Multimedia Web 3.0

Web 3.0 – la participación de la Ciencia Marina Sostenible.

La web social o la web 3.0 es un fenómeno que está afectando por igual a los diferentes ámbitos de la actividad humana y la ciencia marina. La nueva web está presente en las relaciones sociales, en la economía, en la comunicación, en la administración, en la ciencia, en la educación, en la cultura. Ningún área se escapa a las posibilidades de esta Internet de nueva generación y mucho menos aquéllas en las que la gestión de información es la base de su ejercicio profesional.

Durante 2007 han sido varias las publicaciones de interés que analizan la web social y su repercusión en centros de información. Por orden de aparición, las obras de Farkas (1), Casey y Savastinuk (2), Bradley (3), Courtney (4) y Stephens (5) fueron publicadas en este año y en todas se estudian las aplicaciones 2.0 en bibliotecas y unidades de información. En España, las únicas publicaciones profesionales que han dedicado atención especial al tema han sido los volúmenes monográficos de El profesional de la información (6) y Educación y biblioteca (7),  en este documento se 1_boyas.jpgsistematiza en diez categorías las tecnologías de la web social, además de agrupar en otras diez clases las aplicaciones de estas herramientas en los centros de información.

En este artículo se ofrecen las características que explican el éxito de la web social. Se trata de un procedimiento didáctico sin más pretensiones que las que obedecen al interés divulgativo.
Hay diez principios que definen a la web social:

1. El navegador como herramienta. La web social es ante todo web, por lo que sus sistemas y aplicaciones están asentados en lenguajes de marca. CCS, XHTML o XML son las bases de esta tecnología, por lo que desde cualquier navegador se puede tener acceso a los servicios de la web 3.0. La nueva Internet no anula a la anterior, sino que la complementa mejorándola, la toma como base y a ella debe lo que es. La etiqueta 3.0 implica una evolución, pero se puede seguir hablando de la web, sin calificativos, de un desarrollo de Internet, donde las posibilidades para la participación son la principal novedad.

2. La cooperación como método. El colectivo es importante y la web social parte de su reconocimiento. Las tecnologías sociales están diseñadas con arquitecturas de la información abiertas, que permiten que las opiniones se sumen y los comportamientos de todos sean tenidos en cuenta. En la nueva Internet se trabaja de forma distribuida, pero a través de relaciones directas, que se reflejan en acciones como la construcción conjunta de contenidos en línea o en la posibilidad de publicar comentarios en páginas ajenas. Es la consideración de la inteligencia colectiva.

3. La interoperabilidad como fundamento. Las tecnologías de la participación empleadas por la web social permiten la integración de herramientas. Sistemas de programación como AJAX o los lenguajes de etiquetas ofrecen la posibilidad de compartir códigos, reproducir en webs particulares contenidos externos o establecer interfaces con aplicaciones que se ejecutan en servidores remotos. Las APIs, los ‘mashups’, los ‘widgets’ o la sindicación son ejemplos de este principio. El uso de protocolos comunes, metadatos normalizados y arquitecturas abiertas explican el éxito incontestable de la web social.

4. La sencillez como pauta. La web social ha simplificado al máximo la publicación de contenidos. La facilidad para crear y mantener blogs o wikis, el desarrollo de favoritos vía web, la difusión de perfiles personales en redes sociales, por mencionar algunos ejemplos, son acciones que requieren escasos conocimientos técnicos. Para compartir archivos, redifundir recursos, filtrar noticias o integrar servicios ajenos en webs propias no es necesario ser un experto. La popularidad de los de los servicios de la web social se debe en gran medida a la parquedad de los conocimientos requeridos.

5. El etiquetado como sistema. La información digital presenta la característica de poder incluir datos sobre sí misma. Las herramientas de la web social emplean las descripciones realizadas por los usuarios, que se intercambian de forma automática, estableciendo redes de términos que llevarán a informaciones similares, con el valor añadido de que el uso generalizado de un término implicará un volumen importante de recursos digitales en cuya descripción se ha empleado. Los esquemas de metadatos y microformatos o la inclusión de etiquetas en las aplicaciones sociales son determinantes para compartir información semántica, lo que equivale a compartir recursos digitales.

6. La participación como principio. En la web social la información se comparte. Los datos personales son difundidos en redes sociales. El software social posibilita que se valoren recursos y sean etiquetados en función de la opinión de quienes los emplean. Los sistemas de filtrado permiten que los contenidos considerados interesantes destaquen entre los generados en un periodo de tiempo, en un medio o sobre un tema. Los favoritos compartidos, las compras sociales y los sistemas de valoración ofrecen como resultado que sean los usuarios quienes establezcan la calidad o utilidad de los recursos. Las tecnologías permiten una cooperación que se traduce en la colaboración de los usuarios a través de sus aportaciones, sus conductas y sus opiniones.

7. La variedad como realización. La web social no admite límites, ya que existe una gran diversidad de manifestaciones. Servicios de información y aplicaciones informáticas muy diversos pueden ser catalogados como Internet 2.0. Desde la compra de productos en proveedores que tienen en cuenta los gustos, acciones y hábitos de los usuarios, hasta los servicios en los que se puede etiquetar la información, pasando por los servidores de almacenamiento de archivos, en los que los documentos se relacionan independientemente de su origen, todo puede ser clasificado como 2.0. Un servicio de referencia basado en las respuestas de los usuarios es web social. Una aplicación que permite integrar en una página las noticias de diarios digitales, consultar en la misma el correo electrónico o emplear herramientas ofimáticas, también es web 3.0.

