo ha sido catalogado como “Vulnerable” a partir de un estudio de conservación de las ecorregiones de América Latina y el Caribe y el estatus de la biodiversidad de agua dulce ha sido catalogado como “en peligro”.

Cuencas hidrográficas

Cabe señalar que Uruguay ocupa una posición de privilegio en la región neotropical en lo relativo a la disponibilidad de cuerpos de agua dulce tanto superficiales como subterráneos. El país se puede dividir en seis macro cuencas: Río Uruguay, Río de la Plata, Laguna Merín, Río Santa Lucía, Río Negro y Vertiente Atlántica. Se destacan las tres primeras cuencas por ser compartidas con los países limítrofes, Argentina (Ríos Uruguay y de la Plata) y Brasil (L. Merín) y la cuarta por ser la que abastece de agua potable a la capital del país donde reside más de la mitad de la población. Dentro de los cuerpos de aguas superficiales también cabe resaltar dos importantes áreas de humedales: Bañados del Este ubicada en las cuentas de L. Merín y Atlántica y de Farrapos, ubicada en la cuenca del R. Uruguay. En lo que respecta a las aguas subterráneas se destacan los acuíferos Guaraní (uno de los mayores del mundo compartido con los otros tres estados Parte del MERCOSUR); el acuífero Mercedes, ubicado en el litoral oeste; y el acuífero Raigón en el sur del país (compartido con Brasil).
Si bien la calidad del agua (superficial y subterránea) en términos generales puede considerarse como buena, algunos cursos de agua presentan impactos a nivel costero asociados a las ciudades que se encuentran en sus márgenes, debidos a fuentes difusas de contaminación; en otros casos se ha detectado la presencia de metales a lo largo del curso, que alertan sobre la necesidad de mejorar los controles y el monitoreo permanente. Por su parte, cuerpos de agua interiores que atraviesan zonas urbanas presentan altos índices de contaminación orgánica y de origen industrial derivadas principalmente del vertido de líquidos cloacales, efluentes industriales sin el tratamiento adecuado y residuos sólidos. Si bien se han efectuado avances significativos en la disminución de las cargas vertidas, aún es necesario profundizar las medidas tendientes a minimizar tanto las cargas puntuales de efluentes sanitarios como de los industriales.
Los suelos presentan gran diversidad, teniendo la mayor parte de ellos aptitud ganadera y un importante porcentaje aptitud agrícola, con fertilidad de media a alta. Un 30% de la superficie del país se encuentra afectada con niveles de erosión que van de leve (9,9%) a moderada (18,3%). Junto a los efectos derivados de las sequías, la erosión y degradación de los suelos agrícolas constituye uno de los principales problemas ambientales en el ámbito rural, aún cuando no hayan alcanzado un nivel alarmante.
A su vez, la erosión de los suelos (además del mal uso de los agroquímicos particularmente los fertilizantes), incide negativamente en la calidad del agua de los ríos y arroyos por sedimentos y exceso de materia orgánica, respectivamente. Esto último ocurre fundamentalmente en los sistemas lacunares, los que luego presentan eutrofización.

Cambio climático

Uruguay no se encuentra dentro del grupo de los principales países responsables del cambio climático. Las emisiones netas nacionales de los gases de efecto invernadero han decrecido en los últimos años, debido a la absorción de CO2 como resultado, entre otros, del incremento de las áreas forestadas. En 1990 se emitieron 5.810 kilotoneladas netas de CO2, mientras que en el año 2000 se registró una absorción neta de 3.708 kilotoneladas de CO2.
Debido a la alta vulnerabilidad costera, productiva y energética del país se han identificado un conjunto de medidas de adaptación y mitigación a los efectos derivados del cambio climático dirigidas el sector agropecuario (para suelos, cultivos, ganadería, pasturas, etc.), las zonas costeras, la biodiversidad; el sector energético; los recursos costeros y pesqueros; los recursos hídricos y la salud humana.
Por otra parte, tal como lo señalan los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, diversos fenómenos atmosféricos severos (tornados, líneas de turbonada, precipitaciones intensas, inundaciones, sequías, etc.) que se integran en las características generales del clima regional, podrían verse agudizados en intensidad y frecuencia debido al calentamiento atmosférico global.

Energía

El consumo de energía ha mostrado un crecimiento sostenido, siendo un importante desafío continuar disminuyendo las emisiones de CO2, sobre todo aquellas originadas por el sector transporte. En Uruguay, en años con precipitaciones normales, el 90% de la electricidad es generada en represas hidroeléctricas. Por su parte el consumo final energético de leña, carbón vegetal y residuos de biomasa (todos ellos combustibles renovables) aporta cerca del 20% del total de la matriz energética nacional.
El país se encuentra desarrollando estudios tendientes a promover el uso de energías renovables a partir de la implementación de parques eólicos, paneles solares, utilización de biomasa (entre la que se destacan los restos de cáscara de arroz y los residuos de la forestación) y el biodiesel. Si bien su contribución estimada a la matriz energética es pequeña presentan beneficios ambientales relativos a la prevención de la contaminación local del agua, el aire y el suelo; favorecen el desarrollo tecnológico y productivo del país; y reducen tanto la vulnerabilidad derivada de la dependencia de la compra de combustibles fósiles o energía eléctrica desde el extranjero, como la vulnerabilidad frente a condiciones climáticas adversas (como las sequías). Con recursos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el país ejecutó el primer proyecto de inversión para la mitigación de emisiones de efecto invernadero a través del aprovechamiento del biogás de un relleno sanitario para la generación de energía eléctrica.

