Café Sociedad-Ciencia

Innovación Sociedad-Científico-Político

Cafe_cientifico.jpgEn otros tiempos existían salones privados, aristócratas o burgueses, en los que se expresaban las ideas. Existen hoy en día cafés en los que se debaten las ideas públicamente. Los primeros son filosóficos. Servirán de ejemplo a investigadores que deseen que las discusiones sobre la ciencia no se limiten a los recintos académicos. Estos debates, que conjugan rigor y espontaneidad, se encuentran hoy en día en toda Europa.
Los primeros en emprender esta aventura fueron los físicos. En 1997, en Lyon, todo empezó durante la Semana de la Ciencia. La ocasión era propicia, el público estaba allí e iba a volver. Numerosos cafés nacieron al asociarse dos o tres amigos. Pero después hicieron falta algunos medios para garantizar su perennidad y su independencia, al menos si no se quería estar obligatoriamente asociado a una institución, estima Pablo Jensen, uno de los fundadores del primer café de Lyon. Gracias a una beca del Rotary Club, que coronó este proyecto, pudimos lanzar la asociación Mille et une science (Mil y una ciencias), creando así un empleo. La asociación realiza todo el trabajo de gestión, mientras que un pequeño comité científico reúne a investigadores y a no investigadores. Esta mezcla es importante: nos ha abierto las puertas especialmente de las escuelas, ya que algunos profesores forman parte del comité.

Desde entonces, los cafés se han multiplicado de manera rápida en Francia, optando generalmente por una misma fórmula. Varios expertos son invitados para aportar diferentes puntos de vista. Las presentaciones, bastante breves, pretenden informar y lanzar el debate. Nuestro principio es intentar tener un abanico de ponentes que reflejen la complejidad de la cuestión. Por ejemplo, en lo que respecta a los medicamentos, estaban presentes un representante de la industria farmacéutica, al que se hicieron preguntas sobre las presiones que se ejercían y sobre la mercadotecnia, un profesor de medicina, un médico de cabecera y miembros de asociaciones de enfermos. No existe una sola verdad. De hecho, nos reprochan a veces el hecho de que el público, cuando se va, tenga más preguntas que cuando entró.

Se pasa el micrófono, el ambiente es cordial y algunos animadores velan que no haya desorden. Los asistentes varían según los temas. La salud y el medio ambiente conciernen a un público diversificado; las matemáticas y las nanotecnologías interesan más bien a los investigadores, a los periodistas o a las personas concernidas por la ciencia. Muy a menudo, los cafés organizan Cafés de jóvenes que se celebran en las cafeterías de las escuelas. La fórmula tiene muchísimo éxito, cuenta Pablo Jensen. Los alumnos eligen el tema y en general ellos mismos animan la sesión. Participan jóvenes investigadores. Es una manera de presentar la ciencia de otra forma, de demostrar que la investigación no corresponde a lo que saben de la ciencia a través de la escuela. Los temas jóvenes pueden ser clásicos (organismos genéticamente modificados, contaminación, etc.) o responder más a las preocupaciones de los adolescentes, las drogas principalmente.

Los Cafés científicos y los cafés de jóvenes atravesaron muy rápidamente el canal de la Mancha. En 1998, Duncan Dallas, químico y productor independiente de programas científicos, lanzó el concepto en Leeds. Usa un eslogan que se ha hecho famoso: Aquí, por el precio de una taza de café o de una copa de vino, todos pueden venir a discutir ideas científicas y avances que cambian nuestras vidas.

El personaje está muy presente en los medios de comunicación. Su éxito hizo que, en 2001, Duncan Dallas se encargara de divulgar la idea a través del Reino Unido. Todos los cafés funcionan de una misma forma: un solo orador habla durante unos veinte minutos; su ponencia a menudo va seguida de una pausa-bebida antes de que se lancen las preguntas y las discusiones. En Leeds, por ejemplo, se suceden temas muy diferentes cada quince días, y grandes científicos como Vlatko Vedral (teoría cuántica y teleportación) o Roger Penrose, quien presentó su último libro Complete Laws of the Universe, no dudan en participar… y e buen público
Para Duncan Dallas, se trata primero de encontrar al buen orador. Su papel es proporcionar a los asistentes la suficiente información para que se puedan formular preguntas interesantes y se pueda empezar el debate. Pero es importante también encontrar un tema que estimule al público, por ejemplo, un tema controvertido, nuevo, o en relación con la vida cotidiana, o incluso de investigación punta. El orador es el catalizador, pero no el ingrediente principal. Es el público quien garantiza el éxito de la velada. La fórmula ha cristalizado una forma de divulgar la ciencia en un contexto no académico.

conferencia.jpgDesde hace poco tiempo, la fórmula ha sido exportada a todo el mundo, gracias a la red del British Council. En un gran país tan extenso como Rusia, por ejemplo, ciertas veladas han sido retransmitidas por videoconferencias. El público está generalmente compuesto por estudiantes, no científicos, jóvenes profesionales, personas interesadas por el tema y por la práctica de la lengua inglesa. La cultura del debate es aún bastante nueva en Rusia, explica Lylia Sultanova, del British Council de Moscú. A la gente le gusta hablar y exponer sus ideas sobre la ciencia, especialmente cuando las cuestiones les afectan directamente en su vida. Les gusta aprender, se interesan por teorías y por descubrimientos. El concepto de Café científico es adoptado por personas entusiastas que quieren reunirse para discutir sobre los puntos calientes de la ciencia y de la tecnología. A menudo un intérprete está presente para que todos puedan intervenir.

En cuanto a los daneses, desarrollaron un enfoque un poco diferente creando el Videnskabscafeen de Copenhague en 2001. Aunque el objetivo era parecido (promover la información y el debate, el acercamiento entre especialistas y el público), el enfoque interdisciplinario es privilegiado al reunir, para tratar los mismos temas, a expertos de las ciencias humanas y de las ciencias denominadas exactas. Estos cruces de ideas pueden a veces provocar sorpresas. Así, en una velada de debates sobre la clonación, en la que participaron un filósofo y un biólogo, quien emitía más reservas sobre las consecuencias de los avances en este campo era, contra toda expectativa, el segundo.

Más información: El programa Rise, lanzado por el British Council, pretende reunir a los científicos y al público a través de jóvenes investigadores. Estos son invitados a dar conferencias en las escuelas, a explicar su vocación y su trabajo a un público de estudiantes y de alumnos, a participar en Cafés científicos. Este proyecto, de un año de duración, está apoyado por la Unión dentro del marco de la iniciativa Investigadores en Europa. Las antenas del British Council, presentes en todo el mundo, permiten organizar estos eventos en multitud de lugares. Así, se ha organizado una docena de estos encuentros de tipo Cafés científicos, en una docena de países europeos, y en Israel, en el transcurso de este año. Más allá de Rise, el British Council continúa sus actividades cafés en todos los continentes. http://www.britishcouncil.org/science-society-cafesci.htm


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