8. La personalización como posibilidad. El usuario decide cómo emplear las tecnologías de la participación, qué servicios le son útiles y bajo qué forma y condiciones los va a utilizar. La adaptación de las aplicaciones, el desarrollo de interfaces particulares de herramientas, la utilización de contenidos externos mediante sindicación o a través de la inserción de códigos, el uso de ‘widgets’ para la integración de recursos informativos externos (mapas, temperatura, diccionarios, noticias, etc.), son distintas piezas que el usuario empleará a partir de su creatividad y sus necesidades. Las tecnologías son las mismas; los servicios, también; los recursos, idénticos, pero el usuario los puede individualizar según su criterio y conveniencia.

9. La experimentación como norma. Nada es eterno en la web social. La renovación de los resultados es constante; las actualizaciones, permanentes; las novedades, cotidianas. Se trata de la beta continua, como se suele denominar a esta característica de la Internet 3.0. Las tecnologías avanzan y ofrecen nuevas posibilidades. Los servicios adoptan las novedades tecnológicas y las adaptan a sus objetivos. Los usuarios que emplean la web social son conscientes de la constante renovación de los recursos y las consiguientes posibilidades de mejora que suponen, así que esperan y asumen los permanentes cambios.

10. El desinterés como base. El carácter social de la nueva web también incluye como elemento definitorio la búsqueda del bien común. Las tecnologías son abiertas, al igual que lo son los recursos. Se parte de la ausencia de intención mercantil, de la generosidad o el altruismo en el uso de las aplicaciones, los servicios y las informaciones. Las comunidades de software libre y las iniciativas de acceso abierto a la información científica están en sintonía con el uso compartido de los recursos que posibilitan las tecnologías de la web social. La Internet 3.0 también tiene una faceta comercial, aunque no suele afectar al usuario general, sino a las empresas que quieren dirigirse a sectores específicos, conocerlos y comunicarse con ellos de forma directa y pertinente.

Referencias:
José Antonio Merlo Vega. Profesor de la Universidad de Salamanca: http://exlibris.usal.es/merlo
(1) Farkas, Meredith. Social Software in Libraries: Building Collaboration, Communication, and Community Online. Medford: Information Today, 2007.
(2) Casey, Michael E.; Savastinuk, Laura C. Library 2.0: A Guide to Participatory Libray Services. Medford: Information Today, 2007.
(3) Bradley, Phil. How to Use Web 2.0. in Your Library. London: Facet Publishing, 2007.
(4) Courtney, Nancy (ed.). Library 2. 0 and Beyond: Innovative Technologies and Tomorrow’s User. Westport: Libraries Unlimited, 2007.
(5) Stephens, Michael. Web 2.0 & Libraries, part 2: trends and technologies. Chicago: ALA Techsource, 2007.
(6) El profesional de la información. Marzo/Abril 2007, vol. 16, n. 2. Web 2.0: blogs, participación y Lib 2.0. Sumario disponible en: http://www.elprofesionaldelainformacion.com/sumarios/sum162.html.
(7) Educación y biblioteca. Septiembre/Octubre 2007, n. 161. Bibliotecas y web social. Sumario disponible en: http://exlibris.usal.es/merlo/escritos/pdf/eybwebsocial.pdf.

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Plastico Muerte de los Mares y Oceanos.

Por el Dr. Marcos Sommer

Denominada basura marina, constituye uno de los más graves problemas de contaminación de nuestros océanos y lo peor de todo es que es imparable. Más del 60% de la basura que llega son plásticos. Ya en el año 2005 el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), puntualizaba que por kilómetro cuadrado se encontraban unas 13.000 partículas plásticas, bien flotando, bien en el fondo del mar.

La primera víctima de los depósitos plásticos en el mar es la vida animal. Se calcula que 267 especies, principalmente pájaros y mamíferos marinos se comen los residuos plásticos o llevan el alimento a sus crías. Hace seis años, una ballena blanca fue hallada muerta en las costas de Normandía, Francia, con 800 kilos de desechos plásticos en el estómago. En regiones como California es muy común encontrar tortugas, leones marinos y focas muertos por la ingesta de plásticos. El atolón de Midway, cercano a Hawai, es el símbolo máximo de la tragedia que causa el plástico en los mares.

Por capricho de las corrientes marinas, el atolón recibe diariamente todo el plástico proveniente del Japón y de la costa oeste de Estados Unidos. La basura de Midway provoca la muerte de la mitad de los 500 mil albatros que nacen en el atolón y que confunden el plástico con comida.

El plástico del tipo de PVC, empleado en botellas, juguetes y una infinidad de artefactos domésticos puede contener compuestos de estaño, que resulta altamente tóxico para moluscos y peces. Esas sustancias, que llegan al mar por las lluvias que se han originado en rellenos sanitarios, causan alteraciones hormonales que modifican el sistema reproductivo y disminuyen la tasa de fertilidad de los animales.

El plástico hallado en los océanos no es solo aquel que va quedando en las playas, como vasos y recipientes de bebidas. Una de las principales amenazas proviene de piezas casi invisibles, los llamados “pellets”, bolitas con medio centímetro de diámetro utilizados como materia prima en las industrias. El mundo produce actualmente 230 millones de toneladas de productos plásticos por año, contra cinco millones en la década de los 50.

Los “pellets” llegan a los océanos por medio de los barcos que los utilizan para limpiar sus tanques. Esas bolitas tienen una gran capacidad de absorción de contaminantes. Sólo una de ellas puede concentrar un millón de veces más contaminantes que el agua donde se depositan, envenenando la vida marina.

Recientemente investigadores de Estados Unidos, Inglaterra y Canadá realizaron un mapa del impacto de la acción humana sobre los mares. De acuerdo al estudio, apenas cuatro por ciento de las regiones oceánicas en el mundo –localizado en los polos– ha sido inmune al destrozo de los hombres. Y nada menos que 40 por ciento de las regiones registran interferencia humana de alta o mediana intensidad.

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