Actividades productivas

Uruguay es un país esencialmente agropecuario constituyendo la ganadería, la agricultura y la forestación la fuente corriente de más de 65% de las exportaciones. El área cultivada representa algo más del 3% del área total del territorio nacional, siendo los principales cultivos arroz, trigo, cebada, girasol y soja. La producción de carne y lana sobre pasturas naturales es uno de los pilares tradicionales de la economía uruguaya, teniendo además la producción lechera un peso importante en las exportaciones del país.
La expansión de ciertos monocultivos (en especial la forestación con eucaliptos y pinos) y los criterios de manejo, como el uso inadecuado de agrotóxicos, o el de transgénicos (soja y maíz), por ejemplo, parecerían ser los factores más relevantes vinculados a los impactos ambientales derivados de la actividad agropecuaria, y los que han originado mayores tensiones con sectores de la sociedad civil. Otro impacto de importancia es la erosión de los suelos de uso agropecuario, con su consecuente aporte de sedimentos que, en parte, terminan contaminando las aguas superficiales.
En cuanto al sector pesquero, éste está orientado predominantemente hacia los mercados externos y tiene un importante peso relativo en el total de ventas externas (aproximadamente un 5%). La mayor parte de la captura pesquera del país proviene del Río de la Plata y del Océano Atlántico. La política sectorial es la de conservar los recursos pesqueros -manteniendo un nivel de abundancia poblacional-, de forma tal que se satisfagan objetivos biológicos, económicos y sociales. En este sentido, ha venido teniendo un relativo crecimiento la acuicultura (considerada en nuestro país dentro de las actividades agropecuarias). Los objetivos de su promoción han sido, entre otros: el mejoramiento de la calidad de la alimentación, la integración y aumento de la productividad agropecuaria, generación de oportunidades de empleo y desarrollo de las comunidades.
Por otra parte, la industria manufacturera tiene un peso importante en la estructura del PBI, representando para el año 2004 el 21%, siendo los sectores destinados al procesamiento de productos agropecuarios los de mayor relevancia. Los principales impactos ambientales asociados a esta actividad están centrados en problemas de localización, gestión de emisiones y residuos sólidos.

Gestión de sustancias

El abordaje de la gestión de sustancias químicas en el país se ha caracterizado por ser parcializada y sectorial, sin un enfoque integral que contemple el ciclo de vida de las sustancias y productos químicos como forma de integrar de manera efectiva y en todas las etapas de manejo, los principios de prevención de los impactos ambientales incluida la salud. La normativa nacional es incipiente y heterogénea, cubriendo solamente algunos grupos de sustancias o productos como ser el caso de fitosanitarios y medicamentos. La información de la gestión de sustancias está dispersa, no contribuyendo a mejorar la toma de decisiones por parte de los organismos competentes.
En esta área los convenios internacionales han permitido iniciar un proceso de avance hacia una gestión ambientalmente adecuada de sustancias y productos químicos; en particular, la ratificación del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP´s) y la elaboración del Plan Nacional para su implementación. En dicho marco, el país se encuentra desarrollando un diagnóstico nacional de sitios potencialmente contaminados con contaminantes orgánicos persistentes (COPs) y metales derivados de actividades de riesgo, e identificando medidas que contribuyan a prevenir la generación de nuevos sitios contaminados y a disminuir el riesgo para la salud y el ambiente.

Residuos sólidos

La problemática de la falta de gestión adecuada de los residuos sólidos es percibida como uno de los mayores problemas ambientales a nivel urbano.
La gestión de residuos sólidos urbanos -de competencia municipal- considera diferentes estándares de calidad dependiendo del tamaño del núcleo poblado así como del desarrollo y la capacidad económico-financiera de cada municipio, siendo las principales restricciones de carácter presupuestal.
En cuanto a los residuos sólidos industriales las principales carencias en la gestión están pautadas por la falta de infraestructura adecuada para su tratamiento y disposición final, siendo incipientes las prácticas de minimización y valorización. Estas carencias repercuten en la calidad de los ecosistemas a la vez que se tornan en una barrera para el desarrollo productivo.
Cabe señalar que tanto en la gestión de residuos industriales como urbanos, el sector informal presenta una importante participación, por lo que es necesario considerar la inclusión social que contribuya a mejorar las condiciones sanitarias y ambientales en las que este sector desarrolla la actividad. Algunos resultados exitosos derivados de la participación de actores sociales y ONGs en la gestión de residuos urbanos (ej. DEMAVAL en Colonia y algunas cooperativas de clasificadores en Montevideo), marcan un cambio significativo en los modelos de gestión a nivel nacional.


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